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Colaboración generalizada

2011/10/19

?Transcribo primero la definición del verbo colaborar, de acuerdo al Diccionario de la Real academia española.

(Del latín collaborãre)

1. Trabajar con otra u otras personas en la realización de una obra.

2. Escribir habitualmente en un periódico o en una revista, sin pertenecer a la plantilla de redactores.

3. Contribuir: concurrir con una cantidad; ayudar con otros al logro de algún fin.

 

Si bien el arte -como se conoce comúnmente- nace de procesos íntimos, personales, individuales e intransferibles, hoy día, y en respuesta a las necesidades y nuevas lógicas del mundo, la tendencia es contraria. Muchos proyectos se piensan en colectivo y se habla constantemente de intercambio, red, apoyo, ayuda, colaboración y cooperación. La matemática es sencilla: “dos cabezas piensan más que una”.

 

Quisiera entonces hablar particularmente de varios proyectos que, en sus distintas modalidades e intereses, parten precisamente de esa premisa.

 

En la calle 59 con carrera 3ª, justo en una curva que desemboca como río en la serpenteante carrera quinta, en pleno corazón de chapinero alto, se ubica  un lugar llamado Cooperartes. Una típica casa del sector que comparte la manzana con una tienda, algún jardín abandonado, un edifico viejo, otro nuevo y varias construcciones similares que luchan por sobrevivir a la inclemente invasión bárbara de la urbanización contemporánea. Allí, y protegidos por un alto muro de piedra, han convivido desde hace casi 25 años, en tiempos, espacios y circunstancias distintas, diversos artistas, diseñadores y profesionales, que en su corto o largo paso por allí, han generado algún vínculo afectivo con el lugar. Pequeños cuartos y salones convertidos en estudios de arte que desde siempre han albergado bastidores, potes de pintura, pinceles, sobras de papel, lápices, libros, herramientas y la presencia constante y fantasmagórica de muchas cabezas pensantes que sueñan con esa cosa in-entendible, pero fundamental, que significa hacer arte. Originalmente fundado por una pasada generación que incluía al maestro Santiago Cárdenas y a muchos otros que fueron adhiriendo casi como abejas a un panal, esta cooperativa llegó a estar compuesta por más de 50 personas que vieron en esto una manera de sacar adelante su trabajo y apoyarse mutuamente. Otros, tan solo de sacar provecho. Lo cierto es que pasado el tiempo lo que probablemente ha sido un ir y venir de adhesiones, juntas, reuniones y vinculaciones, la loca idea de tener este espacio sigue viva. Y creo que sigue viva por la labor de resistencia que ha emprendido María Morán, madre de la casa y conductora incondicional de este proceso, quien junto a Lía García, también artista plástica, más joven y quien llegó a tomar unas clases de pintura y se quedó para siempre, han logrado mantener a flote este proyecto, e incluso, a mi parecer, posicionarlo sólidamente dentro de la escena local. A ellas se le suman el esfuerzo de Franklin Aguirre, otro terco irremediable que hace parte de las presencias que le dan vida a este espacio, así como Mateo López y Nicolás Paris, quienes gracias a la constancia en su trabajo y a lo exitoso de sus carreras, le han dado vigencia a toda esta locura que probablemente nadie logró imaginar del todo. Porque permanecer actual y activo es algo que depende de muchos factores, y aquí, la dedicación y el sacrificio grupal lo han permitido. 

El próximo sábado 22 de Octubre, para fortuna de muchos, sus puertas estarán abiertas para recibir al público dispuesto a sorprenderse.

 

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Por otro lado, hace un año, entre chiste y chanza, un joven inquieto, multidisciplinario, y amante de los juegos de palabras llamado Santiago Ayerbe, decidió inventarse un pequeño festival de arte. Un sitio de todos y para todos, que lograra brindarle un espacio de exposición a artistas jóvenes, que además de convertirse en un lugar de encuentro entre amigos, se posicionara como un termómetro de bandas emergentes de alto nivel. Así se planteó, con los pormenores propios de todo lo que se hace con las uñas y con la emoción propia de la juventud. Sin embargo, y más allá de las fallas o ingenuidades, el evento se realizó, y congregó a un gran puñado de gente joven que pudo sentir que algo bueno e interesante andaba pasando por allí. Se trata de Yavería, lo que hay que ver, que entre el 1 y el 6 de noviembre de este año vuelve y se realiza, ya no con 6 artistas, un par de bandas y en unas pocas horas, sino con tres veces más de participantes, las mejores bandas locales del momento y 6 días de interacción con el público. A Santiago se unieron Jaime Barbosa y Juan Rojas quienes en equipo han logrado un cronograma de actividades suculentamente atractivo. Todo en la recientemente remodelada galería ¼ de arte, ubicada en la zona t y que se ha vuelto un aliado clave para llevar a cabo el proyecto. El tiempo dirá si el esfuerzo valió la pena. (Ver video de la versión anterior)   ?

 

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Y el tercer caso tiene que ver con una de las curadurías de los actuales salones regionales. Se trata del colectivo conformado por los artistas Felipe Arturo, Leyla Cárdenas, Nicolás Consuegra, Ximena Díaz y Mónica Páez, quienes ganaron una de las Becas de Investigación Curatorial para los 14 Salones Regionales de Artistas – Zona Centro. Su proyecto: La Cooperativa. Valga la redundancia de mi artículo. Ellos, adelantándose quizás a toda esta ola de trabajo y esfuerzo mancomunado que vivimos, están proponiendo, más que unas exposiciones o una investigación concreta, es la experiencia de crear colectivamente. No sólo entre ellos, sino con todas las personas y grupos que se vinculen directa o indirectamente al proyecto. Me atrevería incluso a presentir que la propuesta pretende no sólo dilucidar la producción artística de la región, sino a su vez, encontrar mecanismos de autosostenibilidad profesional en esta área. O al menos, en el peor de los casos, saber si es posible o no. Siempre toca intentarlo. Así, y entre su variada propuesta, está la creación e implementación de una base de datos o directorio artístico virtual que incluya portafolios y hojas de vida, una biblioteca basada en módulos portátiles, plegables y a la vez acumulables, unos espacios de diálogo, intercambio, charlas así como otros de  formulación, crítica yfeed-back de proyectos. Todo un conglomerado de acciones metodológicas que podrán dar cuenta de las virtudes y falencias del trabajo en equipo.

 

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Y como estos ejemplos hay decenas en Bogotá. La prueba será precisamente este fin de semana, animado por tres ferias de arte: Artbo, La Otra y Odeón, y a cuyas actividades se le sumarán, entre muchas otras cosas, fiestas y recorridos por estudios y espacios independientes (CIRCULAR / ESTUDIOS ABIERTOS ). 


Los dejo, como sobre mesa, y para profundizar en el concepto de colaboración, con el colectivo brasileroOPAVIVARÁ (De Río de Janeiro), una clara muestra de lo que significa no pensar individualmente.

 

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