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Biennial Foundation

2012/03/13

Son muchas las razones que tengo para pensar que el arte contemporáneo, a diferencia del cine, la literatura, la música y el teatro de nuestra época, es uno de los oficios y de las nociones más complejas de explicar. Pero no necesariamente porque lo que se hace sea complejo, o porque el espectador carezca de conocimientos al respecto, sino por el contrario, porque a veces las obras son muy obvias y el espectador busca demasiadas explicaciones. Hay entonces un problema de comunicación. Una avería en el sistema que no permite un diálogo fluido, y que en cambio, termina por hacer que al final la gran mayoría de la gente prefiera decir, para no pecar de ignorante, que definitivamente no sabe nada de “eso”. Y los entiendo. Es confuso. “Eso” son muchas cosas.

 

Pero es sobre todo borroso, ambiguo e impreciso, por una razón fundamental: hay un uso demasiado complejo, e inclusive, inapropiado y atrevido, del lenguaje. Para la muestra: Una Bienal. Porque esta palabra, para cualquier mortal, no indica otra cosa que una periodicidad de 2 años. Es un indicador temporal sin mayores artilugios como lo es “horario”, “diurno”, “bimensual”, o “anual”. Una palabrita muy útil para que nos ubiquemos temporalmente y así no caer en el desasosiego del “destiempo”. Lo extraño es que en el mundo del arte y para los supuestos entendidos del tema resulta que esto no es un vocablo tan sencillo. Al contrario es como la gran palabra que define las más importantes exposiciones a nivel mundial. Toda una serie de magno eventos en los que se trazan las directrices de la producción internacional, y para los cuales, y a propósito del sólo término, de seguro habrían más de 10.0000 personas listas a escribir un largo ensayo al respecto. He ahí el problema. En el mundo real Bienal no es nada. En el mundo del arte Bienal es un universo entero.

 

Lo cierto es que en el mundo se realizan cada dos años una serie de eventos artísticos, generalmente exposiciones o muestras (aunque esto incluso viene cambiando), donde se convocan o invitan a una serie de artistas visuales y afines, a mostrar su trabajo durante un periodo determinado de tiempo. Generalmente y en su primera concepción, tienen un carácter global, no comercial y participativo. Eso en esencia es una Bienal. Una exposición de arte más grande de lo usual y que convoca a gente de todo el mundo. Y entre las más destacadas están la Bienal de Venecia, Istambul, Sao Paulo o Kassel -que no es bienal sino Documenta y se hace cada 5 años. Para que vayan previendo como es todo en el mundo del arte-. 

 

Así que si quieren saber más al respecto, pero arriesgándose a caer en estas trampas del lenguaje, visiten el sitio Biennial Foundation, que re-agrupa un centenar de estos proyectos a nivel mundial y permite tener una mirada detenida de cada una de ellas.  

 

Y recuerden. Una bienal no es una carrera de canguros, tampoco la llegada de un circo a San Petersburgo o un picnic de talla mundial. Es una muestra. Y en Latinoamérica hay muy pocas ya que es un modelo en esencia europeo, más ligado a la tradición que al acontecer actual. Estar en ellas es una de las inevitables formas de legitimizarse, así como lo sería estar en una feria, si se piensa en términos de mercado. Esto a sabiendas de que el verdadero arte pasa por otro lado y aún si en algún momento se expone en una Bienal.  

 

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