La imagen del grupo en Facebook.

Otras mujeres hablan sobre Wikimujeres

Tras el último escándalo de la comunidad virtual, les preguntamos a escritoras, académicas y líderes feministas qué piensan de Wikimujeres. Esto fue lo que nos dijeron.

2017/08/09

Por Sara Malagón Llano

Wikimujeres es un grupo cerrado en Facebook, una comunidad virtual que reúne a más de 10.000 mujeres colombianas. Su fundadora y líder, la argentina Geraldine Pomato, lo creó con la idea de que se convirtiese, en sus palabras, en un “espacio para el empoderamiento femenino”.

Como escribió el periodista Diego Alarcón en un artículo publicado en El Tiempo el año pasado, cuando el grupo apenas empezaba a sonar en espacios más allá del grupo mismo –cuyos miembros son todas mujeres que entran al grupo únicamente por recomendación de otros miembros–, el contenido que comparten las wikimujeres consiste en “recomendaciones de los mejores pediatras, reseñas de panaderías que no utilizan gluten, servicios y productos de empresas pequeñas de las integrantes, artículos sobre salud, alquiler de casas de recreo, anuncios de mascotas perdidas, venta de bienes raíces (….) [es también] para compartir experiencias de negocios, pedir consejos hogareños, liderar acciones de caridad de gran dimensión” y un largo etcétera, como dice Alarcón.

En ese entonces Pomato decía que el grupo se estaba convirtiendo en un “movimiento social que rompe ese paradigma cultural que dice que las mujeres compiten todo el tiempo entre sí y son incapaces de apoyarse”.

Sin embargo, la reputación del grupo se ha visto muy afectada por varios sucesos que hacen dudar de la supuesta benevolencia de la comunidad –aunque desde el contenido mismo del grupo ya es legítimo dudar sobre qué idea, qué imaginario de mujer promueve y se refuerza dentro del grupo; o podríamos pensar también en aquella cuestión de la exclusividad, o más bien de lo excluyente que resulta una comunidad virtual de este tipo–.

Algunos alegan que en el grupo se insultan personas que no tienen cómo defenderse porque no hacen parte de la comunidad; o que se pone entredicho el nombre de una persona, y esa información empieza a circular masivamente entre sus miembros, a veces sin pruebas suficientes. La abogada Valeria Santos –ex wikimujer– asegura que se suelen publicar incluso las cédulas de empleadas domésticas, acusándolas de cometer delitos sin sentencia judicial, y que eso es calumnia.

Pero lo que hizo que este grupo volviera a salir en los medios sucedió a finales de julio. Natalia Ulloa, una colombiana que vive en Chile y pertenecía a la comunidad, escribió una publicación condenando el autoritarismo que empezaba, según ella, a imperar en el grupo. “Un día estaba aburrida en la casa, entré a la página de las wikis y me encontré con un post de Geraldine diciendo algo así como: ‘Niñas, se debe respetar el manual. Que una persona no lo lea, no es excusa. Luego no se quejen si las sacamos o las sancionamos’. Enseguida me pregunté ¿qué es esta estupidez?”, le dijo a la revista Jet-set. Cuando vio esa publicación decidió comentar lo siguiente: “A quién le importa ese ridículo manual fascista. No puedo más que me salgan estos posts en mi feed. ¡Qué desocupe en serio!”.

Lo que siguió, según Ulloa –quien obviamente hoy ya no pertenece al grupo– fue una avalancha de matoneo cibernético. Varias mujeres empezaron a publicar información personal sobre ella y a agredirla verbalmente. Su comentario, ya violento, desató entonces una ola de violencia.

Por esos días Ulloa alegó en La W, el medio que visibilizó este último mini escándalo de la comunidad, que el comentario ácido lo dijo para que la sacaran del grupo, y que lo que recibió a cambio fue una montaña de insultos.

En Arcadia consideramos que el suceso tuvo un efecto negativo sobre las mujeres, que a diario tenemos que luchar contra los prejuicios de esta sociedad patriarcal y machista. Como lo dijo la misma Pomato a días del escándalo, “¿Qué piensa la opinión pública? ‘Era obvio, si es un grupo de mujeres’”. El altercado reforzó, entonces, preconcepciones cargadas de violencia, muy arraigadas en nuestra cultura, como aquellas según las cuales las mujeres somos histéricas, somos poco solidarias entre nosotras, somos infantiles. Todo eso, a pesar de que nació para convertirse en un espacio “feminista”.

Aunque defendemos esa postura, y aunque consideremos que  la pelea en sí –no el grupo en Facebook como fenómeno sociológico– es un hecho irrelevante al lado de tantos otros que valdría la pena poner en la agenda mediática, quisimos preguntarles a algunas mujeres que no hacen parte del grupo, y que en sus carreras han pensado en cuestiones de género e igualdad, qué opinan de esta comunidad, cuyos escándalos no tienen repercusión solo desde el punto de vista del género, sino que dan para pensar en las comunidades virtuales, en lo que puede pasar allí, o incluso salirse de control. Esto fue lo que nos dijeron quienes nos respondieron.

 

Olga Amparo Sánchez, feminista activista e investigadora colombiana:

De acuerdo a una de sus fundadoras, Geraldine Pomato, el grupo nace en 2015 y tiene como uno de sus propósitos “apoyar el emprendimiento femenino como un espacio donde cada miembro puede dar a conocer iniciativas particulares, promocionar su talento, servicios o productos, en especial cuando resulta supremamente difícil y costoso para muchas mujeres conseguir la difusión de sus iniciativas en determinados sectores o mercados”.

Dicho grupo ha desatado una polémica en medios de comunicación. Según algunas personas, este espacio se está utilizando para denigrar de las mujeres trabajadoras domésticas e incentivar el maltrato de los animales. Por supuesto, todo espacio que sea útil para la autonomía de las mujeres y visibilizar los aportes que ellas hacen a la sociedad debe ser apoyado y reconocido. Lo que no se puede aceptar, si es quienes denuncian la utilización de Wikimujeres, es que estos espacios sean utilizados para denigrar y poner en peligro a otras personas, para hacer gala de privilegios de clase y utilizar estereotipos que colocan a las mujeres en situación de desventajas e injusticias.

Quienes utilizan las redes sociales deben asumir con ética los contenidos que se difunden y no pueden evadir dicha responsabilidad. Las redes sociales deben ser un medio para que el país transite hacia una sociedad democrática, pluralista y respetuosa de la otredad. No podemos continuar por el camino de verdades a medias, que al final se convierten en verdades compartidas por amplios grupos de la población.

La Corte Constitucional en la Sentencia T-145/16, afirmó que “los señalamientos que se hagan en las redes sociales deben ser veraces y contar con los mismos elementos que se les exige a las publicaciones en medios periodísticos”. Dicha sentencia marca un hito en el sentido de que no todo se vale en las redes, y para que ella sea una realidad debemos no solo exigir su cumplimiento sino también denunciar el mal uso que se haga de ellas.

 

Melba Escobar, escritora:

La idea de una comunidad de mujeres emprendedoras, en abstracto, suena excelente. Pero esta suerte de masonería femenina, si bien ha demostrado tener el poder de ofrecerle servicios a quienes los necesitan y generar solidaridad en torno a causas puntuales, también ha mostrado su capacidad de censurar, y de poner tanto a marcas como empresas y personas en el paredón. Por un lado, luchan por condiciones laborales dignas para las trabajadoras domésticas. Por otro, publican la cédula de las empleadas que por una u otra razón consideran que no deberían ser contratadas. Ambos casos son pruebas contundentes del poder que tienen las Wikimujeres, un poder que se puede usar para causas solidarias, generar redes de apoyo, o bien para difamar, vulnerar el derecho al trabajo e incitar al matoneo. Lo cierto es que tienen un poder significativo que por momentos parece estar saliéndose de control. Al final la pregunta de fondo es ¿si una wiki lo dice es suficiente para descalificar una empleada, un médico, una marca de leche? ¿Son todas mujeres tan seguras de conocerse (aunque solo en Colombia superen los 10 mil miembros) como para no darle el beneficio de la duda a las verdades de cada una? ¿Cada testimonio de maltrato, de abuso, de negligencia, de omisión, se seguirá reproduciendo en una onda expansiva creciente e incuestionable, sin verificación, sin darle el beneficio de la duda al señalado, sin confrontación o búsqueda de otro lado de la historia? Creo que si siguen esa línea, estas "masonas digitales" corren el riesgo de pasar de red solidaria a secta discriminatoria.

 

María Mercedes Andrade, escritora y académica:

Una idea importante para el feminismo es la de la solidaridad entre mujeres: en lugar de competir entre nosotras para obtener unos privilegios, ser feminista implica entender que la competencia entre mujeres no nos beneficia como grupo, y en cambio hay que buscar otras maneras de trabajar para apoyarnos, compartir conocimientos, etc. En esta medida creo que las redes de mujeres pueden ser muy útiles y cumplir con un fin loable. Pero cuando se trata de un grupo cerrado, donde solo se ingresa cuando se tiene acceso a ciertos contactos, no se cumple exactamente con esa misión. Además, si es cierto que en el grupo se publica información personal y opiniones negativas sobre otras personas que no pueden hacer parte del grupo, me parece una acción reprobable, que se apoya en un privilegio, quizás no examinado, pero que conviene pensar.

Isabel Londoño, economista, PhD en Educación, líder feminista (quien nos respondió una vez publicada esta nota):

Me parece muy bueno que se empiecen a crear estas redes de mujeres. Me parece súper positivo. Pero la verdad es que lamento que una red argentina haya crecido de esa forma, y que una colombiana no. Pero así es Colombia… Yo participé en la creación de una red en 1995, la Fundación Redes por Colombia, que hoy tiene 16.000 miembros y pretende constribuir a la formación integral de las mujeres profesionales. Está pensada para que ellas, al empoderarse y formar parte de las instancias decisorias políticas, económicas y sociales del país, contribuyan en la transformación de Colombia. Llevamos 22 años en eso, y nunca hemos tenido la figuración de esta red.

Yo, sin embargo, celebro que nazcan estas redes, proque me parece que en una sociedad tan machista, donde las mujeres no tienen poder, la única forma de sobrevivir es juntar poderes, construir poderes colectivos.

Eso por un lado. Pero por el otro, lamento que las redes que estamos creando sean fascistas, porque una red cuya conversación está limitada a hablar de cosas bonitas, y que excluye a las personas por pensar distinto o tener condiciones sociales diferentes, es muy grave. Necesitamos la voz femenina en la construcción de Colombia. Si creamos organizaciones en las que para pertenecer tienes que callar, no estamos haciendo nada.

Yo me he metido a varias redes de mujeres como esas –no a wikimujeres, pero sí a otras previas–, y de una de esas me botaron porque me dijeron que yo era feminista y decía cosas desagradables. Una vez comenté que no debíamos dirigirnos a las otras llamándolas “niñas” porque esa es una acción de la sociedad patriarcal para infantilizar a la mujer. Y por eso me echaron.

Entonces a mí realmente se me espicha el corazón de saber que una red de estas lo que hace es volver a 11.000 mujeres anti feministas. Eso se llama desempoderar a las mujeres. Y el daño no es solo para las mujeres, es para toda la sociedad.

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