Retrato involuntario de Pirandello, de Verónica Ochoa

Seis autores en busca de espectador

Toda selección es caprichosa: en esta décimo cuarta edición del Festival Iberoamericano de Teatro, Arcadia le pidió al dramaturgo y escritor español Marc Caellas que hiciera la suya, señalando un probable camino para los espectadores que desde este 4 de abril colmarán las salas de teatro bogotanas ¿Cuál fue su elección?

2014/03/25

Por Marc Caellas*

Treinta años antes de que Samuel Beckett partiera en dos la historia del teatro, el italiano Luigi Pirandello (1867-1936) escribió Seis personajes en busca de un autor, una de las obras más revolucionarias e irónicas sobre el devenir del teatro en el siglo XX. Pareciera que el teatro que verán los bogotanos a partir de este 4 de abril se centra en lo clásico y en el teatro de sala, dejando de lado el teatro de calle, una de las apuestas más interesantes de los más recientes festivales. Aunque algunos de los montajes clásicos, en versiones contemporáneas presentadas por directores de prestigio, son en verdad interesantes, quizá se eche de menos en la programación otro tipo de teatro que no se base tanto en la trama ni en los personajes. Un teatro que busque también la teatralidad fuera del teatro. Un teatro preparado para que surja lo imprevisible.

Si lo clásico define, de alguna manera, a este festival, habría que decir que en el año Shakespeare (a 450 años de su natalicio) los bogotanos solo podrán ver una obra del bardo de Avon. La tempestad, de Declan Donellan, posiblemente el director que mejor entiende el legado y sobre los actores del Teatro Chéjov de Moscú, de calidad contrastada internacionalmente. Las puestas en escena de Donellan se caracterizan por su obsesión en quitar todo lo superfluo y se centran en lo esencial: el cuerpo de los actores. Donellan crea sus montajes a partir de lo que llama la “creatividad deslizante”, la que va de un cuerpo a otro en busca de la comunicación verdadera, con todos los sentidos. Sus actores hablan como si lo estuvieran haciendo por primera vez, como si descubrieran ese mundo y esa manera de contarlo en ese preciso instante en que lo vemos. Con escenografías muy sencillas, sin efectos especiales, Donellan traslada al siglo XXI obras que siguen vivas años después de ser escritas, logrando que el espectador tenga una experiencia de vida real.

Si Shakespeare es la prolijidad y la duda, otro de los representados será Georg Büchner, que sería el James Dean del teatro. Vivió apenas 24 años. Escribió un par de obras de referencia como La muerte de Danton, quizá la mejor dramaturgia jamás escrita sobre la Revolución francesa o Leonce y Lena, una de las grandes comedias del teatro alemán y una tercera, Woyzeck, que por su prematura muerte dejó inacabada, y que fue estrenada ochenta años después en Múnich. Tres destellos que fueron suficientes para pasar a la historia y continuar siendo, casi doscientos años después de su muerte, uno de los autores alemanes más representados en el mundo. Woyzeck se publicó póstumamente y es considerado el primer texto alemán protagonizado por la clase obrera. Es la historia de un soldado, de cómo pierde a la mujer de su vida y de cómo las pequeñas humillaciones de la vida cotidiana lo llevan a una progresiva degradación que termina en tragedia.

A Bogotá llega la versión de otro de los directores estrella, uno de los pocos nombres que puede recordar un profano en teatro. Se trata de Bob Wilson, que en este proyecto trabajó con Tom Waits, quien aporta la parte musical de una obra presentada por el Thalia Theater, de Hamburgo. En teatro, como en fútbol, Alemania es una apuesta segura: calidad y resultados garantizados.

Para volver a Pirandello vale recordar la reciente edición en España de sus cuentos completos (Nórdica, 2012), por primera vez en español, que debería provocar un redescubrimiento de uno de los autores fundamentales de la literatura y el teatro del siglo XX. Innovador de la escena, analizó como nadie el tema de la máscara, la hipocresía social, la fragmentación de la personalidad o el inconsciente, siempre con un fuerte rechazo al realismo. Fascinada por su poética, la dramaturga paisa Verónica Ochoa escribió Retrato involuntario de Pirandello, una de las propuestas teatrales colombianas más atractivas de los últimos años. Suerte de biografía sui generis, la obra presenta la vida y obra de Pirandello bajo el prisma de su mujer esquizofrénica, e incorpora el humor y las innovaciones dramatúrgicas del siciliano, en un sorprendente y bizarro cocktail teatral. En paralelo, desde España llega La función por hacer, de Miguel del Arco, versión condensada y desenchufada de la obra maestra de Pirandello. Seis jóvenes actores se desnudan emocionalmente a pocos metros de un espectador que pasa a ser casi un actor más de la obra. No es solo que la cuarta pared desaparezca sino que el público siente el aliento de los actores. Fue un gran éxito en España el año pasado y ahora espera su reválida latinoamericana.

Puede que Ramón del Valle-Inclán, uno de los últimos bohemios, no goce de la fama de un García Lorca, pero su legado sigue vigente. El dramaturgo gallego hizo del descaro una estética y de la gestualidad una estrategia. Con actitud provocadora, el director catalán Oriol Broggi le dijo a sus actores que la mejor forma de acercarse al universo valleinclanesco era no queriendo saber demasiado, para evitar que la fuerza de su universo los derrotara. No es fácil abordar una novela como Tirano Banderas y llevarla a la escena con un elenco parte mexicano, parte español. Considerada como precursora de la novela de dictadores latinoamericanos, en Tirano Banderas Valle- Inclán inventa un lenguaje pseudo-hispanoamericano para narrar un texto cuyo eje primordial es la degeneración del hombre por el hombre. El artefacto literario se arma por el idioma. El mérito radica en sostener una polifonía lingüística manteniendo las variantes locales. Valle-Inclán creó en su día un nuevo género teatral: el esperpento. El lúcido literato aducía que la tragedia clásica era incapaz de reflejar la realidad española, puesto que esta se había convertido “en una deformación grotesca de la civilización europea”. ¿Les suena de algo? Este nuevo Tirano Banderas es la primera propuesta de Dos Orillas, un proyecto de coproducción teatral entre ciudades iberoamericanas (México, Bogotá, Buenos Aires, Madrid) que aspira a vincular instituciones privadas y públicas en espectáculos con elencos de distintos países. La dificultad de armonizar las distintas variantes del español es uno de los retos. Porque como escribió el poeta Juan Ramón Jiménez, “la guerra literaria y no literaria de Valle-Inclán fue charamusca en guerrillas, una batalla teatral declarada con pólvora sola”.

De este lado del Atlántico, Brasil y Argentina son probablemente las dos potencias teatrales del continente. Siendo Brasil el país invitado del Festival, no podía faltar una obra de Nelson Rodrigues, el autor que dio inicio en 1943, con el estreno de Vestido de novia, al nuevo teatro brasileño. Todas sus obras parecen nacer de un mismo lugar donde se mezclan la virginidad, los celos, el incesto, la traición, todo ello en una atmósfera de farsa continua. En su carrera hubo de todo: éxito inmediato, censura, indiferencia de la crítica, comparaciones con Eugene O’Neill o García Lorca, ovaciones, silbidos, etc. Fue testigo de una época de esplendor de Brasil, rota con la dictadura de 1964. Además de  dramaturgo, Rodrigues destacó como periodista, comentarista deportivo y novelista, bajo el pseudónimo de Suzana Flag. Las mujeres tienen un rol primordial en su obra. La tragedia nacional de Brasil se refleja en esa fuerza que les atribuye y también en esa frustración de vivir en un país de tradición patriarcal. Toda desnudez será castigada, bajo la dirección del maestro Antunes Filho, es el texto que se presenta en el Festival. Los viejos aficionados al teatro seguramente recordarán que un montaje del mismo texto, protagonizado por al actor paraguayo Agustín Núñez y la colombiana Pilar del Toro, fue un gran éxito de público en el año 1987. Durante ocho meses llenó el desaparecido Centro de Expresión Teatral de la carrera 13.

De Argentina no destacamos a ningún clásico sino a Mariano Pensotti quien, antes de cumplir los cuarenta, carga ya con una trayectoria muy sólida. ¿Es posible en estos tiempos inventar grandes ficciones que contengan lo que imaginamos junto a hechos reales de nuestras vidas y de las vidas de las personas que conocemos?, se preguntaba Pensotti en el programa de mano de El pasado es un animal grotesco. Su respuesta era una obra épica en la que cuatro actores contaban y representaban diez años de sus vidas a bordo de un carrusel que no se detenía durante las dos horas que duraba la función. ¿Nuestras ficciones reflejan el mundo o es el mundo una proyección distorsionada de nuestras ficciones?, se pregunta ahora el dramaturgo argentino más destacado de los últimos años. La respuesta es Cineastas, una obra que habla de cine sin necesidad de video ni pantallas. Una propuesta que reflexiona sobre la tensión entre lo que somos y lo que hacemos. Un texto que cuestiona la ficción en la que solemos convertir nuestra realidad. Mariano Pensotti impartirá un taller de dramaturgia durante el Festival. Una oportunidad única para aprender sobre su innovador estilo. Varios puntos a tener en cuenta: primero, el uso de la voz en off, típico en el cine, poco habitual en teatro; segundo, el aparato escenográfico como disparador de la escritura; tercero, la dicotomía entre narrar y representar; cuarto, contar una ciudad a partir de las experiencias biográficas de sus creadores; quinto, la adaptación de técnicas cinematográficas (partir la pantalla en dos) al discurso teatral. En definitiva, una obra con múltiples capas de lectura, emoción e interés. Imperdible.

Esta es una selección arbitraria, subjetiva, que aspira a abrir el apetito teatral de los bogotanos. Hay más obras que de seguro serán interesantes. Se sabe, pero vale la pena repetirlo: no existe el teatro sin público que lo acompañe. Se dice que el público “asiste” al teatro. Lo hace en dos sentidos. Primero, acercándose, aproximándose al teatro. Segundo “lo asiste” en el sentido de reforzarlo, auxiliarlo. El público, con su asistencia, asiste la existencia misma del teatro. Bogotanos, ¡vayan al teatro! 


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