Imagen virtual de cómo luciría la exposición 'El retorno de los ídolos', en el Museo Nacional.

La polémica sobre la fallida exposición El retorno de los ídolos

Arcadia presenta un resumen del conflicto que llevó al Ministerio de Cultura a suspender el traslado de 20 estatuas de San Agustín a Bogotá, donde se exhibirían en una exposición en el Museo Nacional.

2013/11/14

Por RevistaArcadia.com

El próximo 28 de noviembre debía abrir sus puertas en el Museo Nacional la exposición El retorno de los ídolos que clausuraba el año de conmemoración de la cultura agustiniana y que incluía el traslado de 20 monolitos desde el parque arqueológico de San Agustín a  Bogotá.

Pero el miércoles 13, a tan solo dos semanas de la inauguración, el Ministerio de Cultura anunció a través de un comunicado que la exposición cambiaba su nombre a El silencio de los ídolos, debido a la imposibilidad de trasladar las estatuas a Bogotá por la oposición de algunos pobladores de la zona: “nos vemos en la obligación de modificar la exposición planteada, lamentando que se haya privado al pueblo colombiano de esta iniciativa, porque la cultura no puede permitir jamás que hechos de violencia la atropellen.”

¿Qué había pasado?

Hace año y medio, desde el Ministerio de Cultura, se decidió que el 2013 sería el año de la cultura agustiniana. La fecha fue escogida para conmemorar el centenario de las primeras investigaciones arqueológicas en la zona llevadas a cabo por el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss (foto).

El año de la cultura agustinianan incluía varias actividades, entre ellas académicas, como foros en universidades. La clausura de las actividades de conmemoración consistía en dicha exposición en el Museo Nacional de Colombia, y en un concierto de la Orquesta Sinfónica de Colombia en San Agustín.

El ICANH (Instituto Colombiano de Antropología e Historia) era el encargado del diseño y montaje la exposición, y de liderar el proceso de traslado de las estatuas a Bogotá. Pero hace unos cuatro meses comenzaron una serie de problemas y diferencias que resultaron irreconciliables.

Distintos miembros de la comunidad mostraron su desacuerdo con el traslado de las estatuas. Sabido es que en el pasado, San Agustín ha sido saqueado y el miedo al no retorno de las estatuas está latente en la comunidad. Además, algunos se quejaron de que en el proyecto no se tuvo en cuenta a la población de San Agustín.

Diego Fernando Muñoz, un maestro local que se ha convertido en uno de los líderes  de la protesta contra el traslado, le dijo a Arcadia: “Reconocemos la enorme importancia del Museo Nacional, pero estamos en contra de la manera abusiva en la que han querido hacer las cosas. Nuestra molestia radica en que no nos han dado el trato que nos prometieron. Nos dijeron que nos iban a tener en cuenta y no lo han hecho. Lo que han hecho es venir a imponernos una serie de actividades que tenemos que hacer.”

Muñoz también expresó su desacuerdo a que se saquen las piezas de su contexto: “Creemos que todos los colombianos tenemos derecho a conocer el patrimonio. Lo que no nos parece necesario es que se saquen las esculturas de su contexto. Las esculturas y el medio donde están hacen parte de un paisaje cultural. Que las muestren desde acá. Lo que no puede ser es que quieran llevárselas y descontextualizarlas. ¿Por qué no ponen réplicas en distintas partes del país junto a paneles que expliquen la historia de nuestra tierra?”.

Al respecto, Fabián Sanabria, director del ICANH, asegura que “no era la primera vez que el ICANH trasladaba estatuas de San Agustín. 21 años antes, en el marco de la Exposición Tesoros del Nuevo Mundo que tuvo lugar en Bélgica, se prestaron dos estatuas: el Dios de la Agricultura y La diosa de la Lluvia, que atravesaron el Atlántico y regresaron intactas después de hacer sido exhibidas. Esa experiencia nos permitió establecer un protocolo científico minucioso para su embalaje y traslado”.

Y todo parece indicar que los protocolos en ese sentido sí fueron rigurosos: se nombró al arqueólogo Hector Llanos, experto en la cultura agustiniana, como curador  y guionista de la exposición. También, el ICANH obtuvo el beneplácito del Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO, del Consejo Nacional de Patrimonio, y contó con el apoyo de las autoridades locales (Gobernador del Huila, Alcalde de San Agustín y el Concejo Municipal).

Sin embargo, la comunidad parece no estar contenta con la manera como se socializó todo el proceso. Muñoz asegura que Fabián Sanabria ha descalificado los argumentos de la comunidad: “Solo por no pensar como él, nos ha insultado, ha dicho que somos gente de mente reducida y que somos esotéricos”.

Pero Sanabria dice lo contario: Hace año y medio hicimos la hoja de ruta y sí se socializó por todos los medios y con todas las estrategias pedagógicas y cívicas a nuestro alcance. Al tiempo que desarrollamos, desde el mes de marzo de este año, una serie de diálogos interculturales con académicos y artistas del mundo, a fin de que los habitantes de San Agustín se hicieran partícipes de esta conmemoración”.

La oposición de los Yanaconas

Sanabria asegura que la más enconada oposición al traslado de las estatuas ha provenido de la comunidad indígena Yanacona. “Una comunidad que no lleva más de dos décadas en la región y que nada tiene que ver ni histórica ni culturalmente con los escultores de piedra de San Agustín. Esta comunidad llegó porque le regalaron unas tierras. Incluso en el 2006 abrieron un camino atropellando el patrimonio natural y ecológico. Hay una demanda que falló en su contra y que los obliga a que ese camino que convirtieron en carretera sea un camino peatonal. Ese es el patrimonio que ellos cuidan.”

Entre los reclamos, los Yanaconas aseguran que el traslado de las estatuas alteraría el equilibrio de energías cósmicas del lugar. A ello responde Sanabria: “La mayoría de las estatuas que se iban a trasladar estaban guardadas en el Museo Luis Duque Gómez y se seleccionaron justamente porque ninguna de ellas fue hallada in situ. Todas ya se han removido y por lo tanto las energías ya se movieron”.

Pero si bien desde el ICANH se asegura que la oposición ha sido de “unas minorías”, un comunicado enviado a medios por El Comité pro defensa de Patrimonio Ancestral de la zona, que reúne a 17 agremiaciones, asegura que el rechazo al proyecto no es solo de los Yanakonas.

Dice: “Exigimos al ICANH que reconozca que la decisión de permitir el traslado de las estatuas no es exclusiva de la comunidad indígena Yanacona sino de la inmensa mayoría de los habitantes del municipio de San Agustín representado en sus gremios, que cansados de sus decisiones centralistas, prepotentes, autoritarias y su falta de educación, manifestadas en sus intervenciones públicas generaron repudio e indignación.”

Sanabria por su parte asegura que fue un proceso concertado: “Establecimos todas las mediaciones posibles. Sesionó el consejo Nacional de Patrimonio y se escucharon todas las voces en contra y las voces a favor. Y los vigías del patrimonio nos apoyaron.

¿Qué pasó entonces?

Semanas antes del traslado comenzaron a circular por las redes sociales unas fotografías tomadas por el mismo Diego Muñoz, donde parecía evidente un tratamiento artesanal y poco profesional del embalaje. (Ver fotografías) Sin embargo, Sanabria dice que las fotografías están fuera de contexto y son tendenciosas, y que el ICANH cumplió con todos los requisitos técnicos de un proceso que además está documentado debidamente.  Arcadia tuvo acceso a las fotos oficiales del proceso de desmonte (ver fotografías) y de embalaje del ICANH (Ver fotografías), que muestran un proceso técnico de cuidado de las estatuas.

Pero justo cuando se procedió a concluir el traslado de las estatuas, dice Sanabria, “quemaron guacales, agredieron a personal del ICANH, sobre todo a los trabajadores del parque que son los que han cuidado las estatuas hace más de 40 años, y eran los únicos autorizados a mover las estatuas. Ante esos gestos de violencia se suspendieron todas las actividades.”

La posición de los arqueólogos

Arcadia entrevistó a José Luis Socarrás, director de la carrera de Arqueología de La universidad del Externado, desde cuya página en Facebook han participado activamente en la discusión varios prestigiosos arqueólogos. Esta es su posición:

“A mi modo de ver, el ICANH, efectivamente hizo una socialización del evento en medios de comunicación, pero no hizo la socialización en San Agustín, en las comunidades. Incluso hay un video que del Ministerio de Cultura que se hizo este año en el que una persona entrevista a diferentes personas de allá, y estas no tienen idea de qué es lo que hay y qué es lo que se está celebrando en San Agustín. Porque pusieron unas vallas y poco más. En una de esas reuniones, Fabián Sanabria, como director del ICANH propuso entonces hacer una consulta popular para decidir el destino de las estatuas. Eso fue un error garrafal. Primero porque no hay legislación clara sobre cómo sería una consulta popular de esa naturaleza. Y luego, otro error más grave, fue desconocer esa promesa que se hizo a la gente en una sesión del concejo municipal diciendo, ‘no vamos a hacer consulta popular, y en cambio, vamos a hacer una sesión solemne del Concejo Nacional de Patrimonio, en la cual estarán representadas las autoridades elegidas popularmente: una cosa que no tiene nada que ver con la otra. Ahí empezaron la serie de estigmatizaciones y acusaciones. Se han radicalizado las posiciones hasta el punto en que estamos en este momento, en que se habla incluso de amenazas de muerte.”

Sanabria aseguró que hay una suerte de chantaje por parte de unas minorías que quieren ganar concesiones políticas, o de otros ámbitos, a través de esta oposición al traslado. (Los Yanaconas habrían pedido al gobernador la construcción de un acueducto y de unas carreteras).

Un punto que Socarrás cree que puede ser cierto, pero que no deslegitima otros reclamos. “No sabría contestar eso a ciencia cierta pero es bastante probable que sí (hayan querido obtener concesiones del debate). De hecho, el proceso político Yanakona ha sido un proceso de reivindicación territorial, étnica, y de recuperación de una serie de tradiciones. Entonces es posible que sí. Sin embargo, en estos casos uno no puede reducir la discusión a un chantaje,  porque adopta los mismos argumentos equivocados del Presidente o del Ministro del Interior por ejemplo, cuando satanizaron a los organizadores del Paro Agrario. Y sorprende mucho que eso venga de parte de un funcionario público, de una institución cultural, y de un antropólogo que se supone que está en condiciones de tener una visión amplia y respetar los diferentes puntos de vista. Los materiales, los objetos, y los sitios arqueológicos se convierten en herramientas potentísimas de reivindicaciones de cualquier naturaleza. No solamente pasa aquí, ha pasado en todo el mundo. Son elementos que son apropiados, reapropiados, revalorizados, re significados, y en esa medida, cuando uno intenta llegar a las comunidades que están alrededor de ellos tiene que hacerlo con mucho tacto y tiene que tener en cuenta esas consideraciones. Porque no puede ser que en el papel se diga que es necesaria la apropiación social del patrimonio cultural, y en la práctica, cuando un grupo de personas efectivamente se apropian de ese patrimonio, lo hace suyo y dice ‘no queremos que se haga esto con ello’, no se buscan consensos con ellos sino que al contrario, se les acusa. Sanabria fundamentalmente ha hablado con el gobernador, con el alcalde, con las autoridades de la zona, pero en nuestro país la representación política no es una cosa tan madura para que podamos decir que efectivamente el alcalde represente los intereses de la población, y este es un caso en que eso se ha visto.”

Sanabria asegura que en la discusión parece haber pasiones de orden personal. Arcadia publicó una respuesta de la antropóloga Maria Victoria Uribe, ex directora del ICANH, a la carta personal de Sanabria en la que sentaba su posición sobre los hechos. La respuesta de Uribe adquiere visos de pelea personal en su último párrafo: “Ante la impotencia que siente por no haber podido mover las estatuas de su sitio, Sanabria llama a un gran debate nacional que, según él, debe preguntarse por el chantaje de unas "minorías" que no saben siquiera lo que defienden. El que posiblemente no sabe que defiende es usted, doctor Sanabria.”

Ante estas palabras, Sanabria expresó a Arcadia su indignación y aseguró que “las declaraciones de María Victoria Uribe son un vulgar ataque personal.”

***

La polémica está servida. Cada una de las partes tiene argumentos de peso. En Bogotá no se verá la exposición planeada y ello es de lamentar. Pero también quedan duras enseñanzas sobre cómo deben ser manejadas las difíciles relaciones entre los centros de poder y las comunidades alejadas de ellos, en las que se inscribe el patrimonio de la nación.




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Este artículo fue actualizado el 20 de noviembre para incluir la siguiente carta, que el periodista huilense Melquisedec Torres envió a Arcadia.

He leído atentamente la nota en la web de Arcadia acerca de la fallida exposición de la estatuaria agustiniana en el Museo Nacional. Creo haberme informado muy bien, y estuve allá en diversas oportunidades este año (amén de que nací muy cerca, en zona rural de Pitalito en una montaña que mira hacia San Agustín), y por ello considero que la nota es bastante corta en detallar lo ocurrido.

1.      Hubo mucho más detrás que la postura de un grupo de personas - no agremiaciones, solo que cada firmante se atribuyó la representación - confluyendo diversos intereses, buena parte particulares, en contra de esta magnífica ocasión para la promoción de la cultura Ullumbe (como debería llamarse). Politiqueros que de la noche a la mañana aparecieron como "guardianes" del patrimonio como el presidente de la Asamblea del Huila, Carlos Alirio Esquivel, quien se alió extrañamente con un directivo de la empresa Gaseosas Cóndor para patrocinar el viaje - pagado - de supuestos periodistas a sabotear una reunión del Icanh con la comunidad, y luego financiaron  a un humorista para que, haciendo de periodista, se convirtiera en agitador contra la exposición entre la población agustiniana.

2.      Los argumentos en contra del evento fueron mucho menos serios de los que ahora plantean personas como Diego Muñoz: que se iban a robar las estatuas, que Sanabria las iba a vender a mil millones de pesos cada una en Bogotá e iba a devolver réplicas; que las estatuas son inmuebles (!¡) como las pirámides de Egipto, que era una exposición para “oligarcas rolos”, que son la representación de los dioses de los Yanacona (que llegaron a esa zona hace apenas 16 años), y estos se auto proclaman ahora sus dueños; que primero trajeran al país las que se llevó Theodor Preuss hace 100 años (proceso diplomático de larga duración) y con esas hacer la exposición, y otra cantidad de majaderías.

3.      Algunos de los “líderes” (de apellido Jamioy) en contra del traslado son reconocidos guaqueros de la zona, ahora convertidos dizque en protectores de lo que antes han saqueado impunemente.

4.      Como ustedes mismos verificaron, el traslado se haría bajo estrictas medidas de seguridad, pero gente como Muñoz, el humorista pagado por las gaseosas y otros armaron montajes para desprestigiar todo el proceso.

5.      Se perdieron recursos por cerca de mil millones de pesos, la mayor parte entregados por Ecopetrol, puesto que ya estaba pagado casi todo el proceso y no hay forma de que ese dinero se recupere.

6.      Hubo actos violentos en contra tanto de los funcionarios del Icahn como de quienes, con diversos argumentos, intentamos persuadir acerca de la trascendencia del evento. Y hubo irrespeto contra el profesor Héctor Llanos, un hombre de más de 70 años de edad quien es el más reputado conocedor de la cultura Ullumbe, a quien hicieron viajar más de 10 horas el pasado domingo desde Bogotá a San Agustín solo para no permitirle hablar en una maloca de los Yanacona.

Quienes ahora reclaman que no hubo “socialización” con la comunidad desconocen la amplísima difusión que tuvo todo este proceso. Solo faltó la consulta popular, mecanismo erróneo para esto. Lo único claro es que los opositores nunca quisieron escuchar razones, cuando se les vencía con un argumento salían con otro más absurdo y terminó un grupo reducido de personas, no más de 80-100 (en un poblado de más de 40 mil habitantes) con machete al cinto y piedras en la mano, bloqueando no las estatuas sino la más grande ventana que se le brindaba a esta tierra lejana para acercarse al país y al mundo.

Con todo aprecio,

Melquisedec Torres
Periodista

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