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catalinaholguin "El libro era su antifaz, su preciada máscara": una nueva novela de Alejandro Zambra

2011/10/12

fotoalejandrozambra2_grande.jpgComo se fundió la pila de mi computador escribo en las últimas páginas de la edición de Anagrama de la novela Formas de volver a casa del chileno Alejandro Zambra. Lo había leído antes, cuando el bololó de Bogotá 39. Zambra fue uno de los seleccionados a esta edición especial del Hay Festival que se hizo cuando Bogotá fue Capital Mundial del Libro en el año 2007. Desde entonces, me había gustado su prosa pulida y breve, siempre al borde de caer en la poesia, pero escogiendo quedarse en la narrativa; también me había gustado que se hiciera obvia la escritura misma—o el proceso de escribir—pero no a la forma posmoderna y norteamericanísima de un John Barth, por ejemplo, lleno de trucos y espejos y rimbombancias; y también, siempre, el bonsái como imagen de la literatura.

En esta nueva novela (la tercera de Zambra) vuelven todos esos elementos, pero vuelven también más versos (no recuerdo tanta poesía en las otras novelas y no tengo cómo chequear) y la historia nacional también. No que Formas de volver a casa sea una novela histórica, pero está situada en un tiempo muy específico y descubre tensiones emocionales entre la generación de los padres y de los hijos que crecieron en el régimen de Pinochet.

La novela tiene un argumento súper sencillo: un escritor  se reencuentra con Claudia, una amiga de la infancia y, en el entre tanto, termina y reinicia una relación amorosa con Eme. La historia está enmarcada entre los dos terremotos que ocurrieron en Chile en 1985 y en 2010. Esta historia mínima le da pie al escritor a hablar de sus padres, del Chile de Pinochet y de él mismo, creciendo y empecinándose en el solitario e inútil destino de escribir: “este oficio extraño, humilde y altivo, necesario e insuficiente: pasarse la vida mirando, escribiendo”.

Subrayé muchas cosas que me gustaría transcribir para transmitir la voz o la agudeza de palabras que no son tan simples como parecen. Por fortuna, El Boomeran publicó las primeras páginas. Yo escojo este pasaje:

 “Esta mañana vi, en un banco del Parque Intercomunal, a una mujer leyendo. Me senté enfrente para verle la cara y fue imposible. El libro absorbía su mirada y por momentos creí que ella lo sabía. Que alzar el libro de esa manera—a la estricta altura de los ojos, con ambas manos, con los codos apoyados en una mesa imaginaria—era su forma de esconderse.

 Vi su frente blanca y pelo casi rubio, pero nunca sus ojos. El libro era su antifaz, su preciada máscara.

 Sus dedos largos sostenían el libro como ramas delgadas y vigorosas. Me acerqué en un momento lo bastante para mirar incluso sus unas cortadas sin rigor, como si acabara de comérselas.

 Estoy seguro de que sentía mi presencia, pero no bajó el libro. Siguió sosteniéndolo como quien sostiene la mirada.

 Leer es cubrirse la cara, pensé.

 Lees es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla.”

Cuando Zambra leyó hace unas semanas estas líneas en la librería La Madriguera del Conejo me sentí observada y descrita. No era posible, pero sí era posible. A veces la literatura opera esa magia tan extraña de ser completamente específica y personal y al mismo tiempo lo suficientemente general y amplia para que una lectora completamente extraña en el tiempo y en el espacio sienta que ese libro habla de ella. De nadie más que ella.

 

Links para los curiosos:

alejandro-zambra.jpg?

?

+Entrevista de El Pais

+Resena en El Boomeran

+Primeras páginas?

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