'El Faro' se fundó en 1998 en El Salvador. Foto: Cortesía Iliana Lemus.

"En 'El Faro' responsabilizamos al poder"

Por primera vez, el premio a la Excelencia periodística del festival Gabriel García Márquez no fue para una persona, sino para una redacción: 'El Faro’, el primer diario digital de América Latina, es un baluarte del periodismo investigativo contra el abuso del poder. Hablamos con su fundador.

2016/09/30

Por Christopher Tibble

En 1998, antes de que naciera Google, cuando apenas el un porciento de la población de El Salvador tenía acceso a Internet, el periodista Carlos Dada y el empresario Jorge Simán emprendieron una hazaña quijotesca: fundaron, contra toda advertencia, el primero periódico digital de América Central: El Faro. Durante su primer lustro, el medio funcionó en los límites de la informalidad. Su sede era una casa y su imprenta, apenas un computador. Fundarlo no fue una decisión visionaria, consciente del potencial del entonces incipiente internet. Se trató, en cambio, de una decisión económica: al constatar el costo de sostener un periódico impreso (tinta, tiraje, camiones de distribución, etc.), optaron por el único otro camino: el digital.

Casi dos décadas después, esa fortuita decisión ha dado su réditos. Hoy El Faro no solo es un ejemplo de las posibilidades del periodismo en línea, sino también un referente de calidad. A pesar de que la financiación ha sido una carga adicional para el equipo, que hasta la fecha no ha conseguido recuperar lo invertido, el medio ha mantenido una independencia envidiable, que quizá mejor se resume en su constante empleo del periodismo de largo aliento y en su papel de contrapeso a los intereses económicos y políticos de los poderosos. Una estela de premios cosechada durante los más recientes años atestigua su impacto: además del galardón a la excelencia que recibió durante esta edición del festival Gabriel García Márquez, cabe destacar el Ortega Gasset de Periodismo que ganaron en 2011 el cronista Carlos Martínez y el fotoperiodista Bernat Camps y el premio María Moors-Cabot, de la Universidad de Columbia, que se llevó ese mismo año Dada.

Al hablar de El Faro, no se puede pasar por alto dos de sus iniciativas más innovadoras. La primera fue En el camino, un especial con crónicas, videos y fotoreportajes en el que un equipo recorrió, durante más de un año (entre 2008 y 2009), el camino de los indocumentados centroamericanos que se dirigen a los Estados Unidos. La otra es Sala negra, un proyecto dedicado exclusivamente a las pandillas y a la violencia que se vive en la región, y que nació como consecuencia directa de En el camino: a pesar de que en sus inicios El faro se había opuesto a tratar temas de violencia –por razones de seguridad, entre otras-, la inmensa y traumática migración de miles de latinos a Estados Unidos les hizo caer en cuenta de que para entender lo que ocurre en El Salvador, hoy el país más violento del mundo, tenían que documentar el crimen organizado y el narcotráfico.

En el Jardín Botánico de Medellín, minutos después de hablar frente al público sobre la historia y el impacto de El Faro, Carlos Dada se sentó con nosotros.


Carlos Dada. Foto: FNPI.

Llama la atención que en esta edición del premio García Márquez todos los ganadores fueron medios independientes. ¿Cómo se explica eso? 

Yo soy muy optimista con respecto a esto porque, según los pronósticos, casi ningún proyecto independiente tenía sentido antes de empezar. Y han salido adelante contra todo pronostico. Creo que esto se debe a que están compuestos por periodistas que tienen una urgencia y una necesidad ética, no financiera, de contar historias. Y ellos ya no encuentran eso en las salas de redacción tradicionales. Allí no hay espacio para eso, para periodismo de largo formato, para periodismo investigativo. Entonces muchos periodistas, lejos de renunciar, dejan sus medios y crean sus propios proyectos. Esto me emociona porque quiere decir que el mandamiento ético es mayor a la lo que la lógica te indica, que mantengas un sueldo para poder vivir.

Uno pensaría que en internet, con la abundancia de información, la gente no le dedicaría mucho tiempo al periodismo de largo aliento. Pero el éxito de ustedes y de otros medios similares contradicen esto.

Te voy a decir dos cosas: todos nos dijeron que lo que hacíamos era absurdo, pero también todo el mundo empezó a hablar de periodismo en internet, y nosotros no creemos que tal cosa exista. Creemos que hay periodismo, y que el internet es una plataforma muy útil. En su momento, todo el mundo empezó a buscar recetas para intentar entender la nueva plataforma, recetas que en muchos casos resultaron equivocadas. Como solo queríamos hacer periodismo, y el internet era el único lugar en donde lo podíamos hacer, no pensamos nunca en el breaking news o en la noticia corta, que eran parte de la receta.

El largo aliento es lo único que nos permite no solo registrar la violencia, sino también explicarla. Para registrarla basta con un tweet: ‘tres muertos hoy, cinco mañana’, y al final los muertos de mañana son los mismos de ayer. Solo cambia el nombre y el rostro. La gente cambia la página y nadie se detiene a verlos. Nosotros sentíamos que desde el periodismo teníamos la obligación de tratar de entender las causas de la violencia. Y eso requiere grandes formatos.

El Salvador es hoy el país más violento del mundo. En ese esfuerzo por explicar la violencia, ¿qué han descubierto? 

Varias cosas. La primera es que no entendíamos nada de la violencia y que hoy hemos avanzado muy poco en entenderla. Lo segundo es que los actores que causan esta violencia son, en el caso de centroamericano, sobre todo pandillas. No son chavos que bajaron de una nave espacial y que ahora hay que combatir como a los extraterrestres que se combaten en una película. Son reflejos de una sociedad podrida. Y mientras no resuelvas los problemas estructurales, esa violencia va a seguir ahí.

Hoy lo que estamos construyendo en El Salvador son cárceles porque ya no bastan. El hacinamiento es de más de 300%, es una cosa espantosa. Pero si tú metes más gente en la cárcel, mañana hay todavía más en la calle. Porque no estás resolviendo el problema estructural. Las pandillas no son organizaciones criminales típicas: son organizaciones que responden a una sociedad podrida, y en las que la membresía para varios de sus integrantes es lo único que les da sentido a sus vidas. Esas son las cosas que estamos empezando a entender poco a poco. 

En 1992 se firma la paz entre el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. El faro aparece 6 años después. ¿En qué contexto periodístico y político apareció el medio? ¿Qué los llevó a tomar la decisión de ofrecer una alternativa a los medios tradicionales?

Jorge y yo fuimos exiliados durante toda la guerra de los años ochenta por las familias de nuestros padres. Cuando empezamos a volver a El Salvador decíamos, ‘qué horrible el periodismo de acá, cuando regresemos deberíamos fundar un periódico’. Yo regresé en el 97 y él ya estaba ahí, así que dijimos, ‘bueno, hagámoslo’. Queríamos un periódico donde encontráramos cosas que quisiéramos leer. Fue una decisión de lectores insatisfechos (risas). El Salvador estaba terminando su luna de miel después de los acuerdos de paz, una que lamentablemente no supimos mantener y terminó muy pronto. También hubo una luna de miel en el periodismo, pero después los medios tradicionales ya no cambiaron tanto. En ese contexto surgimos nosotros.

El Faro, según dijeron en la charla, se profesionalizó en 2003. ¿Cómo fue ante, durante sus primeros años? 

El periódico se hacía con una sola computadora que había en mi casa (risas), los domingos por las noches. Los lunes hacíamos reunión de evaluación y reunión de pauta, y durante la semana nos intercambiábamos los materiales para la edición y el domingo lo subíamos. Era un periódico de garaje. Así fueron esos primeros años, con periodistas de una generación extraordinariamente talentosa, que no es la mía, sino la siguiente, que vieron en El Faro un espacio donde podían aprender otras cosas, donde se hablaba otro idioma. Fueron ellos los que construyeron el periódico. Fue más una escuela que un medio, porque ya te digo, nadie nos leía.

¿Cómo se produjo ese quiebre en que empezaron a incomodar a la opinión pública, a los medios y al discurso del gobierno?

Al principio nadie nos hacía caso porque nadie nos conocía. Llevábamos seis años y si pedías una entrevista te preguntaban, ‘¿de dónde?’. Nadie leía en internet. Pero las cosas cambiaron cuando empezamos a sacar investigaciones de corrupción porque nadie más las estaba contando. Y las cosas cambiaron en todos lados. En los grandes medios de comunicación nos cerraron todas las puertas porque nuestro trabajo de guerrilleros sin dinero en un garaje era capaz que decir más cosas que ellos en sus grandes redacciones. De repente, cuando nos voltearon a ver ya era demasiado tarde. Ya no pudieron presionar lo suficiente para matar el proyecto, que es la práctica común de los grandes medios en América Central.


El equipo de ‘El Faro‘ recibe el premio de manos de Martín Caparrós. Foto: FNPI.

Hay todo un debate si los medios deben asumir una postura política editorial o si en cambio deben permanecer neutrales. ¿En qué bando está El Faro?

Yo no creo en el periodismo activista. Para nada. Creo que no es periodismo. Es otras cosas, que pueden ser muy positivas, pero no periodismo. Nosotros no lo hacemos. En cuanto a política, lo que hacemos es muy sencillo: asumimos una postura frente al poder. La fórmula para mí es muy sencilla: ‘a mayor poder, mayor responsabilidad’, y esto significa poder económico y poder político. Si vivimos en una sociedad que creemos podrida, ¿quiénes son los responsables de esto? Pues quienes tienen poder: los que administran el estado y los recursos. Nuestra postura es ante ellos.

¿Qué pasa en El Salvador? Es un país muy polarizado. Cuando terminamos la guerra, el sistema político terminó cooptado por la extrema derecha y la extrema izquierda. ARENA, el partido fundado por los escuadrones de la muerte de la ultraderecha, y la FMLN, que era la guerrilla y la extrema izquierda, siguen controlando el sistema político entre ellos. Cuando El Faro nació ARENA gobernaba el país y nos tacharon de comunistas, de filomarxistas, de guerrilleros. Y desde 2009, cuando el FMLN llegó por primer vez al poder, nos volvimos para ellos en areneros, derechistas, una fachada de la derecha. Es normal, porque nosotros no hacemos periodismo que favorezca a un partido político. Asumimos una postura frente al poder sobre todo porque tenemos el privilegio de poder hacerlo: el resto de la población no lo tiene.

Para muchos medios monetizar sus portales digitales ha sido un reto muy grande. Me llama mucho la atención que ustedes no han llegado a un punto de equilibrio. ¿Cómo han durado tanto tiempo?

Yo creo que se trata de que el periodismo es lo único que sabemos hacer y el internet es el único lugar donde lo podemos hacer. No hay de otra. Entiendo que muchos medios atraviesan una crisis, y lamento que a veces se sacrifiquen a los periodistas porque cuando eso pasa el periódico ya se olvidó de que es un periódico. Muchos de los periódicos de América Latina se han convertido en vitrinas de anuncios. Ya nadie piensa en los contenidos. Hacen notas pensando que es una página más para los anuncios. Y así terminan convertidos en fábricas de anuncios. Nosotros no lo vemos así. Esa es probablemente una de las grandes debilidades nuestras. No somos empresarios, sino periodistas, y lo único que queremos hacer es periodismo.

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