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Leyendo en Berlín

2011/07/27

Leí las primeras páginas de El libro de las nubes de Chloe Aridjis en la compilación de primeras páginas de autores invitados al Hay Cartagena que publica Arcadia. Eso hace dos años. Pero la imagen de una multitud de alemanes haciendo una cadena humana a lo largo del muro de Berlín en 1986—el muro cayó en el 89—se me quedó metida en la cabeza. De modo que antes de pisar Berlín por primera vez en mi vida, me pareció apropiado conseguirme la novela de esta mexicana, hija del poeta Homero Aridjis, que escribió El libro de las nubes en el 2009.

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[Acá el primer capítulo de la novela de Aridjis, publicada originalmente en inglés]

 

Este experimento de ir leyendo novelas del lugar donde uno se encuentra ya lo había hecho antes, por el sureste asiático, y de ahí nació un escrito que se llamó “Reseña andante”, que publiqué en la revista Número. Me había gustado eso de ampliar lo que veía con lo que iba leyendo. Cambiar la guía Lonely Planet por lecturas literarias.

 

Mis lecturas dependían mucho del azar pues en países como Laos o Camboya las librerías son pocas y la variedad de títulos nativos traducidos al inglés es limitada. Pero haber leído el testimonio de Pin Yatay, un camboyano que sobrevivió a un campo de trabajo forzoso de los jemeres rojos, después de ver la famosa prisión Tuol Sleng en Pnom Penh, añade un nivel de inmediatez a la lectura fascinante.

 

El libro de las nubes cuenta la historia de Tatiana, una mexicana que vive en Berlín sola, sin un oficio específico ni un propósito particularmente claro. Tatiana había estado en Berlín antes de la caída del muro, con toda su familia, y ahora vivía en un Berlín sin muros pero acorralado por la sombra de dos guerras mundiales y una guerra fría. Tatiana encuentra trabajo transcribiendo las grabaciones de un profesor de historia alemán (una suerte de WG Sebald neurótico), que excava en la memoria de la ciudad. La novela tiene poca trama, por no decir que no tiene trama ni argumento, pero es una reflexión conmovedora de lo que significa vivir extrañado y ausente, casi como un fantasma, en una ciudad poblada por toda suerte de fantasmas.

 

Había empezado a leer el libro de Aridjis antes de llegar a Berlín, y había tomado nota de algún par de detalles geográficos que la narradora mencionaba y que quería ver yo misma. Pero paré la lectura mientras estaba en la ciudad pues estaba ocupada viendo y disfrutando del lugar.

 

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Cuando retomé la novela—en un avión de camino a otro lugar de Europa—me encontré con un libro completamente transformado; y entonces las descripciones que Tatiana hace de Alexanderplatz o del memorial del holocausto judío o de un mercado de pulgas dejaron de ser palabras sobre el papel para convertirse en señales mágicas de algo que yo también había visto y que yo también quería entender y que no sabía cómo entender.

 

 

En una reseña del New York Times, Wendy Lesser escribe: “El Berlín de Tatiana es exactamente el que usted se encontrará si va allá. De alguna forma, la alienación de la narradora hace que sus observaciones sean más precisas que las de una persona ‘normal’, pues ella se enfoca en los fantasmas que ya no están así como en los extraños que sí están: y eso también hace parte de Berlín.

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