"How not to be seen", de Hito Steyerl (2013).

¿Realmente internet revolucionó el arte?

El arte digital, siempre marginado del discurso del arte contemporáneo, ahora es el centro de atención, pero no de la forma que uno supondría.

2014/03/28

Por Jason Farago, BBC Mundo

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BBC

¿Internet ha muerto? A primera vista parece una pregunta absurda, sobre todo porque usted está leyendo estas palabras en una computadora o móvil. ¿Cómo podría estar muerta una red de la que dependemos cada día más? ¿Acaso internet no es más grande que nunca?

Pero para Hito Steyerl, un artista afincado en Berlín, Alemania, que ha planteado esta pregunta en un ensayo reciente en el sitio web de artes E-flux, la propia ubicuidad de internet significa que ya no tiene ninguna coherencia.

De hecho, podría no existir ya en absoluto. "La internet continúa desconectada como modo de vida, de vigilancia, de producción y de organización”, sostiene Steyerl. Infecta todo, desde las identidades personales y las relaciones románticas hasta los debates políticos y la defensa pública.

"Es un muerto viviente y está en todas partes”, escribe el artista: internet, después de haberse filtrado en todos los poros de la sociedad, parece cada vez más difícil de definir. Tan difícil de definir, de hecho, que podría no estar en ninguna parte.

Steyerl es actualmente objeto de una retrospectiva en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres y también se cuenta entre los más de 30 de artistas que se presentan en una nueva exposición,  Arte post-internet, que se inauguró en marzo en el Centro Ullens de Arte Contemporáneo de Pekín.

Esta última muestra es un acontecimiento importante, no solo porque presenta en China a muchos artistas de Estados Unidos y Europa por primera vez. El arte digital, siempre marginado del discurso del arte contemporáneo, ahora es el centro de atención, pero no de la forma que uno supondría.

 

"Arte post-internet"

La muestra "Arte post-internet" se inauguró en marzo en el Centro Ullens de Arte
Contemporáneo de Pekín.

 

Doble sentido

La frase arte post-internet debe entenderse de dos maneras. Por un lado, el arte post-internet es simplemente el arte realizado luego de que aparece internet: una tendencia temprana y ligeramente ingenua que comenzó en la década de 1990.

En general, el arte en internet de aquellos días evadía las galerías y los museos y aparecía principalmente, incluso exclusivamente, en internet. Aunque atrajo un poco de atención de los museos (por ejemplo, el Museo Whitney de Nueva York recopiló unas cuantas obras de internet), realmente nunca saltó los límites de la práctica experimental para ganar visibilidad general.

El arte post-internet, en este sentido simple, se basa en esos experimentos previos, teniendo en cuenta nuevos factores como las redes sociales, la tecnología móvil o la vigilancia.
Sin embargo, el arte post-internet también es, como sugiere Steyerl, algo mucho más grande que una respuesta de segunda generación a la tecnología digital. En lugar de utilizar internet como un medio, se lo toma como un hecho de vida que se da por hecho, incluso como algo común y corriente, y se parte de allí.

Coburn

En "Soy ese ángel" Coburn explora cómo trabajamos

frente a la computadora.

Por ejemplo, en el trabajo de Tyler Coburn, un artista afincado en Nueva York, internet se filtra en las partes más íntimas de nuestra vida más allá de la notoria "serie de tubos” (como definió internet en 2006 el senador por Alaska Ted Stevens).

En su proyecto "Soy ese ángel”, que adopta la forma de una performance y un libro (¡un libro impreso!), Coburn narra la historia de un periodista digital que escribe historias que abordan temas de moda en Google o en las redes sociales y pierde poco a poco el sentido de sí mismo en medio de un constante bombardeo de ruido digital.

En Pekín Coburn presenta un nuevo trabajo que utiliza una pista de audio en la que aparece Susan Bennett, una actriz conocida por prestar su voz a la tecnología de iPhone conocida como Siri. Coburn no está desinteresado en la tecnología digital, todo lo contrario. Más bien, reconoce que los cambios producidos por la tecnología digital son apenas uno de los componentes de una secuencia de transformaciones económicas, sociales y psicológicas.

Brecha digital

Al reunir tantas prácticas diversas, la exposición de Pekín deja claro que el arte contemporáneo que responde a cuestiones digitales no tiene un solo mensaje. También tiene otra virtud: trae unas obras de arte de museo que, con demasiada frecuencia, quedan fuera de la corriente principal del arte contemporáneo.

Arte digital

Para el autor, la influencia de los artistas de los nuevos

medios, hasta ahora, ha sido muy limitada.

Los artistas que trabajan en el ámbito digital, como en tantos otros rincones de internet, pueden ponerse a la defensiva, incluso molestarse, cuando se señala l osiguiente, pero tampoco pueden negarlo: la influencia de los artistas de los nuevos medios, hasta ahora, ha sido muy limitada.

Claire Bishop, historiadora de arte del CUNY Graduate Center de Nueva York, dio a conocer esta mala noticia en un artículo titulado Digital Divide (Brecha digital), publicado en 2012 y que ha sido debatido interminablemente desde entonces. En los años noventa, cuando apareció la red mundial y el correo electrónico se hizo omnipresente, Bishop esperaba que el mundo del arte experimentara una transformación.

En general, esto no sucedió. "¿Qué pasó con el arte digital?”, se preguntó Bishop. La respuesta que se le ocurrió fue que el cambio realmente importante en el arte contemporáneo de los últimos 20 años no fue hacia lo digital, sino todo lo contrario.

Tomando nota de la reciente popularidad de las interacciones de la vida real en las galerías, del enorme aumento del arte de la performance y de la alta estima dada a medios de comunicación obsoletos, como los proyectores de películas y diapositivas, llegó a la conclusión de que el mundo del arte responde generalmente a las revoluciones de la tecnología digital desconociendo que éstas tienen lugar.

Poco interés

El ensayo de Bishop desató una ola de respuestas, muchas de artistas que consideraron que se estaba minimizando su propio trabajo. Pero como la propia Steyerl comentó en una entrevista, Bishop tenía toda la razón al afirmar que los órganos centrales del mundo del arte, como los museos, las bienales y las ferias, han mostrado poco interés en la cultura digital y muchas veces favorecen las formas analógicas que encajan con facilidad en la historia del arte o que conservan valor financiero obvio en el mercado.

(Steyerl, por su parte, dijo en broma: "La próxima vez que vea otro proyector de cine de 16 mm parloteando sin parar en una galería, voy a secuestrar el pobre artefacto personalmente y lo voy a llevar a un hogar de ancianos”). En este sentido, el arte post-internet representa un avance importante en la valoración de las prácticas digitales dentro de los museos.

La verdadera virtud del arte post-internet no es que rompa con la distinción entre las formas digitales y analógicas. Esto parece evidente en un momento en que tantos pintores utilizan Photoshop y tantos escultores utilizan el software CAD. Lo más importante es que revela que internet no es una innovación mágica separada de todo que le precede, sino que es un componente fundamental de la vida, para bien y, de hecho, para mal.

Como ha insistido recientemente el escritor Evgeny Morozov, internet, o "la Internet”, como prefiere decirle utilizando siempre comillas, no existe en ningún sentido coherente. Lo que sí existe es la tecnología y ésta no está libre de ideologías. El arte que denominamos post-internet alcanza su mejor momento cuando se reconoce que la propia internet, con todas sus innovaciones, no es la gran noticia de nuestro tiempo.

Lo que realmente importa son los elementos que coexisten tanto alrededor como dentro de internet: las perturbaciones económicas, las revoluciones políticas, los peligros ecológicos y los desórdenes psicológicos. El resto son solo píxeles en una pantalla.

 

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