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Imitando al mundo

2011/08/24

Siempre que veo películas que utilizan referencias reiterativas a la cultura de occidente, me impresiono con la inmensa cantidad de códigos visuales que hemos construido a nuestro alrededor. Igual pasa con los libros, el teatro y el arte. Son chistes privados (ya no lo son tanto) que se activan cada vez más facil, y entre más gente, gracias al democrático acceso que se tiene a la información. Prueba fehaciente de ello son series de televisión como Los Simpsons, que continuamente hace guiños humorísticos a la cultura del entretenimiento global, a sus personajes y  a aquellas situaciones y noticias de actualidad más destacadas.

 

En arte contemporáneo esto se enmarca dentro del término “apropiación” y se refiere a aquellos ejercicios en los que se retoma una obra o proyecto ya realizado por alguien, y se le da una nueva lectura o un nuevo sentido. Es algo así como un reciclaje de obras de arte o comentarios propios sobre lo que ya existe. Esto les encanta particularmente a los coleccionistas, quienes al comprar estas obras se sitúan en un lugar seguro y en su zona de confort. Aquella llena de imágenes de la historia del arte y de todo lo certificado de antemano por el stablishment y el mercado. Los artistas por su lado, y con esto, se evitan el arduo trabajo que implica posicionar y validar un discurso nuevo, así como hacer entender su trabajo. Sin embargo, todo artista, es de cierta forma, un “apropiacionista” en potencia, ya que para construir su propia obra siempre recurre  a cosas ya hechas, sean de diseño, arquitectura, música o del arte mismo. Esto puede ser obvio o sutil. Todo dependerá. Entre más referencias, más difícil encontrar los rastros.

 

Aparte, para quien ve la obra, esto es un arma de doble filo. Porque así como puede generar una identificación rápida en quien comprende el comentario, también se puede alejar de forma abrupta de aquel espectador que no coge el chiste. Entonces lo que pareciera llegarle a un mayor público, se cierra a los más entendidos del tema. Las ventajas y  pormenores del conocimiento, y de la ignorancia. Un ojo entrenado, no necesariamente, logra ver lo que tal vez sí  puede una mente ingenua.

 

Lo cierto es que en esta ocasión quise presentar a dos artistas contemporáneos, uno de Colombia, y el otro de Uruguay, y quienes recurren de manera permanente a esos clichés del entretenimiento, para hablar de su propia identidad.

 

Por un lado está Juan Pablo Echeverri, bogotano, conocido principalmente por su ritual de tomarse diariamente una foto tipo documento (Miss Fotojapón), y quien a través de la fotografía, el video y su constante manía de disfrazarse, ha creado un universo propio, pero permeado por todos esos códigos de la cultura de occidente. Una obra contundente e incisiva que logra reflexionar sobre el problema del yo, en un mundo lleno de miles de yos.    

 

Y por el otro lado, Martín Sastre, uruguayo, referencia obligada de muchos, que con diversas obras en video siempre está poniendo en tela de juicio el concepto de fama o no-fama del artista y de todas las condiciones que de eso se derivan. Para bien o para mal.

 

A ambos los une ese poder histriónico de imitar y de usar el lipsing como recurso escénico.

Aquí algunos videos sobre sus obra:

 

Exposición de Juan Pablo echeverri en la galería 12:00 / Bogotá

 

Entrevista a Martín Sastre. 

 

Video promocional de la fundación Martín Sastre. 

 

Trailer del proyecto Miss Tacuarembó.

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