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El cine oficial del FICCI

2012/02/29

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Ayer a las dos de la tarde, en un callejón en el barrio Getsemaní, se pusieron cita algunos personajes que son el centro de atención de este festival. Monika Wagenberg los esperaba en La cocina de Pepina, un reservado restaurante en el que no había más de tres mesas ocupadas. Con el lugar casi solo para ellos, Héctor Babenco, Claire Denis y Dennis Lim,  integrantes del jurado de la competencia oficial, almorzaron a lo cartagenero y deliberaron sobre las cintas que componen la competencia.

Lo que se haya definido en esa mesa no lo sabemos, pero es muy probable que para este momento ya exista una película elegida y solo falte anunciar en público los ganadores de la Competencia Oficial del 52° Festival de Cine de Cartagena. El misterio se siente en el ambiente, pero el ganador puede ser cualquiera de los 12 largometrajes que componen la sección. Y hay que mantener la calma, por lo menos por 24 horas más, mientras conocemos el veredicto.

Es difícil apostar por una sola, pues sería emocionante ver muchas de las películas de la sección con el premio... ¡A veces parece tan injusto tener que sobreponer solo una!

Hay películas con tiempos muertos, con pocos diálogos y con una fotografía preocupada por los detalles, como Iceberg (España, 2011), que cuenta 4 historias paralelas de niños y adolecentes en un pueblo español, cada una con sus propias tragedias personales. El año del tigre (Chile, 2011) también tiene poquísimos diálogos, lo cual parece que fuera una exigencia de la misma historia, ya que cuenta la desventura de un hombre, totalmente solo, paralelo a la desventura de una comunidad, que es retratada como el fin del mundo: el terremoto de Chile en febrero de 2010. Hay otras más agiles y en las que no se puede parpadear un instante, como Heleno (Brasil, 2011), la historia de un futbolista brasileño, subido en las nubes de la fama, que se va convirtiendo rápidamente en una tragedia. O La voz dormida (España, 2011), enmarcada en la España de Franco. 

 

Podría hablar por horas de todas las películas, pero esto es un blog y no extenderse es la ley. Pero si hay algo común en todas –o casi todas– las películas de la sección es que al salir de la sala queda un sabor de tristeza, de desesperanza, de cruda realidad. No creo que sea solo una percepción personal. Un crítico omnipresente en proyecciones, eventos y actividades académicas del festival me explicó que examinar críticamente la realidad es una tendencia del cine latinoamericano y, además, la juventud suele estar cargada de incertezas y miedos, y el que muchas de estas historias sean historias de infancia y adolescencia lleva tambien esta carga. Es un cine no indutrial que tiene permiso de dejar a la audiencia destrozada, conmovida y con voluntad de cortarse las venas, cosa que en el cine comercial generalmente es mucho más improbable.

Complicado saber qué se dijo la tarde del martes 28 en el restaurante en Getsemaní, pero por lo menos hoy en la noche sabremos a qué llegó esa discusión cuando se anuncie quién se llevará la estatuilla de la India Catalina y el cuantioso premio en dólares con el que contribuyó Cine Colombia. 

Esta noche en la clausura se conocerán los resultados de la categoría principal del Festival, así como los del resto de secciones: la competencia documental, la de cortos, la de nuevos creadores y la de video arte.

Hagan sus apuestas, señores.

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