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El encanto de Isabella Rossellini

2012/02/25

Isabella.jpgRossellini entró al Teatro Adolfo Mejía vestida de negro; hermosa, como siempre. El público aplaudió emocionado ante la diva –parecía mentira tenerla tan cerca–. Ella nunca dejó de sonreír y de seguir juiciosamente las instrucciones de los organizadores del evento. Apenas llegó, la llevaron, más o menos, a la quinta fila del teatro. Nunca entendimos por qué no la ubicaron inmediatamente en la primera, o en el escenario. Ella se sentó. Muchas de las personas que se encontraban en los asientos aledaños empezaron a saludarla y a darle la mano. Su sonrisa persistía.

Luego, Salvo Basile pasó al frente, agradeció la presencia de la actriz y contó que le entregarían un premio India Catalina. Basile empezó a llamar a Rossellini con la mano, invitándola al escenario. Todo parecía improvisado. Ella no sabía qué hacer, los de logística tampoco y, desde su asiento, Mónica Wagenberg –directora del festival– intentaba decirle algo a Basile y él le respondía a través del micrófono, desde la tarima.   

Basile se sentía en casa. Hablaba en español e italiano. Rossellini no entendía la dinámica, pero sonreía: “¿Hay traductor? –preguntó– ¿Hablo en inglés, en italiano o en español?”. “¿Hablas español?”, le preguntó Basile. “No muy bien –contestó–, se me confunde con el italiano”. Así que decidió agradecer en su idioma materno. Basile correspondió su agradecimiento con algún comentario, también en italiano, que pocos entendimos. Luego la actriz volvió a su puesto.

Siguió el turno de Wagenberg en el escenario. Hizo el intento de presentar a Rossellini sin leer, pero estaba muy nerviosa y por un instante, corto, se quedó sin palabras. Después retomó el hilo y por fin terminó su intervención, que no solo la hizo sufrir a ella de manera evidente, sino al público, que pensaba que en el cualquier momento podía quedar en blanco.

Después el tributo mejoró, pues le dieron paso a la galardonada y a su obra. Presentaron su corto “Mi padre tiene cien años”, un homenaje que le rindió Rossellini a su padre, el cineasta Roberto Rossellini. Es una especie de documental en el que el padre es una barriga enorme y el resto de personajes son interpretados por Isabella. Al verlo es evidente que la actriz adoró a su papá, lo admiró profundamente y recibió con dolor cada una de las críticas que le dirigieron.

Más adelante pasaron cortos de la serie “Seduce me”, que Rossellini produjo para el Sundance Channel, un fragmento del documental “Los animales me distraen” y algunas escenas de sus películas más famosas. A través de cada obra y de la conversación que tuvo la directora del festival con la actriz, el público corroboró que es una artista espléndida, tan talentosa en el drama como en el humor, y con la capacidad de actuar, dirigir, producir y hasta escribir con éxito.

Para terminar la gala, el alcalde de Cartagena, Campo Elías Terán, le dio las llaves de la ciudad, y ella comentó: “Con estas llaves puedo abrir todos los cajones de todas las casas de Cartagena”. Y terminó diciéndole a Terán: “Lo felicito por ser el alcalde de la que posiblemente sea la ciudad más linda del mundo”. 

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