Sichkov toca en la Orquesta Sinfónica Nacional desde 2003. Crédito: Diana Rey

“Los colombianos no tienen nada que envidiarle a la música de otros países”

El pianista ruso Sergei Sichkov reside en Colombia hace 18 años y tocará en el III Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá, dedicado a la Rusia romántica. Hablamos con él sobre el sistema soviético, la enseñanza musical en Colombia y las obras rusas que se tocarán por primera vez en Bogotá.

2017/04/11

Por Ana Gutiérrez

Sergei Sichkov tiene facciones eslavas. Es alto, rubio y fornido, pero habla el español rápido característico de Bogotá, donde habita hace 18 años. Desde 1999 se desempeña como profesor y pianista en la universidades Javeriana, El Bosque, Los Andes y la Nacional de Colombia, además de tocar en la Orquesta Sinfónica Nacional del país.

Sonríe a menudo, en parte porque se está preparando para tocar tres conciertos dentro del marco del Festival Internacional de Música Clásica de la ciudad. Organizado por el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo tiene como tema la Rusia romántica y se celebra del 12 al 15 de abril en 17 escenarios que verán 54 espectáculos que girarán en torno a la obra de 19 compositores del siglo XIX. Cuenta con 12 conciertos gratuitos enfocados a maximizar el alcance de la música de Piotr Ilich Chaikovski, Serguei Rachmaninov, Nicolai Rimsky-Korsakov y Modest Mussorgsky, entre otros. Más información aquí

Sichkov muestra con orgullo los callos de las puntas de los dedos- “todos creen que los pianistas tiene dedos bonitos y no. Los bailarines tienen los pies vueltos nada y los pianistas las manos” - antes de discutir su formación, sus esperanzas para el Festival y su profundo amor por la música colombiana.

Cuéntenos sobre sus conciertos

Me van a poder escuchar en diferentes calidades. El primer concierto es un recital el jueves santo en la Tadeo, dedicado a música rusa escrita para piano. Tocaré la gran sonata de Chaikovski, que es una de las piezas más importantes e icónicas en Rusia. Pero aquí nunca la han interpretado, va ser la primera vez que se tocá en Colombia. También voy a tocar variaciones de Rachmaninov, que es mi obra favorita de él. De hecho hice mi tesis de posgrado sobre su obra.

El viernes santo toco con la Academia Filarmónica de Medellín un concierto de Arensky, cuya obra es completamente desconocida aquí. También es la primera vez que se toca en el país, en el Jorge Eliécer Gaitán. Al siguiente dia, en el Teatro Mayor, tocaré música de cámara con el Cuarteto Q-Arte. Su contrabajista es mi amigo, y además ruso, Aleksandr Sanko. Vamos a tocar el sexteto de Glinka, otro estreno en Colombia.

Es una lastima la relación con la música rusa porque hay mucho interés en ella pero la gente en general sólo conoce las mismas 10 o 15 obras: la de El Cascanueces, Cuadros de una exposición de Músorgski, Danzas polovtsianas de Borodin, Vuelo del moscardón de Rimsky-Korsakov y se acabó. La música rusa es como el mar, lo que vemos es por encimita pero en la profundidad hay muchísima vida y diversidad.

¿Fue muy emocionante descubrir que el Festival se iba a dedicar a la Rusia romántica?

¡Yo me puse feliz! Es difícil de creer porque van a llegar intérpretes excelentes y es increible que puedan organizar semejantes festivales de tal tamaño, ni siquiera Rusia puede. Voy a poder ver después de 15 años al pianista Mikhail Voskresenky, él estuvo en el jurado de todos mis examenes, ya tiene más de 80 años y aún así viene a tocar.

Es triste que casi no hay conexiones entre nuestros dos países: Colombia vende flores y Rusia vende fertilizantes y se acabó. Antes en la época soviética sí, la embajada organizaba muchas becas. Pero ya eso se acabó. Además en Rocky y todo tipo de películas los rusos siempre son los malos. La gente está prevenida cuando uno los conoce porque ven eso, entonces el Festival ayuda a cambiar un poco esa imagen.

Siento que el eco de eso va a superar estos dos países, posiciona a Bogotá como una capital de música latinoamericana: 54 conciertos en tres días es impresionante. Pero no es solo diversión también es formación. Aquí perciben la música clásica con muchos prejuicios, es una oportunidad para conocer la música rusa de verdad. 

¿Cómo llegó a Colombia?

Yo vine por primera vez en 1995, a un concierto que organizó la embajada rusa después de que gané un concurso para tocar en Cuba y Colombia. Fue increíble, desde el minuto que aterricé aquí me sentí feliz. Son muy pocos países en los que uno se siente así, como en la casa, desde el principio. Pero era todavía estudiante en Moscú entonces tuve que regresar. Cuando me gradué del conservatorio, en noviembre de 1998, volví. Se suponía que era por un año pero me fue muy bien y me quedé. Llevo aquí 18 años y medio, ya soy un colombiano más.

¿Qué siente acerca de la música colombiana?

La conozco muy bien, porque llevo en la Orquesta Sinfónica desde 2003. Ya no viajamos tanto pero los primeros años el Ministerio de Cultura tenía la idea de llevarnos a todos los rincones de Colombia, hubo un año que hicimos 52 ciudades. Se programaba con música colombiana por supuesto, inicialmente eran todos los hits: Colombia Tierra Querida, La Gota Fría, Yo me llamo Cumbia. Después profundizamos, con música más académica, y a la gente le encantaba porque le llegaba directo al corazón.

Es muy bueno que en los concursos del país los requisitos pidan tocar obras colombianas, les ayudo a mis alumnos a escoger las obras y aprendí bastantes, hasta dicto clases de música colombiana. Los colombianos no pueden envidiar a ningún otro país su legado musical. Es algo que hay que promocionar y divulgar. En el momento hay muy pocas grabaciones, las partituras que sí están son con muchos errores, hay que redactar y editar. Muchos compositores ni están editados, por ejemplo Luis Antonio Escobar. Toqué su obra en un concierto con un manuscrito prestado por su esposa Amparo Ángel porque no hay partitura, nadie la publicó nunca y es música impresionante.

¿Por qué se decidió por tocar piano?

A los 5 años me llevaron a un concierto didáctico de un pianista y ese mismo día me decidí a estudiar piano. Era la Unión Soviética y en ese entonces había mucha facilidad para inscribirse a cualquier escuela musical, era increíble el sistema de educación. Era completamente profesional, con profesores graduados del conservatorio con todas las herramientas, la vocación y la experiencia. Ahora ya se está perdiendo eso. 

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