Una librería.

Embestida tributaria a la cultura

Si bien el trabajo cultural tiende hacia la reconciliación y la memoria -tan importantes por estas fechas-, la nueva reforma parece castigar a este campo, desde la importación de libros hasta las editoriales. Por Gonzalo Castellanos.

2016/10/24

Por Gonzalo Castellanos*

En tiempos de apuesta por la paz no se entiende la razón de resonar tambores de guerra contra la cultura. Pero así lo hace la reforma tributaria presentada unos días atrás para saldar un hueco fiscal que bien podría achacarse a odiosos casos de corrupción administrativa, pero nunca a los lectores, artistas o fundaciones culturales.

Si el proyecto fuera aprobado como está su primera víctima sería la lectura, algo que impacta inmediatamente propósitos de convivencia, equidad y tantos otros en educación, cultura o ciencia.

Con la reforma el andamiaje de estímulo vigente para la cadena de producción y circulación editorial tambalea desde la base: en lo sucesivo la importación y venta de libros, revistas o periódicos tendría 5% de IVA, cosa apabullante en el contexto de un país precariamente lector, con pobreza superior al 30% y marcado por una profunda brecha de acceso ciudadano a la lectura.

No solamente la compra de libros y textos escolares en soportes impresos y tecnológicos se agrieta con el impuesto; también la dotación bibliotecaria escolar, o de bibliotecas públicas concebidas como único servicio gratuito para la lectura y vía al conocimiento.

De su lado, las empresas editoriales y socios pagarán impuesto de renta, lo que contraría una exención histórica que ha movilizado el crecimiento de esta industria y, en cierto modo pese al costo todavía alto de los libros, ha contribuido a que éste no resulte realmente inalcanzable.

El recaudo en este renglón acaso no sea significativo para tapar el déficit, pero aterra el golpe a la edición de libros, a la vinculación de autores y a las entrañas de la lectura.  

Otras que podrían ingresar a cuidados intensivos son las corporaciones y fundaciones culturales sin ánimo de lucro: las existentes tendrán que cruzar muchos filtros para mantener el régimen especial que les permite no pagar impuesto de renta cuando reinvierten ingresos en actividades de interés social. Las nuevas entrarán a jugar con reglas tributarias de compañías comerciales.

Sabido es que funcionarios corruptos o empresarios insaciables recurren a tales instituciones para eludir impuestos o lavar dinero; pero en gestión cultural las entidades no lucrativas históricamente impulsaron notables iniciativas, cuando casi siempre flaquea el presupuesto estatal. ¿Por qué trasladarles la culpa ajena?

Las propias donaciones a instituciones culturales, de por sí poco atractivas en los incentivos que otorgaban, tendrían en lo sucesivo un peso insustancial: lo que era una deducción entre 100% y 125% del valor de cada donación, parece convertirse en un descuento con riguroso límite.

En cuanto a los espectáculos escénicos (teatro, danza, música) se abre prudente duda acerca de si todos los servicios para el montaje y producción exentos de IVA con la ley de espectáculos de 2011, serán nuevamente gravados pero peor bajo la regla que incrementa este tributo al 19%. En eso no hay total claridad, pero si queda a interpretación de funcionarios fiscalizadores se tenderá a la visión más negativa.

Insólito: sin falta la boleta para corridas de toros sigue sin IVA, pese a que todo afirma que no pueden recibir recursos o incentivos públicos.

Por vocación, el trabajo cultural tiende piso a la reconciliación y la memoria; a la recuperación de la voz en personas silenciadas por la exclusión social y las tácticas de la violencia. No cesan las razones del conflicto (desigualdad, inequidad, pobreza, corrupción, politiquería), pero hay esperanza porque disminuya, o incluso termine, la confrontación armada que ha vapuleado por décadas, más contundentemente a los pobres, campesinos, jóvenes, pensadores, sindicalistas y activistas sociales.

Además del efecto social y simbólico, varios puntos del PIB, de la inversión o el intercambio internacional provienen de la vida cultural y la producción en este campo.

El debate empieza y quizá, como en otras ocasiones de susto tributario, esto no pase de una estrategia negociadora. Bastaría, ministro de Hacienda y congresistas, con un honesto y concreto texto que aclare que ningún estímulo para actividades culturales se elimina o disminuye.

No le carguen a la movida cultural la deuda social y económica de los corruptos y evasores.

*Gestor de políticas y proyectos sociales y culturales en países latinoamericanos.

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