Ayad Akhtar nació en Staten Island, Nueva York en 1970.

“Disgraced”, un drama sobre el choque de culturas

La obra de teatro, que le valió a Ayad Akhtar, su autor, el premio Pulitzer en 2013, utiliza una cena entre amigos para examinar las tensiones que existen entre Occidente y Oriente. Una reflexión sobre la identidad, el racismo y el mundo contemporáneo.

2016/05/17

Por David González M* Frankfurt

“Disgraced” es una obra de un solo acto. No necesita más.

En 80 minutos, la obra de teatro alemana Disgraced expone la violencia estructural de Occidente hacia quien viene del Medio Oriente, pero también la violencia tacita de quienes son criados en las más estrictas normas musulmanas. No es una obra inocente. Toca temas como el radicalismo, el racismo virtual de los liberales blancos, el choque de las culturas en el mundo contemporáneo y la inevitable asfixia de quienes lo padecen.

Amir es un rico abogado corporativo de padres pakistaníes musulmanes que emigraron  a Nueva York hace décadas. Ha logrado llegar a los pisos altos de Manhattan. Emily, su esposa, americana, liberal, tiene su primer éxito como artista, a través de una serie de obras de figuras geométricas inspiradas en el Islam. Todo parece ir bien.

La pareja invita a cenar a Isaac, curador judío del museo de arte y a Jory, su esposa negra, colega de Amir, en la firma de abogados. La cena empieza a convertirse en un rompecabezas donde los discursos raciales pos 9-11 se vuelven el plato principal. No falta poco para que las tensiones hagan perder el equilibrio de uno de los personajes y el choque cultural estalle.

Disgraced ha pasado por los teatros de Broadway, Londres y ahora se presenta en el English Theater de Frankfurt. Fue ganadora del premio Pulitzer de drama en 2013 y es la obra cumbre del autor estadounidense de origen Pakistaní Ayad Akhtar.

Amir, el personaje principal, cree haber logrado amoldarse a la alta sociedad neoyorkina tras renegar de sus raíces musulmanas. Al comienzo de la obra le advierte a su sobrino, un joven que está por andar el camino del extremismo islamista: "No es un mundo neutral allá afuera, mejor cuida lo que hablas".

Y Amir, sin embargo, traiciona esas palabras. Las múltiples identidades que luchan dentro del personaje explotan ante los comentarios racistas de uno de los invitados, ante la ambición de su colega, ante el idealismo casi infantil de su esposa liberal y ante un sorpresivo ingrediente sexual que se destapa en el entremés. El final es desolador.

La globalización anima las migraciones, pero los moldes culturales de las naciones se quedan cortos ante la multiplicidad de identidades de los nuevos ciudadanos. No es gratuito que la obra hoy se presente en Frankfurt.

Disgraced refleja los choques que en el presente atizan las fronteras de la vieja Alemania. Grupos neonazis nacionalistas e islamofóbicos han tomado fuerza ante las crecientes olas de migrantes musulmanes que huyen de Irak, Siria, Afganistán... Por otro lado, sectores liberales de izquierda, no sin cierta inocencia, defienden la llegada de los refugiados: “Welcome refugees”, es su consigna, pero desconocen que las migraciones generan choques necesarios que deben cambiar la cara de su nación.

En la obra se alumbran algunos de esos conflictos que hoy dinamizan el mundo contemporáneo: Occidente vs Oriente, seculares vs musulmanes, liberales individualistas vs comunitaristas conservadores… ¿Qué tanto una sociedad occidental está dispuesta a  negociar?

En un momento de la cena, Amir admite que sintió orgullo cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York. Y ante la sorpresa de su contraparte judía, reconoce: “Era el sentimiento de que por fin nosotros, “los otros”, estábamos ganando”.

Entender ese sentimiento que causó tanto horror desde occidente no es fácil. Pero en Disgraced se vislumbran algunas pistas para comprenderlo. La obra es solo un ejemplo de los dramas contemporáneos resultantes del choque de civilizaciones. Quizá la única certeza que le queda al espectador luego de verla es una pregunta: ¿Cómo saldrá el mundo de todo esto?

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