RevistaArcadia.com

catalinaholguin Impresionante novela histórica alemana: Solo en Berlín de Hans Fallada

2011/11/08

soloenberlin.jpg

Otto Quangel, un supervisor de una carpintería, de unos cincuenta años, recibe la noticia de que su hijo fue abatido en una campaña militar alemana. Es 1940. Otto es un hombre de pocas palabras, parco. Evita los conflictos y confrontaciones. Pero cuando comparte la noticia con su mujer, Anna, por primera vez en su vida estalla y lo acusa de haber sacrificado a su hijo por Hitler: “Hiciste igual que todos y cuando gritaron ‘Fuhrer, danos tus órdenes y obedeceremos’, tú seguiste sus órdenes como una oveja. ¡Y todos nosotros tuvimos que obedecerte a ti! Pero ahora Ottochen está muerto, y ningún Fuhrer del mundo puede revivirlo y tú tampoco!”.?


Anna y Otto viven solos en un tercer piso en Berlín: ella cocina los almuerzos, él trabaja incansablemente para ganarse sus 40 marcos semanales y ahorra cada centavo posible. En el cuarto piso vive una mujer judía aterrada: recién se llevaron a su marido a un sitio desconocido, tiene que portar la estrella amarilla en la solapa de su abrigo, y lo único que sabe es que corre un peligro inminente. En el segundo piso están los Persicke: son miembros del partido Nazi y los muchachos pertenecen a las juventudes hitlerianas. En el primer piso vive un juez viejo que duerme de día, lee de noche, observa, analiza, y ayuda cuando puede a los que puede en silencio.


Hasta la muerte de su único hijo, Anna y Otto habían permanecido casi indiferentes a la guerra y a Hitler. Hasta ese momento. La acusación de Anna y la muerte del hijo transforman a Otto quien llega un día a proponerle a su mujer una pequeña y silenciosa campaña subversiva contra Hitler. A ella en principio le parece tonta, casi cobarde: “¿Acaso qué proponía él? Nada en absoluto, algo tan acorde a su carácter, tan discreto, tan silencioso, algo que no interrumpiría siquiera su afición por la paz y la tranquilidad. Postales con eslogans en contra del Fuhrer y del Partido, en contra de la guerra, para informar a otros ciudadanos. Eso era todo.” Pero es Alemania, en plena Segunda Guerra Mundial, con la Gestapo persiguiendo y torturando a cualquiera que se atreva a disentir. Otto le recuerda  a Anna que eso tan pequenno, esas postales subversivas que piensan dejar abandonadas en las escaleras de edifcios de oficinas de Berlín les pueden costar la vida. Finalmente ella entiende: “no importaba que su acto fuera grande o pequeño, no podían arriesgar más que sus propias vidad. A cada cual según sus capacidades y su fortaleza. Lo importante era pelear”.


Comienza así  una campaña sencilla como inútil: cada postal que escriben denunciando las atrocidades y la corrupción del Partido Nazi y de Hitler es entregada inmediatamente a la Gestapo. Anna y Otto creen de veras que los berlineses que encuentran las postales las leerán y las pasarán a otros que en silencio comparten su desprecio por los Nazis. Creen que sus palabras arrojadas al mar de una ciudad en guerra pueden alterar las conciencias de sus ciudadanos. Pero no. Ellos están solos, y cada ciudadano, judío o no, del Partido o no, está arrinconado por la campaña de terror de la Gestapo. Nadie es libre ni siquiera dentro de su propia cabeza: “no había vida privada en Alemania. Ninguna forma de reticencia podía cambiar el hecho de que todo alemán pertenencia al colectivo de alemanes y debía compartir el destino de Alemania, incluso si cada vez caían más bombas sobre culpables e inocentes”.


Entre tanto, en los cuarteles generales de la Gestapo, el diligente detective Escherich sigue el caso de las postales subversivas y durante casi tres años cierra el cerco sobre sus autores.


Esta es la trama de Solo en Berlín (editorial Maeva, 2011), del escritor alemán Hans Fallada. La novela tiene 550 páginas y sólo se puede leer de una sentada, compulsivamente, con el corazón en la boca y el celular en silencio, porque en esa ciudad, en esa época, ese acto aparentemente tonto e inútil de la pareja Quangel sólo puede tener un posible final: tortura y ejecución en los sótanos de Prinz Albercht Strasse, el cuartel principal de la Gestapo en Berlín.


Solo eso haría esta novela magnífica y apasionante. Pero hay TRES detalles que sólo pueden aumentar la sorpresa y tensión de la novela:


1)      El caso de las postales es real, y la pareja Quangel sí existió. Se llamaban Otto y Elise Hampel y su campaña, que enfureció y sorprendió a la Gestapo, duró casi tres años.  


2)       ¡Hans Fallada escribió esta novela en 20 días después de haber pasado temporadas dentro y fuera de asilos mentales nazis durante la Segunda Guerra Mundial!


3)      Fallada murió en 1947, el mismo año de publicación de la novela. 

 

Una lectura súper recomendada. De veras.?

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.