Noche de las velitas en Manzanares, Caldas en 2014.

¿Por qué prendemos velitas?

El 7 de diciembre, el país se ilumina antes del festivo del próximo día y cada región le da su toque a la tradición. ¿De dónde viene la celebración?

2016/12/07

Por Ana Gutiérrez

Cada 7 de diciembre, Colombia se llena de luz. En algunos lugares, como Riohacha, se prenden velas desde la madrugada y en otros, como Bogotá, solo después de que baja el sol. Otras ciudades, como Valledupar, las prenden temprano en la mañana del 8, antes del amanecer.

La noche de las velitas es una celebración que marca el principio de las fiestas navideñas en el país. Aunque las luces son un símbolo central de las fiestas de Navidad y Año Nuevo en la mayoría de los países que celebran festivos de tradición cristiana, como la Santa Lucía en los países nórdicos, la noche de las velitas tiene una particular importancia para los colombianos. Es la primera celebración oficial de la Navidad y se puede disfrutar plenamente porque el 8 es festivo, y señala que ha llegado el último tramo del año, y el inicio de las novenas, que también forman parte de la tradición católica.

Todo esto tiene su origen el 8 de diciembre de 1854, cuando el papa Pío IX emitió una bula sobre el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Carlos Novoa, padre jesuita además de profesor titular y doctor en teología por la Universidad Javeriana, lo explica así. “Empecemos por lo primero, el dogma. La palabra hace que a la gente se le venga a la mente un dictador, una imposición, pero pero en los orígenes de la iglesia es lo contrario, es el consenso del sentir de todos sobre una dimensión del camino cristiano. Entonces, a mediados del siglo XIX, luego de consultar el sentir de toda la catolicidad, el papa proclama el sentir de la Inmaculada Concepción de la Vírgen María. Eso significa que desde los primeros cristianos, y a lo largo de toda la vida de la iglesia, se ha experimentado que María, madre de Dios y nuestra también, nunca fue una persona egoísta y siempre luchó ir hacerle el bien a los demás, aunque experimentó tentación nunca lo hizo porque se abrió infinitamente a Dios y a su hijo, a quien ella enseñó a amar y le comunicó sobre Dios y así Jesús deviene dios. Ella es la plenitud de humanidad, es una luz para nosotros porque nos ilumina un camino, por eso se celebra con las velitas”.

En resumidas palabras, María se preservó de todo pecado, por lo cual era “llena de gracia” como dice el Ave María, pero siempre fue una mujer humana, no divina. Se dice que cuando Pío IX comunicó la decisión, católicos del mundo entero celebraron con hogueras, antorchas y otras formas de iluminación.

Novoa explica que el festivo que conocemos ahora “poco a poco fue cogiendo fuerza, se fue volviendo tradición, empezó a celebrarse de manera especial porque María nos ilumina, su vida nos acerca a la luz, y en Colombia la noche de las velitas está arraigada desde principios del siglo XX” lo cual es relativamente rápido ya que la fiesta existe desde la segunda mitad del siglo XIX. La fiesta es una de las más emblemáticas del país, y al preguntarle por qué parece tener tanta resonancia en la identidad nacional, Novoa suspira. 30 años de docencia e investigación en teología le han brindado una respuesta a la vez simple y compleja.

En pocas palabras: “Colombia es un país católico para bien y para mal. Para bien por lo obvio, y para el mal, pues... La mayoría de la población dice practicar el evangelio, pero ¿será que lo hacen? En un país lleno de odios, violencias, discriminación, sea a la mujer, a las personas lgbt, pobreza, violaciones, feminicidios y corrupción, debe ser el 30% que sí lo practica”. 

Luego de una pausa, su voz se tiñe de esperanza: “también dentro de la tradición es particularmente venerada María porque es humana, nos acerca especialmente a dios. Es madre nuestra también, nos ilumina y nos alumbra el camino hacia Jesús”.

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