La traducción literal del nombre del juego en japonés es 'La gran águila devora-hombres Toriko'.

‘The Last Guardian’, una entrañable amistad

Un niño y una bestia gigante protagonizan uno de los videojuegos más hermosos del año: un silencioso viaje por las ruinas de un castillo que no tarda en convertirse en una meditación sobre el afecto, la soledad y el compañerismo. Salió el 6 de diciembre para PlayStation 4.

2016/12/09

Por RevistaArcadia.com

El japonés Fumito Ueda ha hecho carrera como uno de los diseñadores de videojuegos más creativos de años recientes, considerado por muchos un ‘autor’ que logra crear aventuras donde prima el afecto y los lazos emocionales. Inspirado en retratar relaciones a veces entre humanos y a menudo con animales -de niño le gustaba jugar con pájaros y pescados- ha desarrollado un estilo que él mismo llama “diseño por sustracción”, y que se define por incluir terrenos llanos, lenguajes inventados, luz sobresaturada, historias sencillas y, cómo no, una aventura protagonizada por el compañerismo. No por nada el portal IGN lo nombró en 2008 uno de los 100 mejores creadores de juegos de todos los tiempos argumentando que “su habilidad de crear rompecabezas atmosféricos con personajes mudos o casi mudos infunde una sensación de aislamiento, pero al tiempo provee una enternecedora sensación de esperanza mientras el protagonista simplemente busca escapar o encontrar redención en sus prisiones ornamentales y roídas por el clima”.

Después de debutar en 2001 con Ico (que ganó tres premios en Game Developers Choice Awards) y cimentar su reputación en 2005 con el extraordinario Shadow of the Colossus (que recibió un sinfín de premios), este diciembre finalmente sacó al mercado su tercer proyecto, The Last Guardian, después de haberlo anunciado en 2007 y de haber tenido que postergar su estreno en numerosas ocasiones. El juego incluye dos de los elementos más populares de sus antecesores (un castillo ruinoso como locación al estilo de Ico y una relación entre un humano y un animal, como en Shadow of the Colossus). Solo que en este caso el castillo cuenta con gráficas espectaculares, propias del PlayStation 4, y el animal no es un caballo, sino una enorme criatura de dimensiones mitológicas, a medio camino entre un perro y un pájaro.

The Last Guardian presenta su historia por medio de un flashback: un anciano recuerda cómo durante su infancia fue misteriosamente secuestrado y trasladado a un enorme castillo, donde para escapar se vio obligado a colaborar con Trico, el animal gigante. Así, durante en transcurso del juego, el protagonista tiene que ganarse el afecto de su nuevo amigo para solucionar una serie de rompecabezas. Si en un comienzo Trico se muestra hostil y brusco, en la medida en que el jugador lo alimenta, le cuida las heridas y sobrevive con él experiencias peligrosas, el animal se vuelve más cariñoso e incluso protector. Ese es sin duda uno de los elementos más destacables del juego: Trico tiene su propia personalidad y esta cambia de acuerdo a cómo el jugador lo trata. Según afirma el periodista Simon Parkin en The Guardian, Trico presenta todos los rasgos de una víctima de abuso, y es por eso que la nuez de The Last Guardian se encuentra justamente en la evolución de la amistad: “Este es un juego sobre la rehabilitación por medio de la amabilidad y el compañerismo, su impacto emocional acrecentado por las infrecuentes y elegantes ráfagas de la orquestal banda sonora compuesta por Takeshi Furukawa”.

Hace algunos años, el cineasta Guillermo del Toro afirmó que los dos juegos que hasta entonces había diseñado Ueda eran las únicas obras maestras del medio. Seguramente ahora estaría dispuesto a agregar un tercer juego a su lista.

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