Patricia Engel se crió en Nueva Jersey, Estados Unidos.

Patricia Engel gana el premio Biblioteca Narrativa Colombiana de Eafit

Con la novela 'Vida', la escritora estadounidense de padres colombianos se llevó la tercera edición del galardón, al que también estaban nominados Ricardo Silva con 'Historia oficial del amor' y Santiago Gamboa con 'Volver al oscuro valle'.

2017/01/25

Por Daniel Rivera Marín

Vida (Alfaguara, 2016) —el libro de Patricia Engel que el 25 de enero ganó el premio Biblioteca Narrativa Colombiana de la Universidad Eafit—, es un pedazo de la realidad inmigrante vista por los ojos de una hija de inmigrantes: Sabina, una muchacha guapa, alta, con la piel color miel, que crece en medio de una gran comunidad blanca en Nueva Jersey. A través de nueve relatos la vemos vivir en Nueva York y Miami, la vemos llegar a Colombia, ese país que ha visto desde la distinta, que ha conocido en el lenguaje de sus padres, estancado en una década ya lejana; ese país que conoció en las historias de ilegales que fueron a buscar el American Dream y se encontraron con un muro —qué conveniente ahora el tema, qué oportuno hablar de muros.

Patricia Engel tiene un parecido importante con Sabina: nació en Estados Unidos, es hija de colombianos y ha tenido una relación con el país por medio del lenguaje —aunque tiene el acento caribeño de los latinos de Miami—. Escribió el libro en un año, después de cursar una maestría en Narrativa en la Florida International University y, sobre todo, después de ser testigo de las historias de quienes cruzan la frontera para llegar a una tierra feroz: una tierra prometida donde no siempre fluye la leche y la miel.

Con un tono mesurado, cuidado en los adjetivos, parco, filoso y desalentador, que a veces no deja un hueco a la esperanza, Sabina cuenta en primera persona más que su vida, la vida de los otros: la vida de Diego, de Paloma, de Davida, de Lucho, el Novio. Una vida repetida. ¿Cómo es sufrir y morir de cáncer con compañeros tiranos —propios inmigrantes— que gozan, sobre todo, al disputarse las miserias ajenas? ¿Qué se aguanta una muchacha engañada, reina de belleza de pueblo, que llega a Estados Unidos vendida como carne humana para el consumo de viejos impotentes, de golpeadores del primer mundo? ¿Por qué se termina vendiendo drogas para sacar la cara y no hundirse en la pobreza en una ciudad donde la playa promete lujos?

Sabina —la misma Engel— no ofrece respuestas, y no se necesitan: en cambio nos muestra la realidad cruda, como en una foto. No hace falta photoshop, no hacen falta retoques, no es necesario añadirle al drama. Las imágenes pasan por los ojos de Sabina sin filtro, ella nunca comenta, ella está ahí para ser testigo, para sufrir en silencio, para manejar largas horas un carro y acompañar a una amiga de regreso.

El tema del libro, esas historias que muestran el revés de la vida gringa de los inmigrantes, recuerda inexorablemente a Donald Trump y su muro —justo hoy que firmó la orden para construirlo y separar a México y todo Latinoamérica con una sola cuchillada de cemento—, y advierten que el muro siempre ha estado para algunos, esos algunos que hoy son mayoría, que hoy están felices porque un especulador de la finca raíz, presentador de realitys, quien logró el lujo mayor, vivir sin el rumor de un alma —como escribió en un magnífico perfil Mark Singer—, los llama al nacionalismo, a la búsqueda y exaltación de la propia raza: de una sola raza. Y así, la literatura, nos revela una vez más, a los necios. 

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