Primera fila: Li Cheng’en, Samira Negrouche y Hanane Aad. Segunda fila: Hugo Francisco Rivella, Stefan Hertmans y Sabino Esteban. Fotos cortesía Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Seis poemas para celebrar el 27° Festival Internacional de Poesía de Medellín

Entre el 8 y 15 de julio de este año, se celebra el evento con la participación de 90 poetas y artistas de 45 países. Compartimos una lista de poemas de hombres y mujeres invitados al Festival para anticipar el encuentro, que contará con más de 130 actividades en centros culturales, bibliotecas, teatros, auditorios, casas de la cultura, universidades, colegios, museos, plazas, parques y asentamientos de desplazados.

2017/06/07

Por Revistaarcadia.com

Este año se tendrá lugar la edición número 27 del Festival Internacional de Poesía de Medellín. El encuentro, que nació en 1991 como respuesta a la violencia que se vivía en la ciudad, celebra la paz, la reconciliación, la memoria, la comunidad y el arte. Con más de 130 actividades en escenarios variados en toda la ciudad, y algunos municipios de Antioquia, el evento le abre las puertas a 90 poetas y artistas de 45 países, junto con varios receptores del Premio Nobel Alternativo de Paz. El evento mismo fue honrado con el galardón en 2006. 

Del 8 al 15 de julio, centros culturales, bibliotecas, teatros, auditorios, casas de la cultura, universidades, colegios, museos, plazas, parques y asentamientos de desplazados se llenaran de la poesía de invitados de todos los continentes, exceptuando Antártida. Compartimos las obras de seis de ellos, tres hombres y tres mujeres, para antojar a los colombianos de la fiesta de la poesía.

Guerra

Hugo Francisco Rivella (Argentina, 1948)

Los ojos para qué si ya no veo,

me cegaron al tiempo en que la muerte iba en el mástil de todas las banderas.

Cava las piernas del caído,

llena de sal su nombre,

lo despelleja.

Ha cercado la luna con sus fraguas y el vientre deformado de mi madre.

¿Y quién es quién entre los padeceres?

¿Qué rezo va lavando lo que queda del muerto?

¿Qué boca le pregunta por sus uñas?

¿Quién derrama una lágrima sobre su sepultura?

 

La guerra es una cruz con el hombre sangrando,

 

un alarido quebrado en el silencio.

Encender la luz en la oscuridad

Li Cheng’en (República Popular China, 1980)

Cuánta oscuridad hay en el mundo

cuánta luz quiero encender

Cuántos templos hay en la altiplanicie

cuántas veces me voy a arrodillar y a tocar el suelo con la frente *

El hombre

aprenderá

a arrodillarse ante la altiplanicie

y a sacar el corazón

empapado de aceite

para encender la luz

*Homenaje chino, de origen budista, para brindar admiración. Traducción de Li Ni

Purgatorio

Stefan Hertmans (Bélgica, 1951)

Era un viejo grabado, un panorama,

En el que en rima se contaba

Cómo los poetas en aves se transforman

Al morir.

 

Cerca del agua, en la fresca brisa,

Picotean letras en la hierba.

Seiscientas almas todas en fila.

 

Shakespeare parecía un albatros,

Quevedo una urraca,

Basho aleteaba como un colibrí.

 

Y todas parecían liberadas

De aquello que en su breve tiempo

De forma tan terrible atormentó.

 

Por el telescopio de Orfeo alcancé a  verlos.

 

El infierno de paz parecía

Protegerlos de los gritos

Que desde la otra orilla

Ningún oído ya alcanzaban –

 

Las bibliotecas del Hades llenas,

Hasta que de pronto un muchacho

Al pasar una hoja

Escuchó sus vanos murmullos,

Como en el primer día.

Locura

Hanane Aad (Líbano/Austria, 1965)

La manecilla del reloj

es un segundo Nerón.

Ordena que el reino

sea quemado.

Las legiones son derrotadas,

tropiezan sobre lágrimas

en su camino de regreso.

El dragón Tiempo

despedaza la inocencia,

y asesina el azul.

El tiempo ataca

la frente pura,

robando su brillo.

El egoísta considera

al gran Dios como suyo,

–los otros–

–todos los otros–

son blasfemos,

locos.

Él ordena su ejecución.

*Traducción de Arturo Fuentes

Un pueblo

Sabino Esteban (Guatemala, 1981)

Un pueblo

es un cuerpo.

 

Venas son sus caminos.

 

Para construir

y recorrer

deben sus habitantes ser

como sangre de un mismo cuerpo.

T.

Samira Negrouche (Argelia, 1980)

Partió el hombre, y ya no sé qué espero. Caras tapizadas repasadas a lo largo del muro ciego o inclusive caras desmenuzadas en la noche, expuestas en los bulevares y hasta en los muros interiores, faces y sobrefaces de nuestros sueños el hombre. Sucede, sombras nacientes de la mañana, callejas muertas que resuenan, soplan como una botella en tierra. Sucede que su mano aferra, atenaza mi hombro con sus dedos lancinantes. Mi espalda en la mano del hombre y la calleja silba y la botella se da vuelta. No espero, el hombre se ha esfumado con no sé qué cosa en los bolsillos no sé qué en sus ojos de hombre de dedos lancinantes no sé qué en sus orejas, silencioso en su cabeza que dicta el movimiento vertical de arriba abajo, no sé qué el hombre que no mira el hombre y ordena y se impacienta. La cara ha partido y dejado los muros ciegos los muros interiores y los palacios estivales. No espero el abismo de los años postergados por el hombre de enero sobre el pavimento frío ya idos.

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