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Acciones minúsculas, gestos monumentales

2012/07/08

La sensación intensa de ver algo flotar en el aire, la gracia colorida de algún insecto miniatura, un olor que nos recuerda alguna anécdota vivida. En contraposición, el edificio más alto del mundo, la película más costosa de la historia, la autopista más larga del continente, el animal más grande de la selva. El ser humano tiende a sorprenderse con los opuestos infinitos de las cosas.  Además siempre está en un afán por medirse a sí mismo, por conquistar los límites del universo, por alcanzar marcas imbatibles en la historia y por dejar una huella que jamás se diluya entre los grises medios de la vida. Sea esto por lo bajo, o por lo alto, pero siempre en una feroz carrera por ser la excepción a la regla. Ser común y corriente no parece ser nada interesante para nadie.

 

De ahí probablemente que algunos creadores se suiciden a los 25 y otros vivan más de 1 siglo. Algunos acuden a acciones minúsculas que juegan con la conexión entre conceptos, realidades e ideas, y otros, por el contrario, se arman de una mega producción para hacer cosas impactantes y monumentales que no pasarán desapercibidas. También hay quienes hacen 2 obras -maravillosas o pésimas- cada 25 años, y los otros, 125 obras – también maravillosas o pésimas- cada 6 meses. Lo cierto es que la clave del éxito –o el fracaso-, ambas situaciones igual de angustiantes, solo me parecen una graciosa invención del ser humano.

 

Así que en esta ocasión quisiera compartir el trabajo de 2 artistas jóvenes latinoamericanos que por los últimos días me han llamado mucho la atención, y que a pesar de que se distancian ampliamente en la concepción, tamaño, costo y magnitud de sus piezas, los considero igual de desbordantes y emocionantes.

 

El primero se llama Iván Argote, un colombiano residente en Paris y cuya obra se podría contar así: un ascensor lleno de gente que le canta el happy birthday, hermosas fotografías en la calle junto a sus novias las supermodelos, un retoque en aerosol a una obra original de Piet Mondrian, bailarle a la cruz negra de Malevich, una van de policías que se mueve como si alguien tuviera sexo en ella, un rollo de hilo que es jalado por un bus, o un zapato con tan mala suerte que pisa un bollo de mierda una y otra vez. Eso, entre muchos otros proyectos. Así que ser políticamente incorrecto, rebelarse con causa, y mucha actitud, describen bien su forma de actuar y de entender el arte. Parece sencillo, pero hacerlo es  toda una osadía. En video y uno a uno, sus distintos proyectos: www.ivanargote.com

 

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Ursuline.jpg

 

El segundo es Adrián Villar rojas, un argentino que en los últimos años ha sido invitado a varias de las grandes citas mundiales del arte gracias a sus monumentales esculturas en arcilla gris –que parece inclusive cemento- con las que construye narraciones fantásticas. Son escenas, criaturas y ruinas como del fin del mundo, cada una gigantesca e impactante. Hacerlas probablemente requiera un muy experimentado grupo de trabajo, así como una producción rigurosa y muy costosa. Su lógica: hacer como hacen en el primer mundo, grande y con altos presupuestos. De esencia poética y con imágenes contundentes este artista demuestra la validez que tiene esa otra cara de la moneda.

 

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Adria´n-Villar-Rojas_784x0.jpg

 

En la práctica creo que lo interesante de ambas propuestas, más allá del tamaño, la proporción, la escala o el esfuerzo, es una cierta actitud que hay frente a lo que se hace. Sin conocer a ninguno, valoro eso. Detrás de todas las piezas hay un autor, joven, diciendo cosas particulares que involucran al mundo y toda su construcción cultural. Y lo hacen de forma intensa, casi como las rock stars de antaño. Eso es invaluable. 

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