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Canciones (como lienzos en blanco)

2011/06/20

Por Andrés Gualdrón

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(Imágen: Sigur Rós)

 

Por doquier escuchamos en las canciones que llegan a nosotros, disfrazadas de expresión sincera, cientos de consejos y puntos de vista sobre el amor, el odio, la felicidad y el fracaso. Se producen industrialmente letras que nos hablan sobre la vida y que, lejos de intentar comunicanos una experiencia personal o sincera, echan mano de un lenguaje previamente regularizado sobre los sentimientos. Cuando menos nos damos cuenta aparecen, por todos lados, canciones construidas sobre la idea de que la forma en que los seres humanos sentimos el amor o el desamor es susceptible de ser estandarizada. Música basada en la creencia falsa de que nuestras experiencias vitales, nuestros encuentros, nuestras decepciones y nuestras pequeñas demencias, siempre tan particulares y casi intransferibles, pueden ser siquiera descritas mediante el juego ya preestablecido de los melodramas que oímos en radios y cadenas de televisión. Nos resulta imposible escapar en esta cultura a la poética obvia del amor: un sentimiento tan profundo, tan absurdo, tan maravilloso y perfectamente incomprensible, que se ha quedado casi seco en los territorios de la escritura y la música, exhausto entre siglos y siglos de poesía fácil.

 

Naturalmente hay muchos que hablan del deseo, el afecto y el amor con originalidad, maestría y gracia: algunos de ellos son mis favoritos. Pero a veces, sin embargo, da gusto escuchar música que no hable sobre ninguno de estos asuntos (no por poco relevantes sino por estar algo agotados). Yendo más allá, y haciendo un ejercicio de disidencia, resulta reconfortante e inspirador escuchar música que de hecho no hable sobre nada en particular: música en la que las palabras son despojadas de su facultades aleccionadoras, música que no se comporta como una clase sobre valores o como el abstract de una novela romántica, música con textos tan libres que incluso se componen de vocablos inexistentes, ruidos fonéticos y ecos lejanos– donde las palabras, o lo que queda de ellas, se encuentran más cerca del sonido y la música que del lenguaje y el significado. -. Músicas casi en blanco, como un lienzo dispuesto a ser llenado de sentido por quien las escucha.

 

Aquí va una pequeña selección de canciones como lienzos en blanco -rebeldes en el mejor sentido- que se rehusan a significar algo en particular: 

 

(Click en cada título para escuchar)

 

Untitled 8 – Sigur Rós

 

Perteneciente a ( ), tercer álbum de la banda Islandesa, este track sin título se une a los otros 7 del disco que fueron dejados inicialmente sin un nombre específico. Ni siquiera el álbum tiene realmente un nombre, salvo ese paréntesis que pareciera sugerirle al escucha, como las páginas en blanco del librillo del disco, que es él quien debe ayudar a completar la obra, a dotar de sentido sus letras, a nombrar los temas y llenar de dibujos sus páginas. El uso del Hopelandic a lo largo del trabajo (especie de “idioma” sintético cuya pronunciación se asemeja a la del islandés y que está construido por sílabas y palabras sin sentido), parece ser un corolario de esta idea. La música de la grabación, como es usual en el grupo, goza de una cualidad épica, reflexiva y profundamente conmovedora.

 

To here knows when – My bloody valentine

 

Loveless, disco de la banda irlandesa My bloody valentine, es quizás una de las obras más expresivas y arriesgadas que dio el rock alternativo en los años 90. Mezclando múltiples experimentos en el estudio, capas enormes de ruido y melodías pop de enorme dulzura, el disco construyó un lenguaje sonoro tan particular que tardó años en ser valorado justamente por el público y la crítica. Si bien se intuye la naturaleza sentimental de sus letras, en ocasiones las melodías vocales son solo un suave eco entre el complejo océano de guitarras, reverberaciones y sonidos lejanos que pueblan los tracks. Kevin Shields, principal productor del trabajo, prefirió que varios de los versos, las melodías y las palabras del disco (como sucede en To here knows when), quedaran para siempre enmascaradas, enigmáticamente oscurecidas por la música que las rodea.

 

La industria del deporte– Meridian Brothers

 

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(imágen: Meridian Brothers)

 

Pareciera que una especie de fuerza convulsiva, venida del azar y el inconsciente, trajera a la superficie los textos de la banda bogotana Meridian Brothers. Sus canciones, alucinantes y plagadas de referencias herméticas, empiezan sin embargo a revelar sentidos con el tiempo, a construir universos singulares, a contar historias, ideas y reflexiones sin proponérselo del todo. La ausencia de un sentido fijo en su música, lejos de ser un factor restrictivo, se convierte en una excusa para la apertura de las interpretaciones, para la bifurcación de las rutas de escucha y para la aparición de experiencias de comprensión nuevas. La composición musical de sus discos, basadas en programaciones electrónicas que crean sonoridades sintéticas e inéditas, son igualmente curiosas y están dotadas de una belleza extraña y fantástica. Se trata, por donde se le mire, de uno de los trabajos mas interesantes dentro del contexto local.


Chilanga Banda– Jaime López (versión de Café Tacvba)

 

La canción, escrita por el compositor mexicano Jaime López pero lanzada masivamente por la banda mexicana Café Tacvba, da cuenta de como desde el lenguaje popular también es posible crear textos de sentidos múltiples. El criterio para la construcción de la letra, en el que todas las palabras son de acervo callejero y barrial, es el integrar entre sí vocablos que en su mayoría empiecen con ch. Los versos, divertidos, confusos y algo incoherentes asumen a las palabras no solo como una unidad de transmisión de significados sino ante todo como un hecho sonoro.

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