Juan Gelman junto a un mural de Rep en Casa América Catalunya, en Barcelona

Recuerdos de Juan Gelman

Juan Gelman murió el pasado 14 de enero a los 83 años en Ciudad de México. Su amigo y compañero poeta Daniel Freidemberg y el reconocido dibujante Miguel Repiso (Rep) recuerdan al poeta.

2014/01/23

Por BBC Mundo

;
BBC

El poeta, escritor y periodista argentino Juan Gelman murió el pasado 14 de enero a los 83 años en Ciudad de México, donde residía desde hace más de 20 años. Su amigo y compañero poeta Daniel Freidemberg y el reconocido dibujante Miguel Repiso (más conocido como Rep) recuerdan al poeta.

Lo primero que me dijo cuando nos conocimos fue "te leo", y saber que Juan Gelman leía mis poemas fue para mí algo muy parecido a la gloria. Esa es una de sus frases que me quedaron grabadas, y la otra es "¿les molesta si fumo?": la pronunció al entrar a mi casa, en tiempos en que a nadie aun se le ocurría esa pregunta.

Así era Gelman, gentil, afectuoso, aunque siempre dentro de su estilo reticente e irónico, incompatible con las grandes demostraciones: le bastaba con colocar una frase breve y precisa en el momento exacto de la conversación. Por eso dolió tanto la noticia de su muerte, el 14 de enero: con cada uno de los que lo conocían tenía una relación muy personal. No ocurría lo mismo, sin embargo, con su poesía, nunca escrita para nadie en particular sino para una zona íntima y secreta de cualquier subjetividad humana. Escribía poesía para encontrarse con la poesía, dijo más de una vez.

"El amor, la niñez, la revolución, el otoño, la muerte, la poesía, siguen sumiéndome en la abierta oscuridad de su sentido, obligándome a buscar respuestas que nunca encontraré", escribió Gelman en el prólogo de su Antología personal de 1993.

A eso apunta su tentativa: la escritura de poesía como una búsqueda tan irresoluble como inexorable, conscientemente insatisfactoria, y que en esa insatisfacción encuentra su razón de ser; un modo de obedecer con lucidez y pasión al misterio de lo que reclama encontrarse con la palabra; la incesante pregunta por el sentido de lo que se presenta ante la subjetividad, y lo que resulta de esa insistencia es el poema, una obra poética que abarca casi cuarenta títulos, a partir de Violín y otras cuestiones, publicado en 1956.

En los años que precedieron a su muerte, Gelman llegó a ser considerado el mayor poeta vivo de la Argentina, y también uno de los mayores de toda la poesía en lengua castellana. Desde el Premio Nacional en su país hasta los premios Cervantes y Reina Sofía en España (2007 y 2005, respectivamente), pasando por el Pablo Neruda en Chile, el Juan Rulfo y el Ramón López Velarde en México, el Mondello en Italia o el José Lezama Lima en Cuba, entre otros, la gran cantidad de galardones que Gelman obtuvo no le impidió radicalizar cada vez más su aventura de búsqueda en la escritura.

De hecho, ya desde su quinto libro, Cólera Buey (1971), escribir poesía empezó a ser un arrojado tanteo de posibilidades hasta entonces inconcebibles, y nunca, desde entonces, su producción dejó de mostrar muy diversos y a menudo desconcertantes vuelcos.

Nacido el 8 de mayo de 1930 en Villa Crespo, uno de los barrios de Buenos Aires con mayor presencia de inmigrantes judíos, Juan Gelman era hijo de un revolucionario que emigró de Ucrania desilusionado por el avance del stalinismo, lo que no le impidió ingresar a los catorce años a la Juventud Comunista ni integrar un grupo de brillantes intelectuales del PC argentino que en la década de los 60 emigraron hacia una izquierda más radicalizada, para más tarde encuadrarse en una de las organizaciones armadas de la izquierda peronista, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, luego asimiladas por la organización Montoneros, por directivas de la cual viajó en 1975 a Roma, iniciando así un prolongado exilio.

La dictadura que luego sobrevino, entre 1976 y 1983, le ocasionó la pérdida de su hijo Marcelo, secuestrado con su mujer embarazada y cuyos restos fueron identificados a principios de 1990. Tras una ardua serie de investigaciones, en 2000 Gelman pudo recuperar a su nieta Macarena, nacida en Uruguay, a donde había sido llevada su madre, que permanece desaparecida.

El regreso a la Argentina recién fue posible en enero de 1988, luego de que la Cámara Federal de Apelaciones invalidó una orden de captura en su contra, debida a su militancia en Montoneros, organización de la que se apartó en 1977, pero Gelman eligió no quedarse en su patria. Luego de haber transcurrido su exilio en Roma, Madrid, Managua y París, a principios de la década de los 90 estableció en la ciudad de México su residencia definitiva. Allí, a través de artículos de opinión para el diario Página 12 de Buenos Aires, siguió ejerciendo el oficio de periodista, en el que tuvo un destacado desempeño en la década de los 60 y principios de los 70.

Desde el principio de su carrera, Juan Gelman ocupó dentro de la poesía argentina el lugar de un maestro, en el sentido que Ezra Pound dio a esa palabra: alguien que, además de inventar algunos recursos que otros adoptaron, reúne y ordena puntas de ovillos diversos.

Se trataba de la conjunción de un coloquialismo particularmente eficaz en su utilización del habla rioplatense con la experimentación escritural, la atención a la vida cotidiana y un compromiso político de izquierda. A partir de Cólera buey a esa poética le sucede la tarea de cuestionar, "desconstruir" y poner en juego, incluso en el sentido lúdico, los modos de escritura, hasta hacer de los juegos con el lenguaje un rasgo distintivo central, alternando a veces, sobre todo en Los poemas de Sidney West (1969), con la invención delirante de ficciones, a lo que desde Citas y comentarios (1982) se suma un muy productivo contacto con la poesía mística española y la tradición sefaradí.

El último libro publicado, Hoy (1913) es una colección de oscuras y desveladas prosas poéticas que, no sin angustia y con una extrema lucidez, lanzan interrogantes sobre el estado del mundo actual y sobre la propia experiencia cotidiana del poeta.

Renuente a hablar de su poesía, o de poesía en general, Gelman trataba de eludir las entrevistas, pero en una larga conversación que tuvimos hacia 1992 abandonó esa prevención. De lo mucho y muy valioso que dijo aquella tarde atesoro particularmente este fragmento: "Hay, creo yo, una cualidad del lenguaje, de la poesía en particular, por el cual las palabras dejan más cosas en silencio que dichas. Cuando las palabras logran decir lo que dicen y además decir lo que no dicen, y de esa manera logran callar lo que dicen".

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.