Tamer Nafar y Samar Qupty, protagonistas de la película.

Israel y Palestina, en clave de ‘hip-hop’

‘Junction 48’, la película encargada de inaugurar la segunda edición de IndieBo, gira en torno a un grupo de árabes en Israel que recurren al rap para escapar de su entorno.

2016/07/18

Por Revistaarcadia.com

En las inmediaciones de Tel Aviv, no muy lejos del aeropuerto, hay una ciudad con dos nombres: Lod para los judíos, Lud para los árabes. Se trata de una localidad no muy grande, golpeada por la violencia y la discriminación, una especie de ghetto de palestinos. Y es allí, en un lugar donde a diario se sienten las tensiones entre musulmanes y judíos, en un espacio limítrofe entre un casco urbano y el campo, que Kareem y su novia se lanzan a un improbable proyecto: componer, cantar y llegar a la fama por medio del rap.

Junction 48, la más reciente película de Udi Aloni, se encargó de inaugurar la segunda edición de IndieBo, el festival de cine independiente de Bogotá. Llegó a la capital con una larga estela de nominaciones, premios y funciones alrededor del mundo. Ganó, por ejemplo, el premio de la audiencia en la pasada Berlinale y su guion recibió un reconocimiento en Tribeca. Dos galardones sin duda merecidos, pues se trata de una obra que, desde un ángulo original, logra interpelar al espectador sobre la espinosa relación entre judíos y árabes.

El rap, sin duda, funciona como el telón de fondo. No solo porque vocaliza de manera articulada las emociones de los protagonistas -sus sueños, aspiraciones, temores-, sino porque es el motor del guion (escrito por el rapero Tamer Nafar, quien interpreta a Kareem). La música permite a los héroes salir de su ghetto, contar su historia, lamentar a sus muertos, reafirmar su identidad. Las canciones también, hay que decirlo, son de muy buena factura: así solo se entiendan con subtítulos, cargan con un particular poder emotivo que, de no haber funcionado, hubiera hundido a la película.

Pero Junction 48 no solo es música. Es al tiempo una historia de amor, una que enfrenta a la tradición con la juventud. Trae a colación, en esas instancias, los estragos de una nueva generación globalizada cuyos códigos de conducta son otros, menos arraigados en las costumbres, y sin duda más tolerantes. Sin embargo -y por fortuna-, Aloni y Nafar no reparten parábolas. Ninguno de los dos parece buscar un mensaje mayor, uno que cale hondo y pontifique sobre los beneficios de la cultura y de una juventud secular a la hora de sobrellevar antiguas diferencias.

La película, en cambio, expone con crudeza y por momentos violencia la situación de Kareem, su novia y amigos. A pesar de recurrir al humor y al rap, Junction 48 no deja de ser un retrato honesto y brutal: hay sangre, peleas, asesinatos, gentrificación. La música no expía, tampoco redime, pero sí funciona como una alternativa, como la posibilidad de salir de una situación a todas luces adversa.

Funciones:
Miercoles 20 de julio a las 4:00 p.m. en Andino
Jueves 21 de julio a las 9:15 p.m. en Avenida Chile

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