La Justicia.

Oráculos: el reto de dejarse llevar por los sentidos

El maestro Enrique Vargas director de 'El hilo de Ariadna' vuelve a Colombia después de 18 años con Oráculos, un recorrido por 21 espacios que cada espectador recorre individualmente. Arcadia lo entrevistó.

2013/08/14

Por Camila Barajas Salej

La obra es un juego teatral que recorre 21 escenarios, inspirados en los arcanos mayores del Tarot, en La Casa del Teatro Nacional. El montaje estuvo a cargo de el Teatro de los Sentidos bajo la dirección de Enrique Vargas.

El montaje, arriesgado por lo poco convencional, prescinde de los oráculos tradicionales a la manera de pitonisas o adivinadores, busca que cada espectador encuentre respuestas con la ayuda de diversos estímulos.

Los actores hacen las veces de guías que ayudan al espectador-viajero a que responda su pregunta mientras recorre los espacios, con una narrativa de 4 hilos: el Laberinto, la Alquimia, el Oráculo y la Fábula.

Como en otras de sus obras, lo que no se dice juega un papel importante en Oráculos. El silencio se hace indispensable para una comunicación efectiva entre la obra y el público. "Una buena conversación, o un buen cuento, respira a través de sus silencios, porque son las ventanitas por las cuales nos comunicamos" dice a Arcadia Enrique Vargas, fundador y director artístico del Teatro de los Sentidos, a escasas horas del estreno de la obra en Bogotá.

Ha pasado mucho desde que deslumbrarán con El hilo de Ariadna,  ¿qué queda de esa obra en Oráculos?

El Hilo de Ariadna ganó el XXXIV Salón Nacional de artistas y fue el inicio de este gran hilo que continúa por todo el mundo.

En realidad cada ser humano está haciendo siempre la misma obra así como el músico está tocando la misma melodía de una u otra forma toda la vida. Los temas que tratamos son los mismos. Todos venimos con una pregunta muy específica que respondemos como si fueramos alcachofas: sacando diferentes hojitas pero que van en una misma dirección. Yo creo que hago algo muy novedoso pero es la misma pendejada de toda la vida.

¿Cuál es su "pregunta específica"?

La pregunta es como el conejito blanco de Alicia en el país de las maravillas, siempre quiero ver la colita por ahí para poder buscarla pero la idea es que nunca lo agarre. Si yo lo agarro y la aprisiono en mis manos la convierto en ideología o en algo muy peligroso,  en dogma. Prefiero tener esa pregunta como una búsqueda por definir, como intuición, como algo que mi cuerpo sabe pero mi corteza todavía no la tiene agarradita porque eso es lo que me hace mover.

¿Por qué la distribución a modo de laberinto?

Para jugar. Hago los laberintos que de alguna u otra forma hacía cuando niño. Yo soy de Manizales pero me crié en el Quindío, y allí, cuando pequeño jugaba con mi hermano a perderme entre los cafetales.  

¿Cuál ha sido su mayor reto como director de Oráculos?

Yo creo que es la resonancia del secreto. Yo tengo un secreto que no está en mí sino en el otro que está en mi, en la otredad. El reto está en atreverse a abrirse a lo otro, a perderse, porque la única forma de encontrar algo en la vida es perdiendose. Si tu no te pierdes, no encuentras. Si ya sabes lo que vas a encontrar entonces todo se convierte en una reiteración mecánica burocrática de lo mismo.

¿Cómo han reaccionado los espectadores a esta propuesta?                 

En el fondo estamos hambrientos de juego puedes ser un profesor de filosofía en Beijing o un chofer de taxi en Sao Paulo o un acordeonista vallenato de Valledupar. En el fondo somos lo mismo, todos queremos jugar. Tal vez cambiamos en nuestra relación con el silencio, hay personas que disfrutan más del silencio que otras, pero esto es un tema más individual que cultural.


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