'Proyecto destrucción total del Museo de Antropología' de Eduardo Abaroa

Un recorrido por la Bienal de Arte de Cartagena

La primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cartagena, que va hasta el 7 de abril, ha sorprendido por la calidad de las obras, que se exponen en 27 espacios de la ciudad.

2014/03/27

Por Lina Vargas

Cartagena parece más grande cuando se visita su primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo. Abierta hasta el próximo 7 de abril, la Bienal cuenta con veintisiete espacios de exposición –entre museos, capillas, bibliotecas y casas coloniales–repartidos en la ciudad amurallada y los barrios La Matuna y Getsemaní. Un pequeño cartel naranja a la entrada de cada uno con las siglas BIACI invita a los transeúntes a pasar. Y es que una de las virtudes del evento es su gratuidad. La mañana del pasado 21 de marzo, por ejemplo, lugares como el Museo Naval del Caribe, recibieron a un público no muy nutrido pero constante y esa misma noche ¡de viernes! el performance del artista búlgaro Svetlin Velchev titulado Limitation Sky y Fragment #3, llenó el salón del Centro de Cooperación Española donde se presentó.

El recorrido –aunque se puede tomar en cualquier orden– empieza en el Palacio de la Inquisición. Quienes lo han visitado saben que se trata de un lugar bellísimo cuya visita, sin embargo, puede resultar escalofriante. En los patios del Palacio, en medio de los árboles, están las máquinas y herramientas de tortura del Santo Oficio. Allí mismo, la brasilera Berta Sichel, curadora artística de la Bienal, instaló las obras Turken in Deutschland de Candida Höfer; Esta noche cuando cierre los ojos de Freya Powell y Reconstruyendo sueños de Beth Moysés. Según Sichel, a su llegada a Cartagena descubrió que la ciudad era un monumento vivo, así que quiso poner en diálogo la historia de los lugares de exposición –fue muy difícil encontrarlos, dijo, porque en Cartagena no hay suficientes museos– y las obras de arte contemporáneo.


137.5° (II), de Katie Holten

El dolor, el trauma y la pérdida hacen parte tanto de la memoria histórica del Palacio de la Inquisición como de la obra de Höfer, una serie de fotografías de inmigrantes turcos en Alemania durante los años setenta; o la de Powell, un video que proyecta las últimas frases de condenados a muerte; o la de Moysés, fotografías de guantes blancos de mujer con un tejido negro que a modo de cicatriz, sigue las líneas de la mano. Justamente, esta última guarda relación con Signos cardinales, la impactante obra de la artista colombiana Libia Posada, que también está en la Bienal, en la que las piernas de mujeres desplazadas por la violencia sirven para dibujar el mapa de su huída.

Presentimiento oceánico, de Adrián Gaitán

A solo dos calles del Palacio de la Inquisición está la Casa 1537, la primera iglesia construida en Cartagena. Allí hay obras que hablan sobre comercio y colonia, pero también sobre la construcción de una identidad americana. Llama la atención la representación de esa identidad fragmentada en obras como Proyecto destrucción total del Museo de Antropología de Eduardo Abaroa, Windward Coast –West Coast Slave Trade de Radcliffe Baily y Aliento de Lothar Baumgarden. Allí mismo están los estupendos videos Nefandus, en los que el colombiano Carlos Motta investiga sobre el homoerotismo prehispánico y colonial, y Life of Imitation del artista de Singapur Ming Wong, una recreación realizada por actores travestis de una telenovela de los años cincuenta.

De ahí pasamos al Museo Naval del Caribe que recibe a sus visitantes con la impresionante videoinstalación de la artista estadounidense Janet Biggs, A Step on the Sun, sobre las terribles condiciones de los trabajadores de la mina de azufre ubicada en el volcán Ijen en Indonesia. Y siguiendo con video, en el segundo piso del museo está el hipnótico Drive-By de Nick Cave, una mezcla de danza, color y sonido. La muestra termina con una sala en la que Sichel expone obras que tienen que ver con el concepto de manualidad. El video de seis tipos de artesanías realizadas en distintas partes del mundo –los tejidos de la sierra peruana, por ejemplo– da paso a un tejido en lana negra con croché de la artista Katie Holten, moldes tipográficos en silicona de Rosa Barba, libros construidos con retazos de ropa usada de Yin Xiuzhen y esferas hechas con material encontrado por Sheila Hicks.

 
La última parada del recorrido es el Museo de Arte Moderno de Cartagena donde exponen catorce artistas colombianos. La videoinstalación Sacrifico de Clemencia Echeverri, en la que cientos de reses se dirigen al matadero, es una de las piezas más impactantes de la muestra. Juan Manuel Echavarría participa con el video El sepulturero y su llamada perdida, Adrián Gaitán con la escultura Presentimiento oceánico, Paola Tafur con Flores de invierno y Wilger Sotelo con Inventario II, ambas instalaciones.

Si usted quiere seguir, hay mucho para ver en la Bienal. Están las obras en espacios públicos, Artillería y el Museo de las Fortificaciones, por mencionar solo algunos. Y todos valen la pena.


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