Señorita Cartagena, Laura González, luego de ser nombrada 'Señorita Colombia' 2017. Crédito: Joaquín Sarmiento / AFP

“Los reinados son algo infame”

El 19 de marzo se celebró el Concurso Nacional de Belleza, certamen que determina la ‘Señorita Colombia’ de cada año. Hablamos con cinco mujeres millennials para saber que significa el reinado para una nueva generación de colombianas.

2017/03/21

Por Ana Gutiérrez

El Concurso Nacional de Belleza (CNB) se celebra en Cartagena desde 1934. La ganadora del certamen recibe el título de Señorita Colombia y es la representante de Colombia en el concurso de Miss Universo. Este año tuvo lugar el 19 de marzo, el primer año que no se hace en noviembre, luego de un cambio en la organización de Miss Universo. Antes, formaba parte de las fiestas de Independencia de Cartagena. Contó con presentaciones de Miguel Bosé, Luis Fonsi, Víctor Manuelle, Piso 21 y Herencia de Timbiquí. Lo transmitió el canal RCN y fue el programa más visto en su espacio, con un puntaje de 10.6, de acuerdo con las cifras de Rating Colombia. El concurso y sus protagonistas también fueron tendencia en Twitter y otras redes sociales. En enero de este año, la transmisión de Miss Universo también ganó en los rating de domingo, con 10.1, a pesar de que el canal llevaba varios meses sin ocupar el primer lugar de la franja principal del fin de semana.

Sin embargo, se encuentra lejos de su mejor momento. En su pico de popularidad tenía entre 25 y 30 puntos, siendo así un premio codiciado para las pautas. Aunque en los últimos años ha seguido ganando en su franja respectiva, lo ha hecho con números más modestos 12,7 puntos en 2012, 10,2 en 2014 y 10,4 en el 2015.

El reinado es una tradición que ha perdurado más de ochenta años, pero cada vez parece estar más lejana de las realidades que viven las colombianas actuales. Hablamos con cinco de ellas, nacidas en los años ochenta y noventa, para entender por qué el concurso ya no reina en la cultura del país.

Juliana Restrepo, escritora antioqueña, autora de La corriente libro publicado por la editorial Angosta, explica que “vi muchos reinados cuando era más chiquita, mi familia veía reinados, mis amigas veían reinados. Jugué a ser reina en mi urbanización, nunca gané pero nos pasábamos una semana en vacaciones decidiendo qué vestido de baño usar, qué traje de gala, qué traje de fantasía. Era genial. Los veía porque todas las chicas los veíamos... son un gran show como otros concursos en televisión ¿quién ganará? ¿cuál será el vestido de fantasía de Miss ...? ¿quién apuesta por Miss ...?”. Pero en algún momento dejó de verlos, aunque no recuerda por qué o si fue una decisión consciente.

Ahora, cuando piensa en el reinado, dice: “¡Pobres chicas! Los reinados las exponen, las ponen ahí, a caminar, a hablar, mientras los otros miramos cómo se equivocan, qué gordo tienen de más, quien sonríe más bonito. Las preguntas que les hacen son muy fundamentales y muy difíciles, y, al ser a quemarropa, son muy injustas. Por ejemplo, recuerdo una. En un incendio ¿salvaría un perro o un cuadro? Esa pregunta es sobre si uno prefiere el arte, la cultura, lo creado por el hombre, la historia o la vida misma... Podrían hacerse tesis de doctorado en filosofía sin llegar a una respuesta. Cualquier persona respondería mal”. Restrepo es madre de una niña, y siente que "las generaciones venideras verán cada vez menos reinados porque las mamás y las abuelas y las amigas ya no le dan la importancia. Será cada vez un fenómeno más aislado, extraño, visto por unos pocos”.

Su compañera de editorial, Manuela Espinal, tiene una opinión más moderada. La escritora de dieciocho años explica que cree “que no está mal exaltar la belleza física de una mujer, pero definitivamente hoy en dia hay muchisimas mas expresiones de belleza, de talento y si quieren exaltar a la mujer como tal, no como símbolo sino por lo que vale, hay muchas otras maneras como hacerlo”.

María José Marroquín, la editora de Fucsia.co, es más crítica del evento: "la verdad el concepto me parece retrógrado. No lo vi, no lo veo hace mucho, sino es por las cosas mediáticas que ocurren por las que uno se entera porque se vuelven muy virales ni me entero ni del CNB ni de Miss Universo. Genera una vaina regional muy fuerte, dentro de Colombia y en el plano internacional, algunos de pronto lo ven más como una cuestión de resaltar a la mujer de su país o de su región. Me parece que en los últimos años han tratado que no solo sean las cinturitas y eso sino un papel más social o lo que sea pero al tiempo es una institución arcaica. Los reinados para mi dejaron a der cheveres desde los 10 años que si me sentaba a verlos, no es relevante no me produce nada. Me da pesar verlas en ese maratón, pero se que para ellas muchas veces es una oportunidad para darse a conocer y pasar de eso a una carrera”.

Vanessa Rosales, escritora, historiadora y consultora de estilo tiene una perspectiva particular sobre el tema. Ella trabajó un tiempo con el reinado y destaca un tema importante: “creo que los reinados existirán en la medida que las mujeres quieran interpretar ese papel y cumplir ese ideal. Ciertamente refleja un machismo interiorizado que tiene mucha importancia en Colombia por el papel que ha tenido el CNB, pero es importante interrogar por qué las mujeres siguen poniéndose para que las elijan reinas. Esto muestra que hacer de la belleza una gran fuente de la identidad femenina sigue siendo una gran tentación y un ideal común. Los reinados ya están mandados a recoger, pero es una manera de vivir la feminidad. El CNB va a perder fuerza con el cambio de fechas porque se rompió una tradición poderosa pero sobre todo porque más mujeres están conscientes sobre lo que implica. Pero toca acordarse que en este país muchas mujeres no acceden a la educación, necesitan un hombre para subsistir porque no hay otra manera y el reinado es una posibilidad para ellas. Da oportunidades, muchas reinas se han vuelto grandes empresarias y mujeres de influencia. En Colombia ha sido una fuente ambivalente de empoderamiento así no nos guste”.  

En cuanto al evento como tal, siente que "las personas que lo ven hoy es más por el morbo del entretenimiento y es un rezago de una institución que durante mucho tiempo era la única referencia de moda en el país, era el acontecimiento. Pero creo que persiste sobre todo porque las mujeres desean ser reinas, ya no tiene la misma relación porque la industria de la moda se ha ido especializando y creciendo”.

Como Marroquín, señala que “hubo una especie de revival cuando lo de Miss Universo con lo de Ariadna Gutiérrez y Steve Harvey, cuando se equivocó y se volvió viral. Estaba bastante moribundo entre una amplia proporción femenina, entre las mujeres de mi edad, pero ha tenido un momento de re-encenderse”. Eso se ha visto reflejado en su presencia en las redes sociales, que difundieron la noticia y los memes de Gutiérrez y Harvey.

Pero el internet también sirve para rechazar el evento.

La escritora caleña Amalia Andrade criticó la ceremonia en su Twitter. "Me parece evidentemente fatal que eso se sigue haciendo- dice- Por una parte representan todo lo que es antinatural a la mujer; la gran mayoría son operadas o de otra manera han trabajado su cuerpo para alcanzar unos estándares de belleza femenina anticuados y machistas. Sobre todo, le dan prioridad a un tipo de cuerpo y eso dice que los otros cuerpos no importan, es una tergiversación de lo que es en verdad el cuerpo femenino, de la cantidad que hay. Me parece además que celebrar la idea de que el atributo más importante de la mujer es la belleza es completamente anticuado. Darle esa importancia a cómo luce es un arraigado más grande del machismo que no soluciona nada”. Para Andrade, "lo del las preguntas es lo más infame del planeta. A cualquier le pone 60 luces encima y tan poco tiempo para responder y tambien saldria con una babosada. El jurado de ayer eran 3 hombres bastantes mayores y una mujer: me parece que estamos mal".

Se le nota cierto alivio cuando dice que “creo que ha perdido muchísima popularidad, no tiene la vigencia que tenía en otros momentos. Para abordarlo desde otro punto de vista, quitándole todo esto de la objetivización de la mujer y la validación de la mirada masculina, está muy mal en términos de producción televisiva. Es vergonzoso, es un espectáculo muy prominente pero no se invierte en nada desde dirección de arte”.

"El fin de esto es 100% capitalista, el cupo para participar en el reinado le cuesta a un departamento aproximadamente 1500 millones de pesos. Es una barbaridad, se podría estar invirtiendo en otras cosas que pueden ayudar genuinamente al país como programas sobre la discriminación de género, prevención del maltrato a la mujer, educación. El CNB me parece una cosa muy infame" concluye Andrade. 

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