The Rolling Stones tocando en La Habana, Cuba.

Sus Satánicas Majestades en la casa de Fidel

'The Rolling Stones: Havana Moon', el largometraje dirigido por Paul Dugdale, se presenta en las salas de Cine Colombia el 23 de septiembre. El histórico concierto en Cuba, que convocó a un millón de personas, será transmitido en simultánea a más de mil pantallas de 41 países.

2016/09/22

Por Santiago Serna Duque

Viernes Santo, 25 de marzo. Los ‘Miami Five‘ están esperando en la zona VIP. Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar y René González Sehwerert -prisioneros cubanos condenados en los noventa a 18 años de cárcel por supuesta conspiración contra el gobierno estadounidense- encarnan lo inconcebible: la normalización, tras 50 años, de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En un espacio lleno de estrellas como Warren Buffet, Naomi Campbell y Richard Gere, los expresidiarios aguardan el inicio del concierto de The Rolling Stones en La Habana, Cuba.  

El escenario es un barco enclavado en un océano de brazos. Los celulares, intermitentes, alumbran como medusas a un millón de espectadores delirantes por los acordes de Ronnie Wood y Keith Richards; atrás, Charlie Watts toca la batería y adelante, el capitán de la nave, Mick Jagger, ruge las canciones de la banda más emblemática en la historia del rock.

Los Rolling Stones han rockeado en todo el mundo, menos en el lugar que más merece recibirlos: Cuba. "Por fin los tiempos están cambiando" grita Jagger, y el pueblo cubano, que en días pasados escuchaba a Barack Obama decir "no se puede seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente", entiende que el concierto, más allá de ser un acto de mero entretenimiento, significa el principio de una apertura al mundo, que rompe con los modelos de un régimen opresor. La banda, al igual que la dictadura de Fidel, resume una historia de cincuenta años que en un principio era rebelde, ahora aristócrata, pero siempre revolucionaria. 

Sir Mick Jagger canta Sympathy for the Devil, y con la figura del macho cabrío y el pentagrama invertido a sus espaldas, contagia al público de un ritmo que baila con el desdén de la salsa y el son cubano. El cantante se emociona y suelta un "me voy a quedar viviendo aquí… de pronto", después, entre movimientos de un poseído parece caer, pero rendirse en el escenario no es una opción. Su inmortalidad está pactada con el diablo.

El espectáculo lo vemos por medio de una cámara que irrumpe indiscreta entre los ritos de cada una de las cuatro estrellas. Ronnie Wood, tranquilo, pasea por el escenario sin premura, halaga el cuerpo de su corista Sasha Allen y se pierde de nuevo en su guitarra. Charlie Watts, erguido y tímido es un fantasma detrás de la robustez de su percusión. Keith Richards, el único que luce una prominente barriga cervecera, va y viene de un clóset situado en medio del escenario como un faro. Allí cada uno recoge lo que necesita: ropa fresca, agua, licor, cigarros, toallas y se dan una mirada ocasional en el espejo, escondido dentro del mueble, que les recuerda quienes son. Es el momento más íntimo del documental dirigido por Paul Dugdale (Just Let Go: Lenny Kravitz Live, Coldplay Live 2012). Ante el público son imbatibles, en el closet, son ancianos necesitados de ayuda para aguantar una presentación en vivo.

El evento, a pesar de su espectacularidad, guarda una esencia austera. En la Ciudad Deportiva de La Habana no hay sillas, quiscos de comida, puntos de hidratación, ni tiendas de souvenires. Sola, en el inmenso peladero que hace las veces de cancha de fútbol, está la tarima. Tiene una larga pasarela en la que Jagger camina y mueve las caderas, imagen que Francoisse Fraissenet, asistente al evento, compara con los pasos de Nelson Mandela al salir de prisión en 1990.

El concierto de los Stones podría ser considerado solo eso, un concierto, o puede ser el ocaso de un estado totalitarista que, al parecer, desea democracia. "Sabemos que en tiempos pasados era imposible escuchar nuestra música -dice Mick Jagger- pero ahora nosotros estamos acá frente a ustedes para ver que, finalmente, los tiempos están cambiando".

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