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El día de Franzen

2012/01/29

IMG_0716 - copia.JPGEl tercer día del Hay fue, sin ninguna duda, el día de Jonathan Franzen. Por la mañana dio una rueda de prensa y por la noche estuvo en el Teatro Adolfo Mejía conversando con Juan Gabriel Vásquez. Fue algo excepcional y oyéndolo leer en el escenario un fragmento de Libertad –una entrevista al personaje Richard Katz, leída con un estupendo y sutil sentido del humor– uno entiende por qué hace un año el presidente Obama llamaba insistentemente a su librero a preguntarle si la novela ya había llegado.

A propósito, durante la rueda de prensa, Franzen dijo que le alegraba que alguien que sí leía estuviera en la Casa Blanca, pero que cuando supo que Obama había comprado Libertad pensó: “no, no la leas, tú tienes cosas más importantes que hacer”.

 

En el día de Franzen, sin embargo, no dejé de pensar en la conferencia Latinoamérica en otras lenguas, en la que participaron Bruno Arpaia, consultor editorial y traductor del español al italiano, Nicole Witt, directora de la agencia literaria Ray-Güde Mertin de Frankfurt, y Gustavo Guerrero, editor en español para la editorial francesa Gallimard. El tema, moderado por Eduardo Rabasa, editor de Sexto Piso, era la traducción y edición de libros escritos en español.

 

Nicole Witt dio estas cifras: Alemania publica 80.000 libros al año de los cuales el 30% son de literatura. De esos el 17% son traducciones, casi siempre en inglés. El francés es el segundo idioma más traducido. La tasa de traducción al español es de apenas el 2,4%. Las responsabilidades y culpas se fueron hacia las generalizaciones: las editoriales solo publican lo que es rentable, sus directores son economistas y no literatos, hay poco espacio para la literatura en los medios… Cosas que, aunque ciertas, tienden a quedarse en el aire.

 

Entonces habló Guerrero. En Francia la literatura traducida al español llega al 5% mientras que la del inglés al 60%. ¿Por qué? Porque Estados Unidos tiene un mercado interno gigantesco. Un escritor como Jonathan Franzen, comentó Guerrero, vende 400.000 ejemplares de Libertad solo en la costa este de Estados Unidos. Franzen no necesita de Francia ni de Alemania porque su país produce el público y los elementos de valorización crítica necesarios. Sus agentes llegan a Gallimard con 400.000 lectores que respaldan cualquier exigencia.

En América Latina una buena novela tiene 2.000 lectores en Colombia, 2.000 en Perú y 2.000 en Venezuela. “No nos pidan a nosotros. Háganlo acá. Valoricen a sus escritores, denles premios, léanlos y así nosotros tendremos la mitad de la labor cumplida”, dijo Guerrero.

 

Ya es hora, recordó, de dejar de valorar nuestra literatura según lo que diga Francia. “El francés piensa que una novela estadounidense le habla de su propia vida, mientras que una latinoamericana siempre le va a hablar de otra vida. “Ya es hora de decirles a los europeos que no servimos para construir su centralidad”.  

IMG_0724 - copia.JPGGuerrero no fue complaciente. Me recordó la fábula de los ratones que quieren ponerle un cascabel al gato para oírlo cuando se acerque. Todos están felices hasta que uno, sin duda el aguafiestas, pregunta: ¿Y quién le pone el cascabel al gato?

 

Por la noche, mientras miraba a las personas que hacían fila en la firma de libros de Franzen,  pensaba en todo lo anterior. Y me atrevería a decir que hay una estrecha relación entre que el presidente de un país llame a su librero a preguntarle por una novela que acaba de salir y el hecho de que ese país tenga un escritor maravilloso como Franzen.

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