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Sin pudor

2012/02/26

En Cartagena, era una de las películas más esperadas. Todos querían verla, así que las boletas se acabaron muy pronto. ¿Por qué le llamaba tanto la atención al público? El director de la película, Steve Mcqueen, diría que se debe a que el sexo nos compete a todos, pues todos somos sexo. A diferencia de lo que le ocurre a los alcohólicos y a los drogadictos, que deben recurrir a productos externos que el cuerpo en realidad no necesita, los adictos al sexo tienen una enfermedad muy problemática, pues el sexo hace parte de la esencia del ser humano y luchar contra eso es antinatural.

 

La película es una joya principalmente por Michael Fassbender, el actor que interpreta al protagonista, Brandon. Su actuación es fascinante y demoledora, pues logra unir la vulnerabilidad con la rabia y la desesperación. Su compañera en la pantalla, Carey Mullingan, interpreta a Sissy, su hermana, y también hace un papel maravilloso en el que su dulzura es a la vez fragilidad y melancolía.

 

El filme está centrado en la vida de Brandon, un hombre apuesto y exitoso que, sin embargo, no puede pasar más de un par de horas sin ir al baño a masturbarse. El computador de su oficina está infectado de porno y sus cajones están llenos de revistas con mujeres desnudas en las portadas. Al terminar la jornada laboral diaria, sus noches las pasa buscando mujeres fáciles con las que pueda tener sexo casual y, si no consigue, siempre tiene el teléfono de una prostituta a la mano.

 

Para el espectador, Brandon aparentemente sabe manejar su adicción al sexo, hasta que su rutina es interrumpida por su hermana, quien llega a quedarse en su apartamento por unos días. Ante ese reencuentro familiar, el público empieza a percibir que la condición de Brandon es grave y que lo acaba poco a poco. Además, aunque nunca es totalmente claro, la película alcanza a señalar que la adicción de Brandon tiene alguna relación con el hecho de haber tenido una infancia tormentosa.

 

Es una obra oscura que tiene una banda sonora melancólica. Yo nunca había oído una versión de “New York, New York” más triste y desencantada que la que suena en “Shame”, en la voz de Mulligan. Todas las notas agudas se vuelven graves y, entonces, esa esperanza que suele despertar la canción se transforma en desilusión, delirio y amenaza.

 

 Uno de los planteamientos más interesantes de la historia, que al parecer retrata fielmente la condición de muchos adictos al sexo, es que aquellas personas que sufren de esta condición acuden al sexo de manera desaforada para evadir sus problemas con el compromiso y la intimidad. Brandon necesita acostarse con muchas mujeres, pero es incapaz de tener relaciones serias. No cree en el matrimonio, ni en el amor.

 

La película está armada sobre secuencias largas, silenciosas, sórdidas y dramáticas, que revelan la realidad de una enfermedad que suele ser ignorada por vergonzosa, pero que debería tenerse en cuenta urgentemente en este mundo poblado por zombis solitarios.

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