Nanni Moretti y Margherita Buy, dos hermanos que se preparan para la muerte de su madre

'Mia madre': lo real del cine y la muerte

Nanni Moretti vuelve con dos temas que distinguen su obra, la elaboración del duelo y la auto referencialidad. Esta vez, introduce un tono de comedia surrealista que puede desentonar pero que en últimas, allana un terreno interesante para pensar el dolor emocional.

2016/04/07

Por Laura Martínez Duque

Los trabajadores de una fábrica italiana forman una turba enardecida que defiende sus derechos laborales mientras la policía los reprime con violencia. Alguien grita “corte” y lo que parecía el inicio de una película políticamente contundente se convierte en una gran parodia del cine. Ya desde la primera secuencia, en Mia madre, se funden realidad y ficción.

Margherita, de unos cincuenta años o más, es la cineasta que dirige la película sobre las injusticias laborales al interior de una fábrica italiana.  La súper producción a su cargo demuestra su status dentro de la industria. Al mismo tiempo, parece perdida en su propia ficción, repitiendo las mismas directivas una y otra vez como un autómata. Ha perdido la pasión y el impulso.

Luego de la presentación engañosa, el tono de Mia madre vira bruscamente. Además del tedio en su trabajo, Margherita tiene a su madre hospitalizada y su muerte es inminente. La cuenta regresiva de la madre comienza a fracturar la vida de Margherita: decide ponerle fin a una relación sentimental, choca con el protagonista de su película -un actor de poca monta y mucho ego interpretado por John Turturro-, reconoce que no sabe nada de la vida de su hija adolescente y, en el medio, debe rodar una película y elaborar su duelo.

Nanni Moretti interpreta a Giovanni, hermano de Margherita y buen hijo que deja su trabajo para dedicarse a la madre. La película nace de la auto referencialidad característica del director italiano, cuya madre murió en 2011 durante el rodaje de Habemus Papam. Mia madre refleja el colapso emocional que implica hacer una ficción cuando la realidad es aplastante. Margherita, alter ego femenino del director, afronta un colapso en todas sus dimensiones: mujer y cineasta, hija, madre y hermana.

Ya en La habitación del hijo (2001), Moretti exploraba las formas del duelo desde un tratamiento más crudo y realista. Esta vez se toma otras licencias creativas e incorpora elementos oníricos y surrealistas para interpelar al espectador y enfrentarlo a la realidad de la muerte. Y aunque el director logra generar la aflicción, hay secuencias –sobre todo las que tienen a Turturro como figura principal- que buscando la comedia o el absurdo, por momentos desentonan e incomodan. Al mismo tiempo parecen estar construidas con el propósito de generar el hastío que finalmente logra derrumbar a la protagonista.

En Mia madre hay otra propuesta interesante del italiano quien, además de volcar elementos autobiográficos, hace un guiño de burla sobre su oficio. La película fluctúa entre el drama y la comedia del mundo del cine y sus personajes arquetípicos: el cineasta que ha perdido el sentido de su vocación, el actor protagonista y egocéntrico al que se le rinde pleitesía durante todo el rodaje, el trabajo impostado del actor en la interpretación de realidades que le son completamente ajenas, el enorme presupuesto para hacer una película sobre la inequidad económica que bien podría ser invertido en una causa real, en fin, Nani Moretti sabe reírse de sí mismo. Finalmente, Mia madre es una película desgarradora por momentos. Esos en lo que el realizador se expone y ahonda en su propio dolor, sí que valen la pena.

 

           

 

           

 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.