Juan Diego Mejía

"No todos los autores tienen que escribir sobre violencia"

Juan Diego Mejía, el director de la Fiesta del Libro de Medellín, habló con la escritora María Isabel Abad a propósito de la inauguración del festival que dirige por segundo año consecutivo.

2014/09/11

Por María Isabel Abad*Medellín

 La Fiesta del libro de Medellín es un evento público. Público y masivo. Eso presume esta ciudad que se ha vuelto tan presumida. Este año Tijuana es la ciudad invitada de acuerdo con el tema rector de la Fiesta: las fronteras. Hay también un pabellón de literatura infantil y juvenil con una programación alterna y un espacio destinado al libro digital. En lugar de mostrar a los e-books como parte de un tema menor o desdeñable, como amezana o panacea, esta Fiesta los pone en el centro del debate para abordarlos como un asunto que está abriendo posibilidades y preguntas en el mundo editorial.

De esto está convencido Juan Diego Mejía, actual director de este evento que responde, reacciona y controvierte algunas sentencias sobre la literatura y la promoción de la lectura. La promoción, sostiene, tiene sus bemoles. Es un tema de cantidad pero no se agota en ella. Es un tema de calidad pero no hace per se mejores a las personas, como aseguraría el discurso más oficial. Es un tema, sin embargo, central dentro de esta Fiesta que por principio busca ir más allá de los intereses comerciales.

Aunque aquí hay que seguir matizando, porque el hecho de que sea pública no la libra de las rencillas privadas entre las editoriales que se empujan mutuamente como niños en una fila para ocupar el mejor puesto.Tal vez fue esta competencia privada más que la liberalidad pública, la que forzó a abrir nuevos espacios para que todos cupieran más allá del Jardín Botánico. Pero esto no lo dice Mejía, que como escritor prefiere hablar de ficción, de autores y de libros, y como director, de una ciudad que durante diez días se llena de libros, de autores y de lecturas.

 ¿Es posible hacer lectores mediante políticas públicas?

Si es posible. Se necesita digamos políticas públicas que apunten a temas macro como poner libros masivamente a disposición de la gente, crear espacios que favorezcan el acercamiento de las personas al libro. Sin embargo, para asegurar que las personas den el salto de tomar el libro y leerlo, falta la microcirugía, el cuerpo a cuerpo. Ahí juega un papel muy importante el profesor. Se equivoca el que crea que basta con que haya libros en la biblioteca. Debe haber alguien que lea con entusiamo, que ame la lectura y seduzca a los otros para que gocen como él goza. No es un tema de cantidad. Si fuera así, los que mas leerían serían los tipógrafos.

 Quien no creció entre libros no se hará lector…

Es más difícil, pero hay muchas formas de hacerse lector. Quien quiere contar historias y empieza a escribir, se encuentra con la necesidad de leer. Es verdad que esto genera un poco de angustia.

 ¿La ficción no sirve para nada?

Si sirve. Le sirve al escritor para soportar la vida. Es una manera de evadir la realidad que es tan dura. Cuando uno como escritor cambia la realidad y la pone en función de lo que quiere, ocurre un milagro dentro de uno. Si eso ocurre en el escritor, también ocurre en el lector. Pero esto me da pie para decir que la lectura sola no cambia al ser humano. Hay una tergiversación de las cosas que dice que la gente que lee es mejor que la que no lee. Eso es falso. Hay muchos tiranos ilustrados. Ponemos libros ahí, entonces la gente lee, y si lee, entonces es buena. Eso no es así, nada es tan mecánico. Siempre tiene que intervenir la voluntad.

 Hablemos de la violencia ¿es un tema obligado en la literatura colombiana?

En términos generales no es muy comprensible que en un país como Colombia no haya libros sobre violencia, pero en particular no es obligatoria. No todos los autores tienen que escribir sobre violencia. Es que muchas variables tienen que estar dispuestas para que uno trabaje con un tema. Para escribir una novela, el escritor tiene que estar enamorado del tema que lo va a acompañar  durante varios años. Este puede o no ser la violencia. Si no es así, es mejor que el escritor no lo tome porque seguro saldrá algo falseado.

 Y de la violencia a la familia, que es un tema central en la literatura antioqueña…

La familia pudo haber sido un tema en Tomás Carasquilla. El mundo ha individualizado tanto a las personas que la literatura es sobre temas individuales. Los anhelos colectivos no me parece que son la línea predominante en la literatura colombiana. Ahora, en la literatura del siglo XXI, predominan los anhelos y los conflictos de las personas.

 ¿Hay un rompimiento entre la cultura oral y la cultura escrita?

Siempre ha existido ese rompimiento, pero Saramago logró algo que la literatura colombiana ha incorporado de una manera muy bonita. La forma de dialogar vinculada a la narración. Incluso no hace rompimientos gráficos con el guión, sino que incorpora las voces de los personajes dentro de la voz de un narrador. Esto se parece mucho a la narración oral. Ha habido un acercamiento en la literatura contemporánea a la oralidad. Y eso hace la literatura más cercana a los individuos que encuentran en los libros sonidos parecidos a los de la calle. Pero hay un equívoco al pensar que quien escribe muy coloquial, está transcribiendo esos sonidos. Eso no es verdad porque al transcribir salen conversaciones anodinas. Solo cuando se le pone un filtro, aparece la obra literaria. En el cine, cuando Víctor Gaviria empezó a trabajar con actores naturales, muchos novatos intentaron hacer lo mismo, pero sin filtro. De ahí salieron cosas olvidables. En cambio, las de Víctor subsitieron porque había una edición, que consistía en sacar de las frases cotidianas, las más representativas. Así se debe dialogar en la literatura y en cine. La realidad no es transcripción.

 En ese sentido, la literatura puede ser para todo el mundo…

Sí es para todo el mundo. Esto lo he visto en los talleres. La convicción que tengo y la promesa que hago es que si usted es capaz de contar una historia hablada, es posible que pueda escribirla. Ahora, el asunto de hacerlo muy bien es cuestión de destreza, de entrenamiento y de trabajo, como en cualquier otro oficio.

 ¿Se puede vivir de la escritura?

Sí. Lo han demostrado los que venden autoayuda, los que venden periodismo y unos muy contados que venden ficción. De los libros de literatura, en Colombia, no se puede vivir, salvo excepciones muy contadas. De los buenos libros no se puede vivir, de los malos de pronto sí.

 ¿Y de la edición?

De la edición sí se puede. Es un oficio tan bonito. Si yo tuviera tres vidas, una se la dedicaría a las matemáticas, otra, a la literatura, y otra, a la edición. Ya me gasté la única vida que tengo en la literatura. He conocido editores independientes que han logrado vivir de este oficio.

 Para usted qué es lo mejor que está pasando en la  literatura en Colombia...

Lo mejor que está pasando es el nacimiento de nuevos proyectos editoriales y de nuevas tecnologías que facilitan que muchos jóvenes se conviertan en autores. Ya no tienen que atenerse a las grandes editoriales que publican solo 12 o 15 novelas al año. No tienen que volverse viejos para que una editorial los publique. Lo pueden hacer por sí mismos. Esto ya les da un oficio.

 

 

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