Kent nació el 27 de marzo de 1968 en Estados Unidos.

Stacey Kent, una narradora de historias

La cantante de jazz estadounidense, nominada a los premios Grammy, está de gira por Europa presentando su álbum ‘Tenderly’. Nos recibió horas antes de un concierto en Basilea, Suiza.

2016/11/24

Por Natalia Ruiz Giraldo

Un domingo hace catorce años años un programa de radio propició un encuentro que cambiaría la vida de la estadounidense Stacey Kent. La jazzista oía Desert Island Discs en una de las emisoras de la BBC. El invitado era Kazuo Ishiguro, autor de novelas como Los restos del día y Pálida luz en las colinas, quien contaba cuáles eran los siete discos que se llevaría a una isla desierta, entre los cuales citó uno de Kent. Ella, quien admiraba su trabajo, se sintió conmovida y sin dudarlo lo contactó. De ahí nació una amistad que creció entre almuerzos y conversaciones.

Descubrieron que tenían mucho en común, como el haber dejado su tierra natal. Él lo hizo de pequeño cuando su padre emigró de Japón a Inglaterra por trabajo. Ella, para estudiar y “explorar el mundo”. La máxima expresión de esa amistad se tradujo en letras de canciones que Ishiguro compuso para la cantante. Entre ellas The Ice Hotel, canción recompensada con el International Songwriting Competition incluida en el disco Breakfast on the morning tram (2007), que le valió una primera nominación al premio Grammy a mejor álbum de jazz.

Kent habla seis idiomas y antes de dedicarse a la música estudió literatura comparada. De ahí su amor por las palabras y una particularidad que la destaca: canta en inglés, francés y portugués. Ser políglota le ha permitido diversificar su repertorio y alcanzar un público más amplio.

A la jazzista la acompañan Jim Tomlinson en el saxofón, Graham Harvey en el piano, Jeremy Brown en el bajo y Josh Morrison en la batería. En cada una de las canciones que interpreta tanto en sus discos como en vivo, se toma su tiempo en las palabras de cada verso. Así ocurre cuando canta sobre el encuentro en un bar al atardecer que reinterpreta en Photograph de Antonio Carlos Jobim o en That’s all, que en su voz dulce es como redescubrir la letra del clásico.

Horas antes de su concierto en Basilea, Suiza, Kent concede unas pocas entrevistas mientras se toma un té. Tiene los ojos azules pequeños pero vivaces, que resaltan por el suéter azul marino que lleva puesto. Sus rasgos son finos y habla con una pasión contenida que poco a poco va liberando al hablar de su música.

En su más reciente disco, Tenderly (2015), usted interpreta canciones del Gran Cancionero Americano, un viejo conocido suyo y base de su discografía. ¿Por qué decidió volver a este repertorio?

El proyecto surgió gracias al músico brasileño Roberto Menescal, quien creció amando la música de mi país de los años cincuenta, como la del guitarrista Barney Kessel. Pero Roberto nunca había tenido la oportunidad de tocar el Gran Cancionero Americano porque él vive en Brasil y se dedica a una música diferente. Vino a grabar con nosotros The changing lights y fue durante esa sesión que dijo: “¿sabes?, me gustaría hacer contigo un álbum de stándards”. Eso me trajo tanta alegría porque es como cuando le muestras tu ciudad a alguien que nunca ha estado allí. Entonces tú los llevas de un lado al otro por calles que sueles caminar todos los días, sabes que es hermoso pero dejas de verlo y no las ves como ellos las ven. Y es gracias a su visión que empiezas a ver todo diferente. Lo mismo ocurrió con estas canciones.

¿Por qué cree que las canciones que conforman el Gran Cancionero Americano perduran en el tiempo?

Es claro que se trata de canciones de hermosa construcción, estos compositores sabían llegar al corazón de estas y de la condición humana. Están creadas con perfección, por eso es imposible dejar de cantarlas. La manera como Natalie (Cole) y yo cantamos Embraceable You es diferente porque somos dos personas distintas. Eso es lo que hace de este repertorio en el que navego algo tan divertido. Nunca tienes que esforzarte demasiado para ponerle tu toque a una canción.

Aunque este disco es de stándards, usted no se resistió a cantar un tema de bossa-nova, uno de los géneros que más quiere. Incluso grabó un disco en portugués junto al músico brasileño Marcos Valle, quien colaboró con Sara Vaughn y Chicago en la década de los setenta. ¿Sentía la necesidad de incluir el tema Agarradinhos en su último trabajo?

Sí, porque Marcos escribió esa canción y en ella puedes escuchar, aunque se trate de una canción brasileña, algo que se acomodaba al resto de canciones, un cierto groove. Lo que amo de la bossa-nova y que funciona con mi personalidad es que se trata de una música que está en dos y no en cuatro, así que literalmente te hace avanzar. La melodía puede ser una experiencia melancólica, triste y aun así la canción fluye y justo allí se produce una tensión suave entre ambas. Si me preguntas, te diría que eso no es otra cosa más que la condición humana misma. La vida está llena de alegría y de tristeza y con eso tenemos que lidiar como seres humanos.

¿Qué diferencia encuentra en cómo interpreta una canción según el idioma en el que la cante?

Creo que hay un cambio, una variación. Aprendí francés por mi abuelo, quien pasó su juventud en Francia. Cuando hablaba con él había un cambio, lleno de sutilezas, que me ponía en cierto estado de ánimo. No se trata de convertirse en una persona completamente distinta pero la entonación cambia, el fraseo cambia. Eso es muy divertido para mí como cantante. Es algo sutil pero la experiencia es distinta, y no sería tan rica si no pudiera utilizar y jugar con todos estos idiomas. Además yo solo canto en los idiomas que sé hablar. De lo contrario cantar se convertiría en una cuestión de fonética y no de poesía y cuando canto una canción estoy dentro de ella, es algo tan físico y sensual que es necesario estar dentro de las palabras, no estar pensando en su pronunciación.

Hablemos sobre su trabajo junto a Kazuo Ishiguro, ¿Cómo es el proceso de componer teniendo a un escritor de su nivel como letrista?

Esa ha sido la experiencia más increíble de mi vida musical porque él tiene un manejo increíble del lenguaje, una visión y una forma tan particular de escribir diálogo en sus escritos… Se trata de alguien que me conoce muy bien, que me entiende a mí y a mi sensibilidad. Me dijo: ‘eres una viajera literal y metafóricamente’. Hablamos de la tristeza en sus historias, pero por su predisposición como ser humano hay una pequeño destello de esperanza. Yo quería que me escribiera canciones y le dije: ‘aunque sean tristes, dame aunque sea un poco de esperanza’.

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Las letras de Ishiguro fueron la materia prima para que Jim Tomlinson, productor y quien está casado con Kent, compusiera cada uno de los temas. Una manera de trabajar que le dio libertad pues no tenía que ajustarse a ninguna forma ni a las 32 barras de compás de los estándars. De esta manera Kent tiene ahora un repertorio propio, hecho a su medida, con el que espera seguir recorriendo el mundo y contando historias pasadas y nuevas. “A Colombia nunca he ido, es increíble haber visitado tantos países y pensar que aún me faltan muchos a los que ojalá pueda ir”, concluye con una sonrisa cálida.

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