Benito Mussolini da un discurso en 1930.

El regreso del populismo

Desde la presidencia de Trump hasta el Brexit, el populismo ha logrado varias victorias en tiempos recientes. Hablamos con los columnistas de 'Semana' Antonio Caballero y León Valencia sobre las implicaciones que ha tenido -y que hoy tiene- este fenómeno político en Colombia.

2017/02/01

Por Ana Gutiérrez

El año pasado vio una racha de victorias inesperadas: Donald Trump en Estados Unidos, el Brexit en el Reino Unido y hasta el ‘No’ en el plebiscito colombiano del 2 de octubre. Junto a los avances de fuerzas antiestablecimiento político en Francia, Austria, Italia, España y Alemania, se ha avivado una discusión: ¿ha vuelto el populismo?

Trump, el Brexit y el Frente Nacional en Francia -liderado por Marine Le Pen-, entre otros, parecen encarnar la rabia popular y el rechazo a las instituciones tradicionales del poder, los partidos y los medios de comunicación. Latinoamérica ha tenido varios líderes que se podrían tildar de populistas: Getulio Vargas y Lula da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela y Juan Domingo y Eva Perón en Argentina. Algunos académicos señalan a Jorge Eliécer Gaitán como un líder populista.

Pero, ¿qué es el populismo? En términos simples, el populismo es un estilo de acción política que reúne a un líder carismático que abarca el poder de acción, un discurso crítico frente a las élites, un desprecio a las formas y a los partidos tradicionales y un discurso demagógico que promete soluciones fáciles. Busca movilizar un gran segmento de la sociedad que se siente alienado por el manejo del poder, del cual ha sido excluido.

En América el populismo a menudo ha sido de izquierda, pero en Europa ha tendido a ser de derecha; como tal el populismo no es ideológico. En la superficie sus ideales son admirables: renovar la política, abrir las puertas a la participación y corregir las falencias de los sistemas políticos que rigen. No obstante, es común que venga con un fuerte componente nacionalista, y en el pasado ha sido la estrategia de movimientos fascistas. Tanto Adolf Hitler como Benito Mussolini utilizaron la retórica populista, aunque los académicos no los llaman populistas como tal. Los discursos de Trump y Le Pen, por ejemplo, reaccionan a las crisis de refugiados actuales y a las angustias alrededor de la migración y la globalización. El discurso demagógico por definición canaliza las emociones de su audiencia. En este caso su frustración, rabia y prejuicios.

Aunque la ira es un componente casi vital de la política, toma una forma peligrosa bajo el populismo. El científico social estadounidense Albert C. Brooks, quien trabaja los vínculos entre cultura, economía y política, dijo lo siguiente en el Festival de Ideas de Aspen el año pasado: "No deberíamos lamentarnos por la presencia de la ira, necesariamente, porque la ira, especialmente cuando es justificable, por ejemplo cuando nos da en nombre de las personas que tienen menos poder que nosotros, es algo bueno. Es la marca de una buena sociedad porque entonces eso motiva políticas que velan por los marginados. El problema es cuando la ira es la característica principal de un sistema político. Eso tiene un nombre: populismo. Y el populismo está impulsado por el resentimiento, y ese es el combustible de una ira predominante, que se adhiere al corazón del sistema”. 

Entonces, ¿cuáles son las implicaciones del populismo en Colombia?

Para entender mejor el fenómeno, y su relación con el país, hablamos con Antonio Caballero y León Valencia.

¿Qué es el populismo?

Antonio Caballero:  La apelación al pueblo. Pero ¿qué o quién es el pueblo? “We the people…” decían los constituyentes de los Estados Unidos; y ese “nosotros”, referido a unas cuantas docenas de prósperos hacendados y comerciantes coloniales, pretendía representar de manera inmanente a todos los norteamericanos vivos entonces o todavía por nacer. “Il popolo italiano” de Benito Mussolini se encarnaba en Benito Mussolini. “El pueblo bogotano” en boca de Gustavo Petro quiere decir los seguidores del exalcalde Gustavo Petro. A diferencia de la demagogia, que sólo requiere palabras, o sea, promesas al pueblo, el populismo requiere actos: regalos al pueblo. Pan y circo. Subsidios para los estratos uno y dos. Por consiguiente, el populismo implica el poder. Y un poder con abundantes recursos económicos.

León Valencia: Hay populismos de izquierda y populismos de derecha. Tienen en común que son caudillistas, que fomentan la participación directa en la política, que recurren al nacionalismo, que no les interesa el fortalecimiento de los partidos, la división de poderes, el control ciudadano en las decisiones, son aventureros en los temas fiscales. Quieren una relación directa, no mediada, con los ciudadanos.

¿Ha tenido Colombia un presidente populista?

AC: Por lo menos dos, dictadores militares ambos. El general José María Melo en 1854, y un siglo más tarde el general Gustavo Rojas Pinilla en 1953-57.

LV: Colombia tuvo un caudillo populista más inclinado hacia la izquierda que fue Jorge Eliécer Gaitán asesinado en 1948 y un presidente populista más inclinado a la derecha durante dos periodos que fue Álvaro Uribe Vélez.

¿Cuáles son los beneficios de populismo? ¿Sus consecuencias negativas?

AC: Sus beneficios son tangibles, pero efímeros. El pan y el circo, como en la Roma antigua. Las Misiones Bolivarianas del chavismo en Venezuela. Su principal consecuencia negativa es la desmoralización.

LV:  Los beneficios y los males del populismo se miran según la óptica. Pero podríamos decir que hay males comunes: desistitucionalización, aventuras fiscales, debilitamiento de los partidos, polarización política, discriminación. Pero en el ejercicio concreto del gobierno siempre hay saldos positivos en algunos casos: el salto económicos y social de Bolivia es innegable, lo mismo en Ecuador. La exaltación de la participación política de la gente, su mayor interés por las decisiones nacionales, en el caso de Venezuela y Colombia.

¿El populismo es necesario para crear un proyecto de nación?

AC: Claro que no. Pero sí es útil para la consolidación de un proyecto de poder.

LV: Los populismos si establecen propósitos nacionales, fortalecen la identidad nacional y fomentan la diferencia con las demás nacionalistas, en general promueven cierto orgullo de país.

¿Cómo se han diferenciado los brotes populistas colombianos de los del resto de América Latina?

AC: Por la duración. Sólo cuatro meses de Melo, sólo cuatro años de Rojas Pinilla - frente a, por ejemplo, más de treinta años de peronismo en la Argentina - sumados a grandes saltos Perón, Menem y los Kirchner -, o a 17 años de chavismo en Venezuela - sumados Chávez y Maduro -, para no hablar de los casi sesenta que lleva el castrismo en Cuba. El populismo tiende a ser de derechas, y fascista. Pero se acomoda bien con ciertos aspectos de los regímenes llamados socialistas, e incluso social-demócratas: el Estado-providencia es populismo.

LV: Más bien se diferencian entre izquierda y derecha. Los populismos de izquierda invocan la desigualdad social, hacen énfasis en los derechos de los más pobres, promueven la redistribución de la riqueza por la vía de programas de asistencia social, atacan de frente a los ricos, hablan de justicia para los desposeídos, fomentan la confrontación con poderes externos que acusan de imperiales y lesivos de la unidad nacional, buscan empoderar a organizaciones sociales, impulsan los derechos de minorías sexuales, étnicas y sociales.

Los de derecha ponen el énfasis en los deberes de los ciudadanos con el Estado, en la riqueza y en las facilidades para la inversión empresarial, en la seguridad, en el desarrollo, en los valores tradicionales de la familia, la religión, rechazan temas claves de la agenda contemporánea como la igualdad de derechos los gay, promueven el nacionalismo como rechazo a los inmigrantes que usurpan el trabajo de los nacionales.

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