| 2016/10/06

Luis Ospina cuenta la historia detrás de ‘Agarrando pueblo’

por Laura Martínez

2016/10/06

Por Laura Martínez

En agosto de 1977, poco después de la muerte de Andrés Caicedo, el llamado Grupo de Cali se juntó para realizar una de las obras fundamentales del cine colombiano. Agarrando Pueblo comienza como el documental que muestra a un equipo de cineastas colombianos contratados por la televisión alemana para elaborar un pieza sobre cómo se vive la miseria en los países tercermundistas. Carlos Mayolo y Eduardo ‘La Rata‘ Carvajal interpretan al director y al camarógrafo que recorren los barrios marginales de Cali y Bogotá en búsqueda de hombres, mujeres y niños "de la calle". En una de las escenas que recrean y acentúan la precaria situación social, el equipo se ve sorprendido por la irrupción de un personaje que pone en crisis el rodaje y el curso del relato.

Mayolo y Luis Ospina conocieron a Luis Alfonso Londoño, el personaje que irrumpe en escena, durante el rodaje de Oiga Vea (1972), en el barrio El Guabal de Cali. Fue él quien interpeló a ambos directores con la frase que daría título a la película seis años después:  “Yo hacía el sonido y Mayolo la cámara -cuenta Ospina- cuando escuché que alguien gritó, ‘¡Ajá, con que agarrando pueblo!’. Ninguno de los dos había escuchado esa expresión, así que me acerqué a este hombre descalzo, muy flaco y de figura extraña para preguntarle por lo dicho y nos explicó, ‘es que aquí vienen todos los gringos a tomarnos fotos y a filmarnos y uno no sabe qué hacen con esas imágenes o a dónde van a parar’".


Luis Alfonso era zapatero y usó cola para empapelar su casa con el guion y aprenderlo con gran rigor.

Aunque Carlos Mayolo y Luis Ospina continuaron trabajando juntos y colaborando en las películas del Grupo de Cali, Agarrando pueblo marcó el fin de su historia como codirectores. “Mayolo y yo hicimos varias películas en codirección. De todas estas películas yo era el editor pues a Mayolo le gustaba filmar, le gustaba la energía del rodaje y el trabajo con los actores... A mí me gustaba la parte solitaria que suponía el montaje. Mayolo decía que él y yo éramos como el escudo nacional, él era la libertad y yo el orden", cuenta Ospina.


Luis Ospina trabajó durante casi un año en el montaje de Agarrando Pueblo mientras vivía en París. La película, realizada en 16 mm, fue ensamblada en una moviola prestada en la que Ospina trabajaba por las noches mientras intercambia cartas con Mayolo sobre el proceso. "Finalmente le mandé la película, él la vio y le añadió un epígrafe de Mayakovsky, un poco como justificando la película. Yo admiro mucho a Mayakovsky pero me parecía que estaba fuera de lugar esa justificación pues, para mí, la película debía comenzar como una provocación. Me enojé muchísimo y le escribí a Mayolo una carta como de diez páginas exponiéndoles las razones por las que había que eliminar ese epígrafe. Creo que él, como era militante del partido comunista, tenía cierto temor de lo que la película podía provocar en estos grupos. En Colombia la izquierda estaba muy polarizada: por un lado estaban los del PC (Partido Comunista) y por el otro, los mahoístas del MOIR (Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario). En otro bando los troskistas socialistas y así, cada uno se sentía poseedor de la verdad....Creo que finalmente Mayolo reflexionó, accedió a sacar el epígrafe y después de eso continuamos siendo los grandes amigos que fuimos durante casi 60 años...".


El epígrafe de la discordia entre Mayolo y Ospina era una referencia a ‘El corazón del cine’, un texto del poeta ruso Vladimir Mayakovsky.

¿Qué es la porno miseria? por Carlos  Mayolo y Luis Ospina

El cine independiente colombiano tuvo dos orígenes. Uno que trataba de interpretar o analizar la realidad  y otro que descubría dentro de esa realidad elementos antropológicos y culturales para transformarla. A principios de los años setenta con la ley de apoyo al cine apareció cierto tipo de documental que copiaba superficialmente los logros y los métodos de este cine independiente hasta deformarlos. Así, la miseria se convirtió en tema impactante y, por lo tanto, en mercancía fácilmente vendible especialmente en el exterior donde la miseria es la contrapartida de la opulencia de los consumidores.

Si la miseria le había servido al cine independiente como elemento de denuncia y análisis, el afán mercantilista la convirtió en válvula de escape del sistema mismo que la generó. Este afán de lucro no permitía un método que descubriera nuevas premisas para el análisis de la pobreza sino que, al contrario, creó esquemas demagógicos hasta convertirse en un género que podríamos llamar cine miserabilista o ‘porno-miseria’

Estas deformaciones estaban conduciendo al cine colombiano por una vía peligrosa pues la miseria se estaba presentando como un espectáculo más, donde el espectador podía lavar su mala conciencia, conmoverse y tranquilizarse. Agarrando pueblo la hicimos como una especie de antídoto o baño miacovskiano para abrirles los ojos a la gente sobre la explotación que hay detrás del cine miserabilista que convierte al ser humano en objeto, en instrumento de un discurso ajeno a su propia condición

Pasaje de Mamá, ¿qué hago?, libro de Carlos Mayolo

“Latinoamérica se había vuelto el mejor sitio para la pobreza. Por supuesto, el cine de esa época, el de los setentas, no podía ocultarla, ni desconocerla. La miseria se volvió el tema. Todo el mundo salía con una cámara a filmar los defectos, las malformaciones, las cicatrices de una América Latina desigual y miserable. Todo el mundo, sin esculcar en medio de ese defecto social que es la pobreza, la filmaba como filmar un río, sin saber qué es frío o como filmarlo sin su sabor salado. Todos le caían a los pobres con sus cámaras, creyendo que con el sólo hecho de filmarlos se volvían un documento sobre realidad”.

“Pero la verdadera realidad no estaba en constatar el hambre, pues los del hambre eran los filmados. La miseria se fue volviendo mercancía, cosa que Marx nunca pensó. La empacaban y ganaba premios, confirmando que el filmado no podía ser filmador".

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Agarrando Pueblo se estrenó en 1978 en Colombia pero su formato en 16 mm hizo inviable su proyección en salas comerciales. Aún así,  comenzó a circular en espacios alternativos de cineclubes y universidades propagándose rápidamente por toda latinoamérica y el resto del mundo. Continúa vigente como una de las obras cinematográficas más interesantes a la hora de pensar la forma en que el cine revela, explora y cuestiona sus propios dispositivos, estableciendo una ética entre quien mira a través de una cámara y aquél que es observado.