El centro cultural de San Andrés. Crédito: Archivo del Banco de la República.

Nuevos centros culturales en San Andrés, Manizales y Buenaventura

Después de llevar a cabo un importante trabajo de campo en el que se consultó al público potencial, el Banco de la República suma este años tres nuevas sedes a su gran red de intercambios culturales en el país. ¿Qué tienen de nuevo?

2016/10/12

Por Revistaarcadia.com

Ángela Pérez, subgerente cultural del Banco de la República, no se inmuta: “comparado a sus homólogos, el banco central colombiano tiene la actividad cultural más grande del mundo. Hay iniciativas importantes en Argentina, México, Brasil, sobre todo en estos dos últimos, pero la nuestra es 20 veces más grande”. El papel cultural que hoy desempeña esta institución se remonta a la Constitución de 1991, cuando se renegoció la misma esencia del banco, se logró una mayor independencia y se determinó que este debía continuar con sus cuatro colecciones: la artística, la arqueológica, la bibliográfica y la musical.

Con esa decisión empezaron a surgir sedes culturales del banco por todo el territorio nacional: en Florencia, Sincelejo, Valledupar, Montería, Cartagena, Ipiales, Pasto, Popayán, Tunja, Ibagué, entre muchas otras. Todas nacieron con una interesante premisa: cada una de las ciudades tendría en su haber la posibilidad de generar allí mismo sus propios discursos. En otras palabras, Bogotá dejaría de ser la encargada de exportar la cultura a las regiones, reemplazando esa anquilosada visión centralista con una red de intercambio cultural. Y ahora, este año, tres ciudades estrenan nuevos edificios: San Andrés, Manizales y Buenaventura. Mientras que el primero abrió sus puertas en julio, los otros dos se inaugurarán (sin abrir al público) en diciembre .

El nuevo tríptico de centros tiene un componente adicional, que los convierte en un modelo a seguir: previo a su construcción, el Banco de la República viajó a las ciudades para hacer grupos focales con maestros de escuela, niños, intelectuales, todo tipo de público potencial, para entender cuáles eran las necesidades y las expectativas de sus ciudadanos. A partir de eso, se adaptaron los contenidos -e incluso la arquitectura- a las sugerencias recibidas. Así, cada uno de los tres nuevos centros es, a su manera, único.

San Andrés


La fachada del centro en San Andrés. Crédito: Banco de la República.

Con el nuevo edificio, que retoma elementos tradicionales de la arquitectura isleña, el Banco de la República regresa al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina de manera formal luego del cierre de su Tesorería en 2003. El espacio, ubicado en el centro de San Andrés, incluye archivos y colecciones de valor patrimonial para las islas, tanto en físico como en digital. Pero su apuesta más importante es la cultura oral, que salió en el primer lugar en las encuestas hechas al público. Como explica Pérez, “allá esa cuestión es fundamental. En lo oral se evidencia quiénes son los isleños, así como su sincretismo cultural. Por eso dotamos al espacio con las herramientas para que la gente se pueda grabar y así generar un archivo de memorias orales técnicamente producido y catalogado. La idea es que cualquiera pueda ir y contar su historia. La idea es que en 10 años se vean los frutos”. El proyecto se llama El Centro de Memorias Orales.

Entre las colecciones del centro cultural caben destacar varias: el archivo de entrevistas Native Islanders, con casi mil minutos de audio con testimonios de los isleños; una serie de 712 fotografías tomadas entre 1930 y 1990, con 459 fichas descriptivas y 386 negativos y hojas de contacto; el programa audiovisual The Raizal. People and Culture, transmitido entre 1996 y 2011, unas 760 horas de filmación en español, inglés y creole; y una colección de fotos submarinas de Jorge Sánchez Berrío, que dan cuenta de la variedad de peces y las formaciones coralinas de las islas.

Así mismo, hay iniciativas recientes, como la recopilación de los saberes de las mujeres sobre las especies de sus jardines, que resultó una una especie de herbario transcrito e ilustrado; un proyecto con los instrumentos de la región y otro con los mapas cartografiados desde el siglo XVII. El centro también preparó una nueva versión de los cuentos de la Nancy, el héroe caribeño, que curiosamente no es épico, “sino un personaje pícaro, un sobreviviente, que roba y engaña para sobrevivir, y en cuyos relatos no hay ni principio ni fin, tampoco moralejas”, como explica Pérez.

El centro tiene varios espacios: una Sala General, con más de 30.000 libros; una Sala Infantil, donde habrá actividades para promoción de lectura así como juegos, películas y obras de literatura infantil; una Sala de Creación, en la que la gente podrá grabar sus historias; un Auditorio Múltiple diseñado para 120 personas, y una terraza.

Manizales


El edificio de Manizales, en construcción. Crédito: Banco de la República.

En eje central de este centro, que se inaugura el 7 de diciembre, es el paisaje cultural de la zona cafetera. “La idea es entender el paisaje como un producto cultural, en la medida que se forja con las relaciones humanas”, dice Pérez. Por eso, desde hace un tiempo el equipo encargado viene trabajando en una exposición sobre cómo se ha representado el paisaje a través de los siglos, que incluirá una obra de Clemencia Echeverri titulada ‘Veneno’, sobre los efectos de la minería. Habrá, de hecho, una sala para visualizar el paisaje, el equivalente al Centro de Memorias Orales en San Andrés. Los organizadores también se han centrado en temáticas como la arquitectura local, las aves, los pájaros, las plantas endémicas y la historia del café. El edificio, de nueve pisos, incluirá un pequeño auditorio y un depósito de arte, el primero que se monta por fuera de Bogotá.

Buenaventura


Render del centro cultural de Buenaventura. Crédito: Banco de la República.

El centro cultural ubicado en el Valle del Cauca será el último en inaugurar, el 12 de diciembre, y tendrá dos temáticas centrales, que resultaron de los estudios realizados con el público: la música y la resolución de conflicto. “Fue muy doloroso -dice Pérez-: cuando le preguntamos a los niños de 10 años qué querían, respondieron que les enseñáramos a vivir en paz. Ni un solo niño recurrió a la fantasía, a decir que ojalá viniera Superman: ellos nos hablaron desde su realidad descarnada”.

El centro tendrá un sala de prácticas musicales, un pequeño estudio -para que los interesados puedan grabar sus trabajos-, y una colección con blues, reggae, música africana y varios géneros locales. También, una sala infantil y una biblioteca con todo el acervo digital del Banco de la República. El edificio elegido, por su lado, preservará su fachada a petición de la gente. La razón es que, gracias a que tiene varias columnas grecorromanas y un alero, allí la gente se puede resguardar de la lluvia.

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