Hayao Miyasaki

¿Por qué se retira un maestro?

El renombrado director de cine de animación, Hayao Miyazaki, en una multitudinaria rueda de prensa en Tokio explicó que abandona la realización para poder "ser libre y hacer algo diferente a la animación".

2013/09/06

Por Andrés Sánchez Braun




"Siempre he dicho que quería retirarme, pero esta vez es verdad", bromeó en el arranque del evento Miyazaki, que desde los noventa había reiterado con frecuencia su deseo de dejar la profesión.

En una sala abarrotada por más de 600 periodistas de 14 países, el realizador, de 72 años, explicó que tomó una decisión definitiva tras concluir su último largometraje, Kaze tachinu (The Wind Rises).

"Me he dedicado a fondo al filme y en ese momento no pensaba en retirarme; solo sentía presión por si podía o no podía acabarlo", aseguró.

Lejos quedan los tiempos en los que Miyazaki y su equipo hacían películas "en cuatro o cinco meses", como en el caso de Rupan sansei: Kariosutoro no shiro (Lupin the III: The Castle of Cagliostro, 1979), su debut en la dirección seis años antes de fundar su productora Studio Ghibli junto al también realizador Isao Takahata y al productor Toshio Suzuki.

"Mi equipo y yo éramos jóvenes y solíamos pensar que producir estas películas era algo que se hacía una vez en la vida. Yo no tenía problema en perder horas de sueño. Pero no puedes pedir trabajar a ese ritmo siempre, porque la gente se hace mayor y tiene que elegir entre el trabajo o su familia".

Miyazaki subrayó que los periodos de producción entre película y película se han ido alargando mucho con respecto a la era más fértil de Ghibli, entre mediados de los ochenta y los noventa, cuando el estudio produjo prácticamente un largometraje al año como fruto de "todas las ideas acumuladas" que tenían sus fundadores.

"Han pasado cinco años entre mis dos últimas películas. La siguiente no la podría estrenar hasta dentro de seis o siete años, yo ya tendría prácticamente 80 y estaría agotado", explicó el director de "Mononoke-hime" (Princess Mononoke), al asegurar que le ha ido costando cada vez más encontrar materiales para inspirar sus obras.

El oscarizado cineasta tokiota se definió a sí mismo como el "artesano de una pequeña fábrica" más que como director, profesión que acabó adoptando "por petición de otros" y que, aseguró, nunca supo muy bien cómo ejercer.

Explicó que el productor Toshio Suzuki y su equipo son los que "hacen todo" y que él, un hombre de costumbres, ni siquiera ve la televisión ni películas nuevas.

"Ante todo soy animador y para expresarme tengo que dibujar y eso significa que tengo que estar horas en la mesa de dibujo. Por mucho que me haya cuidado, con el tiempo se ha reducido el tiempo en que puedo estar ahí concentrado", afirmó.

Como prueba de ello explicó que comparado con su anterior película, Gake no ue no Ponyo (Ponyo, 2008), ha tenido que dejar de dibujar "media hora antes cada día" al trabajar en Kaze tachinu (The Wind Rises).

Miyazaki no quiso afirmar si seguirá produciendo al menos cortometrajes, aunque aseguró que seguirá yendo a su famoso "atelier", construido cerca de los dos pequeños edificios que Ghibli tiene desde los noventa en el apacible barrio tokiota de Koganei.

También confesó que quiere dedicar tiempo "como voluntario" a renovar el Museo Ghibli de Tokio y a preparar nuevas exposiciones para él mismo, y que tiene otras muchas cosas que le gustaría "hacer, o al menos intentar".

Toshio Suzuki, que estuvo también presente, explicó que Miyazaki le comunicó el pasado 19 de junio su intención de retirarse, pero que el estudio prefirió retrasar el anuncio para no interferir con el lanzamiento y promoción de Kaze tachinu (The Wind Rises).

Miyazaki consideró que serán ahora "las voces" de los jóvenes artistas que quedan en Ghibli las que deberán llegar "a oídos de Suzuki" para que el estudio siga produciendo buenas películas en el futuro.

Sin embargo, con un Takahata que ha estado desde 1999 sin estrenar y que a sus 77 años parece también al borde del retiro, la sensación que queda hoy tras el adiós de Miyazaki es que tanto Ghibli como la animación nipona, que pierde a uno de los pocos artistas osados que le restaban, han quedado medio huérfanas

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