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Fauna y flora

2012/10/31

Hace dos décadas los edificios de Bogotá muchas veces se aglutinaban los unos con los otros para formar lo que comúnmente se denomina un conjunto cerrado. Espacios de socialización, enmarcados por una serie de rejas, en los que un sinnúmero de familias van viendo como sus hijos crecen, y como la comunidad, va mutando de estrato. Aún siguen existiendo. Pero lo que más me llamaba la atención -además de todo lo que implica vivir en esas pequeñas comunidades donde todos se enteran de todo- es que en 9 de cada 10 azoteas siempre emergía imponentemente una gigantesca antena parabólica, que en la gran mayoría de los casos, era más grande que la construcción misma. Siempre pensé que los edificios eran como las raíces de esos grandes platillos voladores que se asomaban hacia el cielo.

 

El resultado de tener estos receptores de ondas en los techos era que miles de jóvenes podíamos conectarnos en los 3 meses de vacaciones a ver todo tipo de televisión barata. La gran mayoría de canales provenían del Perú, Venezuela o México, y su programación estaba monopolizada por telenovelas y programas de variedades, salvo por una breve franja matutina en la que pasaban viejas series norteamericanas. Ejemplo: El auto fantástico, MacGyver, Los Magníficos o Manimal. Todas introducidas por una voz en off de un hombre con mucha testosterona: “Michael Knight, un joven solitario embarcado en una cruzada para salvar la causa de los inocentes…”, “Mac Gyver, con la actuación especial de Richard Dean Anderson…”,  “Hace 10 años un tribunal militar condenó a prisión a un grupo de comandos por un grupo que no cometieron...”, “Un hombre, con un oscuro pasado, desde los más recónditos parajes del Africa hasta las acrisoladas cimas del Tibet…”

 

20 años después y tomando como punto de referencia ésta última serie de televisión, Manimal, los integrantes del colectivo bogotano Si nos pagan Boys, deciden poner en escena una exposición que reflexiona, desde el arte, sobre la relación entre lo humano y lo animal. Es decir que más allá de lo que implica la importación de la cultura del entretenimiento a Latinoamérica, la idea era usar esta serie como un pretexto popular para entender el interés de un grupo de artistas contemporáneos colombianos por los animales. En gran medida porque los seres humanos olvidamos constantemente que somos otra especie más, o por el contrario, le otorgamos cualidades y características humanas a los animales. Y partiendo de esa sencilla constatación es que se derivan múltiples señalamientos al respecto. Dragones de papel, la connotación de palabras como “perra” en la sociedad, la educación lingüística de un sabueso, animales en poses humanas, formas antropomorfas, la idealización simbólica de un animal, etcétera. Todas preguntas que se formularon más de 30 artistas en su quehacer diario y que resultaron en todo tipo de propuestas visuales instaladas en un invernadero hecho directamente en el espacio de la Galería The Warehouse art.

 

Aquí algunas de las obras de la exposición >

 

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Por otro lado, y previendo la fuerte importancia que han tomado temas como la ecología, la botánica, la sustentabilidad, el medio ambiente y la vida misma, el curador José Roca acaba de fundar, en el papel y en la red, un nuevo espacio para el arte en Bogotá. Se trata de Flora, una propuesta que intenta ahondar en aquellas propuestas, búsquedas e investigaciones de artistas contemporáneos, cuyo centro de acción y señalamientos, giran, de una u otra forma, entorno a la naturaleza. Con el tono modesto, serio, respetuoso y muy profesional que caracteriza a Roca, esta parece ser una invitación a pensar de forma coherente en esa relación evidente entre arte y naturaleza. También parece ser un descanso y una estación de tranquilidad para alguien que ha vivido el corre corre de las instituciones grandes, y la grandilocuencia, a veces desmedida y absurda, del mundo del Arte. La propuesta incluye residencias en la ciudad de Honda, Re-lecturas de obras literarias como activadores de exposiciones, una biblioteca y un espacio físico que se inaugurará a mediados del próximo año. El resto, lo encontrarán mejor explicado y sustentado en el sitio web.

 

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Mi reflexión final, más allá de la clara invitación a conocer estos dos proyectos, es a pensar en qué medida estos temas de actualidad se vuelven una moda y una tendencia, o de verdad, son problemáticas que emocionan, preocupan o interesan a artistas y espectadores. Lo digo porque me preocupa profundamente que el arte caiga en la “pornomiseria”, el vegetarianismo radical o la espiritualidad ciega. Y entonces siempre vuelvo y me hago las mismas preguntas: ¿Domesticar a un perro o a un gato y tratarlo como humano no es peor aún que dejarlo tranquilo? ¿Tener jardines verticales o una huerta en casa no es la versión más domada de la naturaleza? ¿Acaso los sapos se quejan frente a otros sapos por aniquilar la vida de un mosquito? ¿El devenir humano, así, con todos sus defectos, no es el curso natural del planeta? ¿ Será que los conjuntos cerrados en los que se hacían amigos y travesuras se convertirán en eco-villas sin televisión? 

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