Bolaño nació el 28 de abril de 1953.

¿Cómo llegó Roberto Bolaño a la literatura?

La respuesta está en sus cartas de juventud. Mantuvo durante casi veinte años una correspondencia con la crítica literaria chilena Soledad Bianchi que revela sus esfuerzos por dedicarse a la escritura desde muy joven. Una muestra de la comunicación está expuesta en la biblioteca Nicanor Parra en Santiago de Chile.

2017/07/11

Por por Ana FERNÁNDEZ / AFP

Si algo tuvo claro siempre Roberto Bolaño era que quería convertirse en escritor, costase lo que costase. Así lo pone de manifiesto la correspondencia que mantuvo durante casi veinte años con la crítica literaria chilena Soledad Bianchi. "Con modestia, verdadera o falsa, Bolaño aclaró que mientras los españoles, que escribían bien, no tenían historias que relatar, a él no le faltaban asuntos para contar y esa era su gran ventaja", dijo Bianchi en noviembre de 1998, cuando la novela Los detectives salvajes estaba a punto de salir.

Cartas, la mayoría de ellas manuscritas, poesías y hasta borradores de novelas que intercambió con ella es lo que Bianchi acaba de venderle a la Universidad Diego Portales de Chile. Desde la semana pasada la biblioteca Nicanor Parra expone este material inédito, un poderoso aporte al archivo del escritor chileno.

"De lo que nunca quedó duda de carta en carta es su porfía y pasión por la literatura", dijo Bianchi en una cátedra consagrada a Bolaño. "Él quería ser escritor y sabía que lo sería, aunque debía dejarse el pellejo".

A través de estas cartas, nos enteramos de cómo Bolaño gestó su consagración literaria, que casi no pudo disfrutar debido a su muerte temprana en 2003, a los 50 años. También está el esbozo argumental de Monsieur Pain, que se convertiría en La senda de los elefantes en 1984, y hay referencias a El espíritu de la ciencia ficción, que se publicó de manera póstuma en 2016El hecho produjo una pequeña tormenta en el mundo literario de Hispanoamérica, generando debates sobre el manejo del legado de Bolaño. 

Por las cartas también se entiende que Bolaño estaba interesado en que lo leyera Antonio Skármeta, escritor y paisano; nos enteramos de que vivía solo "desde hace varios años en un departamento a pocos metros del de mi mujer" en la misma calle, el carrer del Lloro de la ciudad catalana.

Pero las cartas sobre todo nos permiten enterarnos de cómo vivía en Girona, "un pueblo miserable pero con bonitas ruinas medievales"; de su vieja estufa eléctrica, de que bailaba para soportar el invierno, de la música que escuchaba, de su revista Berthe Trepat, que cerró al tercer número porque no encontraba poemas para publicar.

La exposición "El escritor joven y la crítica: muestras de epistolario Bianchi/Bolaño" da fe de esta relación epistolar desde 1979 hatsa 1997, durante su afincamiento en Girona, España, tras un periodo viviendo en México. 

Un visitante a la exposición. Crédito: Martin Bernetti / AFP.

Bianchi y Bolaño se conocieron en 1998, en Chile, tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), pero mantuvieron una relación por correo. Ella vivía exiliada en Francia, y en casi veinte años solo hablaron un par de veces por teléfono. "Al parecer fui yo quien contactó a Bolaños el 17 de agosto de 1979, fecha de la carta más antigua que encontré", dijo Bianchi en la cátedra en homenaje al escritor. Le escribió para solicitarle colaboraciones poéticas para la revista cultural Araucaria de Chile, la revista de referencia del exilio chileno, ligada al Partido Comunista, de la que Bianchi era editora.

La exposición de comunicación entre Bianchi y Bolaño. Crédito: Martin Bernetti / AFP.

Vida de penurias

En casi todas la scartas, el hilo conductor son las penurias, aunque eso no le hace perder el humor.

"Desde 1993 vivo únicamente de la literatura, es decir: vivo pobremente (ahora que lo pienso, como siempre)".

"Para subsistir se había presentado una y otra vez a innumerables concursos convocados por ayuntamientos e instituciones", explica Bianchi.

En las cartas manuscritas suele firmar con una gran "R.".

Obsesivo

Según la editora, Bolaño era bastante obsesivo con sus preocupaciones e intereses, y hay asuntos sobre los que vuelve una y otra vez a riesgo de ser "majadero", como él mismo reconoce.

A partir de sus cartas podría hacerse un listado de ocupaciones y preocupaciones propias y de su entorno: lecturas, futbolistas, cosas curiosas, cantantes, adicción a los juegos de guerra.

Esta correspondencia se fue interrumpiendo y espaciando al regreso de Bianchi a Chile en 1987, año en que por fin se vieron las caras.

Después llegó el éxito con títulos como Los detectives salvajes, novela ganadora del Premio Herralde en 1998 y del premio Rómulo Gallegos en 1999, y la póstuma 2666, hasta convertirse, después de su muerte, en uno de los escritores más influyentes de la literatura en español.

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