Fotogramas de 'Anatomy of Violence', 'Snowden', 'Austerlitz' y 'I Am Not Madame Bovary'.

Sobredosis de cine

Sandro Romero Rey cierra su cobertura del Festival de cine de Toronto con esta lista de películas imperdibles.

2016/09/19

Por Sandro Romero Rey

50 largos, sin contar repeticiones, no es un mal balance para un espectador obsesivo y curioso como el que garrapatea estas líneas. Cierro mis memorias canadienses preparando el espíritu para la llegada de Keith Richards y Ronnie Wood la noche del 16 de septiembre, según se informa, para el estreno de The Rolling Stones Ole Ole Ole: A Trip Across Latin America de Paul Dugdale (no confundirla, por favor, con Havana Moon). Un festival de cine es una triste historia de amor. Hay que huir un día antes, para que no nos desbarate la nostalgia de las sillas patasarriba encima de las mesas. Aquí los últimos reportes:

La región salvaje de Amat Escalante. El cine latinoamericano ha tenido frecuentes pesadillas con el cine fantástico. Y cuando el horror se confunde con las realidades sociales y, sumándole al coctel, emergen los delirios eroticos (homo y heteros) el asunto se complica. Por fortuna, el realizador mexicano Amat Escalante continúa con los riesgos iniciados en Heli (su premiada película en Cannes del 2013) y sale al otro lado, con una aventura audiovisual que no nos deja olvidar la tremenda Posesión, del recientemente desaparecido Andrzej Zulawski, que tantos insomnios nos provocaría a los amantes del sexo con tentáculos.

Snowden de Oliver Stone. Los límites de la provocación política del director de Platoon quieren llegar hasta los límites de la exasperación, no importa si hay que ir a entrevistar a Fidel Castro o alborotar a Hugo Chávez para conseguirlo. En este caso, la historia es tan reciente que el thriller estalla dentro de sus límites ficticios para obligarnos a hacer continuas reflexiones sobre la realidad inmediata. Con la estética del frenesí impuesta para JFK o Nixon Oliver Stone construye una película, en medio de todo el horror, que gratifica los sentidos y ahonda la desconfianza.

I Am Not Madame Bovary de Feng Xiaogang. Parábola de sutiles guiños a los dramas románticos, solo para hundirnos en dramas de burocracia afectiva en la China de hoy. El cine oriental sigue reinando en los festivales del mundo, abriéndose campo más allá del hermetismo, la sobriedad y las distancias a veces exasperantes.

Jota de Carlos Saura. Cuantas películas musicales ha hecho el director de Cría cuervos? Desde su inolvidable trilogía con Antonio Gades, Saura no para de homenajear a instrumentistas, cantantes o bailarines, en una lista que ya supera los doce largometrajes. Jota sigue la misma línea y, para no perder la costumbre, asistimos a sus ceremonias en estudio, donde el folklore se convierte en un acto de elegancia para los tercos seguidores de un director que ha subido al cielo, ha vuelto y parece que cumplirá cien años filmando, como la mama de su inolvidable film del 79.

Souvenir de Bavo Defurne. Coproducción franco-belga-luxemburguesa, con Isabelle Huppert a la cabeza de una comedia romántica acerca de una olvidada cantante que regresa a los escenarios por el amor de un boxeador. Es difícil dejar de pensar en Claude Chabrol cuando vemos a Isabelle Huppert en alguna película y tengo la perversión de pensar que, en cualquier momento, se nos viene un crimen. Pero el film no pierde sus riendas y sale flotando al otro lado, gracias al talento sobrenatural de su estrella.

Tarde para la ira de Raúl Arévalo. Frenético thriller español de una velocidad que no cesa. Un hombre, al parecer inocente, enamora a una joven que tiene a su marido en la cárcel, solo para sumergirnos en una espiral de violencia y venganzas, cada vez más inesperadas. Gran sorpresa para un cine que parecía hundirse en las nostalgias de su propia crisis.

Austerlitz de S. Loznitsa. Turistas de verano en un campo de concentración. Las imágenes en blanco y negro se detienen en larguísimos planos fijos, viendo deambular a los inocentes curiosos que se pasean, en shorts y gafas negras, por lo que otrora fuese el epicentro del horror. Auschwitz convertido en Disneylandia. Documental de observación de pocos artificios, pero que pone sobre la palestra las inevitables ironías.

Yourself and Yours de Hong Sang-soo. Otro nombre más, para engrosar la lista de la religión por el cine coreano. Comedia de equivocaciones, drama de planos fijos y tristes romances cotidianos, el espectador sale con la conciencia tranquila, pero con la extraña sensación de haber sido testigo de una historia de amores de otro planeta.

Anatomy of Violence de Deepa Mehta. El director de la India pone en escena, con jóvenes actores, la vida cotidiana de los violadores de una joven en un bus de Delhi, escándalo que, en el 2012, tuvo resonancia mundial. En la última parte del film, las entrevistas reales nos sumergen en el infierno de la realidad y de cómo el "homo depredatorious" no tiene redención. La violencia en el cine no da tregua. Y los espectadores de centros comerciales no la soportan. Porque se parece demasiado a la vida. Y nacimos para escapar.

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