Rodrigo García Barcha nació en Bogotá en 1954. Foto: Pablo Andrés Monsalve.

“Quise mostrar el lado humano de Jesús”

El cineasta Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez, estrena el jueves 11 de agosto en el país su más reciente película, ‘Últimos días en el desierto’, una ascética y delicada meditación sobre Jesús y los dramas familiares. Hablamos con él.

2016/08/08

Por Christopher Tibble

¿Por qué decidió hacer una película sobre Jesús?
No es que me propusiera hacer una película sobre Jesús. Se me ocurrió una idea en la que Jesús saliendo del desierto se encuentra con un padre y un hijo; y un poco se ve involucrado en el drama familiar de ellos. La idea no era hacer una película sobre Jesús, sino que esta idea se me ocurrió en particular, por supuesto, si Jesús está en la película, la película finalmente es muy sobre Jesús. Pero no era una película hecha para abordar en particular la problemática de Jesús especialmente.



La película no se siente, a pesar de su protagonista, necesariamente bíblica. ¿Quién es este Jesús?
Este Jesús es por supuesto una interpretación de todos los otros jesuses que existen. Hay tantas interpretaciones de los evangelios como de lectores y analistas de los evangelios y leí multitud de libros sobre Jesús y no hay dos iguales. La figura es enorme y muy interpretable, entonces, yo en general me concentre en el lado humano de Jesús y en cómo, en su calidad de hijo humano, aunque fuera hijo de Dios, se ve involucrado, interesado, intrigado, por la relación de este padre y este hijo que conoce en el desierto. En este sentido creo que la contribución de Ewan McGregor es enorme en hacer de este Jesús una persona muy real, muy humana, muy accesible, creo que en ese sentido, su trabajo, el trabajo de Ewan es excelente.

¿Usted se considera un hombre religioso?
No particularmente, pero bueno, crecí en México, hijo de colombianos, viví en Barcelona, o sea crecí sobretodo en un mundo muy católico, no necesariamente muy católico, para un mundo católico, y bueno, siempre en mi familia hubo el interés religioso, por lo menos un interés histórico y literario por la biblia, los evangelios. En ese sentido creo que siempre tuve esa curiosidad por la figura de Jesús, ¿quién fue?, ¿cómo vivió?, ¿cuáles fueron sus circunstancias? Creo que es un tema que ha fascinado a religiosos, ateos, cristianos, no cristianos, desdés hace mucho tiempo.

La película, como otras obras suyas, trata de cerca las dinámicas familiares. ¿Qué le interesa de las familias y de cómo funcionan?
Yo creo que la familia siempre será un ámbito inagotable no, tanto en la literatura como en el teatro y en el cine. Las relaciones familiares son muy conocidas, muy familiares, valga la redundancia, pero también son de una fuerza enorme de los conflictos familiares. Las emociones familiares siempre tienen mucho poder, entonces creo que es un tema al que uno puede volver una y otra vez. Es el vivir con gente a la que uno quiere, a veces uno no puede vivir sin ellos, a veces no puede vivir con ellos, o sea, ese tipo de conflicto de estar atado a los seres queridos es una temática que me interesa. 

En la película la relación más compleja es la de padre e hijo, en el caso de los campesinos y en el caso de Jesús. ¿La película trata, de alguna manera u otra, sobre su relación con su padre?
No particularmente. Las circunstancias por supuesto no tienen nada que ver, pero si soy hijo y también soy padre, entonces pues evidentemente coseché de toda mi experiencia personal y de lo que he visto en otros hijos y en otros padres, pero no estrictamente en la relación con mi padre. No, las circunstancias no son las mismas, ni la problemática, ni la dinámica es la misma.

Con todo lo que hoy se habla sobre las tensiones entre el mundo occidental y el islam, ¿qué opina sobre el papel de las religiones en el siglo XXI?
El papel de las religiones sigue siendo contundente, siempre han existido esos conflictos. Creo que de hecho han existido por lo menos con tanta violencia como ahora o  mucho más. También considero que vivimos una etapa donde muchos países lograron o escogieron estar en mundos más seculares, pero la pasión religiosa siempre ha existido y evidentemente seguirá existiendo.

Cuéntenos un poco del proceso del rodaje en el desierto. ¿Cuáles son sus retos? ¿Sus ventajas?
Con Emmanuel Lubezki, quien es un gran fotógrafo, nos propusimos hacer la película con un grupo pequeño, con mucha agilidad de movimiento, tratando de evitar tener que movernos con un gran equipo en el desierto pues es un terreno difícil, complicado, duro. Teníamos poco dinero y poco tiempo, entonces creo que lo hicimos no como un documental pero si con gran ligereza. El desierto por supuesto es bello, acogedor, áspero y violento. Hay que tratarlo con mucho respeto. Por supuesto, el desierto cambia a medida que cambia de luz. Hay un desierto diferente cada media hora. Además, por un lado es muy acogedor y por otro es muy hostil. O sea, creo que sigue siendo un ámbito que ha atraído a gente y sigue atrayendo, sobre todo gente que busca reflexionar y tratar de conectar su interior con el gran exterior.

Colombia ahora atraviesa un momento tan histórico como polarizado en cuanto al proceso de paz. ¿Cómo ve la situación desde afuera?
La he seguido en la prensa dentro de lo posible, no la conozco en detalle, pero sí tengo fe, espero que el acuerdo se mantenga, se desarrolle, creo que definitivamente hay mucha gente en Colombia que desea que esto se detenga ya, esa guerra tan larga. Y bueno, tengo las mejores esperanzas de que así sea.

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