Caracas de noche. Foto: Wikicommons.

Mil y una noches venezolanas

La nueva novela de Rodrigo Blanco Calderón, 'The Night', hace un recorrido histórico por Venezuela y por su mundo literario en clave de la escritura de Roberto Bolaño. Una mirada a ese país vecino que, más allá de su política, es una caja de resonancias de un mundo globalizado y complejo.

2016/11/28

Por José Londoño

‘The night’ significa la noche en inglés. También es una novela venezolana publicada este año. El título tiene un significado coyuntural: Venezuela políticamente se esfuerza por desconectarse de los Estados Unidos, por levantar ídolos independentistas del pasado como Chávez y Bolívar, por desandar un camino dictado por el gran país del norte.

Venezuela es, diga lo que se diga, y a pesar de como se nombre su política, un país muy americanizado, con mucho consumo cuando hay dinero y muchos carros y electrodomésticos. El país suena a ventilador, se respira con aire acondicionado. Y no solo esto: las marcas de Estados Unidos, la música rock oída en IPods y las luces de los celulares están en todas partes. No falta verlo desde The Daily New, un diario en inglés impreso en Caracas desde 1946. Venezuela es tal vez uno de los países del mundo que pasa más en el internet.

La novela de Rodrigo Blanco Calderón, The Night, publicada por la Editorial Alfaguara, ofrece un lente (o muchísimos) para ver a este paradójico y convulso país situado al lado de Colombia, justo en la frontera oriental. El tema no es la americanización de Venezuela. Eso es más bien atmosférico. La novela es algo así como una caja de resonancia que junta en un eco de muchas voces un siglo venezolano -lleno de dictaduras, exilios y desapariciones- con la historia de América Latina y el mundo de la Guerra Fría.

De alguna manera, pero con un poco de años más en el futuro, la novela es como un libro de Roberto Bolaño. Muchos personajes son escritores o gente del mundo de las letras que atestiguan u oyen o indagan sobre feminicidios, a la vez que sufren o conocen a quienes sufrieron por el destierro o la cárcel.

Esto anterior, medio bolañesco, pasa en el argumento. Pero respecto a la forma (o sus bifuraciones y laberintos) la novela, hiperletrada, se acerca al barroco, al virtuosismo de la literatura caribeña, y se desborda empujada al estilo de escritores como Severo Sarduy, Lezama Lima, Pedro Cabrera Infante y Luis Rafael Sánchez. De alguna manera, el libro es un amplio diálogo con la tradición (o las tradiciones), pero uno para nada lambón. Es crítico y fuerte contra los premios, contra las rivalidades, contra Neruda.  

El diálogo de la novela es como un crisol compuesto de distintas sustancias. En un primer nivel está el mundo literario venezolano (en un periodo de más o menos 70 años), personificado por escritores exiliados, escritores que buscaron la singularidad en retos literarios, como el hacer el palíndromo más grande, y escritores de la criminalidad venezolana. Sobre este, o en este, está el mundo norteamericano con escritores como Jack Keroau, que se ambientan en noches de alcohol, mariguana y excesos al sonido de canciones de rock como The Night del grupo Morphine. Y ya más allá, está una cuidadosa lectura de la Francia moderna y posmoderna (Rodrigo Blanco hace un doctorado en París en este momento) que recorre a las vanguardias (el surrealismo y el dadaísmo de Breton y Aragon) para poco a poco bordear la historia de la psiquiatría de Foucault (hacer reflexiones sobre los cuadros esquizoides y la psiquiatría) y en seguida hacer resonar a algunos de los escritores que más han obsesionado a la teoría literaria, tales como Georges Perec, Maurice Blanchot y Roland Barthes.  

El marco de la mayoría de lo que ocurre son noches en Caracas. En estas noches se registran textos del pasado, y muchas personas, entre cortes y cortes de luz, viven destinos inciertos y a veces muy injustos. La voz central (que es una que edita voces de otros y comenta con notas de pie de página) es un psiquiatra que entre su curiosidad hace explotar otras voces, que como punctums se desbordan y hacen parecer a la novela una historia de mil cuentos, una novela de las millones de experiencias latinoamericanas. Evidentemente es política, pero lo interesante, tal vez, es su recorrido histórico, la preocupación por el hacer visible lo que ocurre en la noche, por hacer conocibles muchos malestares que no pueden mirarse sino entre la complejidad, entre el enredo.

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