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El color del olvido

2012/05/23

Hay un recuerdo en particular de la televisión colombiana que tengo bien grabado en mi memoria. Fue una noche en la que el comentarista deportivo César Augusto Londoño, tras el violento asesinato del humorista Jaime Garzón, pronunció, sin pelos en la lengua, y con la desidia propia de la impotencia, la siguiente frase: “Y hasta aquí los deportes… país de mierda”. Unas palabras sabias, cargadas de dolor, y que retumbaron en la consciencia de millones de personas que veíamos ese día el noticiero CM&.

 

Trece años después me atrevo a decir que muchos probablemente ya se olvidaron de ello. No de la frase o del episodio, tampoco de la muerte de Garzón. - Al fin y al cabo las noticias en Colombia son tan mediáticas y amarillistas que parecieran entretenimiento puro. Y el entretenimiento todos lo recuerdan-. Lo que sí probablemente olvidaron es ese sentimiento que nos recorrió el alma aquel día de agosto. Porque Colombia, a pesar de todo, y digan lo que digan, sigue siendo un país de mierda.

 

Y es un país de mierda no por sus mares, sus animales, su gente, y todos esos lugares comunes en donde caen aquellos ciegos que nunca quieren ver, sino que es un país de mierda porque nos tratamos mal los unos a los otros, porque nos robamos los unos a los otros, porque no somos capaces de pedirle perdón al otro, porque preferimos mentir antes que decir la verdad, porque buscamos el beneficio propio antes que el comunal, porque no cuidamos nada de lo que tenemos, porque preferimos la guerra antes que el arte, y porque para colmo de todos esos males, no tenemos memoria, ni nos interesa tenerla.

 

Amarillo, azul y rojo. Esos son los colores de nuestra bandera. Dicen que el Amarillo es el color del sol, del oro, del trópico y del brillo. El azul lo asocian al mar, a las aguas, a nuestros ríos y a nuestras quebradas. ¿Y el rojo? El rojo es el color de la sangre, de las tripas cuando están fuera del cuerpo, de los cuerpos azotados por la muerte y de la muerte que ha ensangrentado los ríos, los mares y las quebradas. ¿Y en razón de qué? De poseer todo ese oro que tanto brilla cuando en él se refleja el sol. Irónico. Entonces vuelvo y me pregunto: ¿Y el rojo? El rojo es el color del olvido, y lamentablemente, el verdadero símbolo patrio de nuestra bandera.

 

Que apropiado resulta entonces para hablar del color rojo y de la sensación de olvido, que citando la actual exposición “Rojo y más rojo. Taller 4 rojo. Producción gráfica y acción directa”. Una muestra curada por el equipo TransHistoria (conformado por Maria Sol Barón y Camilo Ordóñez) y en la que se rescata el trabajo de este reaccionario colectivo creado en los años setentas.  Unos artistas que fueron conscientemente omitidos por nuestros historiadores del arte, y de los cuales, de no ser por un arduo trabajo de más de 2 años de investigación, no tendríamos consciencia. Relegados a la clandestinidad –así me sé yo la historia- el taller 4 rojo se dedicó a producir obra gráfica panfletaria y crítica, que, por obvias razones, no fue bien recibida en el circuito comercial y galerístico ni tampoco por los críticos de arte de la época. Por eso es que hoy en día nuestra sociedad tan solo conoce a los llamados “modernos”, y obvia, casi automáticamente, a quienes han estado al pie del cañon haciendo arte. Así que TransHistoria decidió hacer el trabajo sucio y desempolvar esa parte escondida de nuestra cronología cultural.

 

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Una muestra que rescata la actitud inquieta de una época y la resistencia de un grupo de artistas gráficos cuya lucidez es envidiable. Contradictoriamente, y como lección, mientras hay miles de reproducciones de piezas únicas de maestros como Obregón, Botero o Grau, no se conservan suficientes pruebas de aquellos carteles que marcaron toda una década. Vuelvo y lo digo, Colombia es un país de mierda. No porque hayan pocas expresiones artísticas o un déficit cultural, sino al contrario, porque los unos luchan contra los otros, se “pordebajea” al colega, se especula con los precios, se ignora la diferencia, se impulsan movimientos insensatos y no se fortalece la pluralidad. Es un vicio eterno que permea profundamente todos los sectores. Y lo mínimo que nos merecemos como ciudadanos, es una indemnización. Por suerte, creo que esta muestra de material, lo es.

 

Proyecto ganador del IV Premio de Curaduria Histórica de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño en 2010

Calle 10 No. 3 - 16 / Abierta hasta el 17 de junio de 2012

 

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