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Queremos tanto a Orwell

2011/06/11

Sospecho que en este blog ya he escrito sobre George Orwell, el inglés que escribió 1984 y Rebelión en la granja, dos clásicos escolares que por algún motivo los profes insisten que uno lea a los 15 años, cuando se deberían leer en el último año de universidad y luego ya estando más grande. Y si vuelvo a escribir sobre él es porque no conozco un escritor tan bueno, tan decente y tan necesario para entender el siglo XX.

 

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Orwell fue un escritor muy prolífico, y entre su obra se cuentan otras novelas aparte de las ya mencionadas (Los días de Birmania, por ejemplo, publicada en los años 30), una buena cantidad de ensayos, y tres libros de no ficción inolvidables: The Road to Wigan Pier, en el que Orwell relata sus experiencias con los mineros del norte de Inglaterra, Homenaje a Cataluña y Sin blanca en París y Londres (conocido en inglés como Down and Out in Paris and London). En este último, Orwell  narra sus desventuras en estas dos grandes ciudades, grandes para quienes tienen con qué sentarse en un buen restaurante y asistir a la ópera, pero más bien hostiles para mendigos y vagos. Orwell pasa por varios trabajos desgraciados hasta terminar vagando por Londres y por el campo inglés con una manada de mendigos, con quienes descubre una geografía paralela (el sitio donde regalan té, el refugio donde se puede dormir gratis, la iglesia donde regalan pan, etc.), la esclavitud de un estómago vacío y la crueldad del sistema capitalista. Como dice en su ensayo “Por qué escribo”,  sus annos en la policía inglesa de Birmania, como mendigo y como soldado en la Guerra Civil española le aumentaron  “mi odio natural por la autoridad y me ayudaron a ver realmente la existencia de las clases obreras”.  

 

Orwell nació en la India cuando aún era parte del imperio, estudió en Eton (ese afamado colegio británico que aparece en biografías y novelas de cantidad de escritores ingleses) y luego se hizo oficial del imperio en Birmania. La novela Los días de Birmania y los ensayos “Shooting an Elephant” y “The Hanging” son de los retratos más poderosos e inolvidables que uno pueda leer sobre el imperialismo inglés y las relaciones de poder entre el hombre blanco y el súbdito colonial. Por cierto, hay un excelente libro de no ficción de Emma Larkin, Finding George Orwell in Burma, que sigue los pasos del escritor por este país, hoy llamado Myanmar.

 

En 1938 Orwell publica Homenaje a Cataluña en el que relata su paso por la Guerra Civil española como soldado voluntario de los republicanos. Este libro genial y conmovedor, en el que explica las tensiones dentro del bando republicano y los intríngulis políticos de la guerra, es un testimonio realmente impresionante.

 

Cuenta Orwell que había llegado a España en 1936 con la intención de escribir unos artículos periodísticos, “pero me uní a las milicias casi inmediatamente, porque en esos momentos y en esa atmósfera era la única cosa que uno podía hacer. Los Anarquistas aún controlaban Cataluña y la revolución estaba en plena marcha. […] Era la primera vez que estaba en una ciudad donde la clase obrera estaba al mando. Casi todos los edificios habían sido tomados por los obreros y tenían las banderas rojas, o las banderas rojas y negras de los Anarquistas”. Desde las trincheras empobrecidas de los anarquistas Orwell describe su experiencia de la guerra, analiza las discrepancias entre la prensa y la realidad, se vuelve sospechoso de la demagogia republicana y relata el fin de esa brevísima revolución obrera por la cual él se hizo soldado. “Casi todo el mundo vestía con la ropa burda de los obreros o los monos azules o alguna otra variación del uniforme del miliciano. Todo esto era extraño y conmovedor. Había mucho que yo no entendía, y que tampoco me gustaba, pero me pareció que era algo por lo que valía la pena luchar”.

 

Lejos de ser una crónica voyerista tipo SoHo del estilo Seamos-soldados-por-día o Qué-se-siente-el-rebusque-callejero-en-48-horas, este libro de Orwell y toda su obra (ensayos, novelas y no-ficción) es una lección de vida y de escritura que parece estar pasada de moda. Estos son tiempos para que el escritor vaya a festivales y ferias, para que se encuentre con Su Público, de a conocer Su Obra y retuitíe sus propios tuiters.

 

En ese sentido, los escritores de hoy se ciñen muy bien al primer motivo que Orwell define como el motor de la escritura en su ensayo “Por qué escribo”. El primer motivo es “Egoísmo puro, el deseo de parecer inteligente, de que hablen de uno, de que lo recuerden después de morir. […]  Sería una gran patraña el pretender que esto no es un motivo, y un motivo muy fuerte”.  El segundo motivo es “entusiasmo estético”, el tercero “el impulso histórico” y el cuarto “un propósito político”.

 

Este último motivo o impulso es bien importante en la obra de Orwell y él lo describe así: “es el deseo de empujar el mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tiene la gente sobre el tipo de sociedad en el que deberíamos vivir”. Quería escribir sobre la naturaleza y sobre paisajes bucólicos, dice Orwell, pero no le tocaron tiempos para eso. El escritor responde a su historia y sus circunstancias directamente, dice Orwell, sin olvidar jamás el impulso estético. Por eso, confiesa, lo que él más quería era “que la escritura política fuera una forma de arte. […] Mirando mi propio trabajo veo que, sin duda alguna, cuando no escribía con un propósito político mis libros carecía de vida y terminaba escribiendo cosas rosas, frases sin sentido, adjetivos decorativos, en fin,  puras patrañas”.

 

Entre más releo el ensayo más ganas me dan de citarlo en su totalidad, que es el impulso idéntico a querer subrayar párrafos enteros que uno siente propios. O el impulso de leerle en voz alta a un amigo, que lee en silencio al lado de uno, una frase maravillosa. Entonces, como no es tan práctico transcribir la obra entera de Orwell acá, sólo puedo invitarlos a leerla.

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