Devenir invisible

Periodismo cultural - Revista Arcadia

Libardo Parra y compañero (1925). Fotografía sobre papel de Benjamín de la Calle. Colección Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Foto: COLECCIÓN BIBLIOTECA PÚBLICA PILOTO DE MEDELLÍN.
Acaba de ser publicado el libro 'Raros: historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1890-1980' (Universidad de Antioquia, 2017), del investigador Guillermo Correa Montoya, el primer estudio de largo aliento sobre la historia de la homosexualidad publicado en el país. 'Arcadia' aprovecha la ocasión para revisar los diversos intentos de escribir sobre este tema en Colombia.
Por: Halim Badawi* Bogotá12/12/2017 10:02:00

I. La voluntad de escribir una historia

Desde siempre, la historia LGBTI de Colombia ha sido una asignatura pendiente del activismo local. Las causas han sido múltiples: la poca disposición de las editoriales (suele suponerse que “lo gay” es un nicho reducido y que las cuentas no dan), la ausencia de fuentes documentales y el pudor de los historiadores a la hora de abordar un asunto que aún despierta viejos prejuicios y temores. Cuentan los dueños de una vieja librería bogotana (cuyo nombre prefieren mantener en reserva) que, a principios de la década del 2000, pusieron en venta el libro Lo que la Biblia realmente dice sobre la homosexualidad, de Daniel Helminiak y, acto seguido, un hombre compró todas las existencias de la publicación. Es fácil suponer que la intención era que el libro no circulara, y para cumplir su cometido no empleó la vieja estrategia de la demanda y la censura, sino una novedosa y efectiva estrategia comercial a la que resulta difícil oponerse: comprar todos los ejemplares.

A pesar de un contexto hostil, la regla ha tenido excepciones. Ebel Botero, filósofo de profesión y crítico literario de oficio, pertenecía a una extensa familia conservadora de Manizales y su trabajo parecía una revolución en medio del ambiente clerical y ensimismado de la llamada Ciudad de las Puertas Abiertas, una ciudad que, medio siglo atrás, había expulsado al escritor Bernardo Arias Trujillo, autor de la primera novela gay escrita por un colombiano, Por los caminos de Sodoma: confesiones íntimas de un homosexual (1932), un bello alegato que buscaba afirmar socialmente la posibilidad del amor entre hombres. En todo caso, Ebel fue el autor del primer libro científico sobre la conducta homosexual publicado en el país: Homofilia y homofobia: estudio sobre la homosexualidad, la bisexualidad y la represión de la conducta homosexual (Medellín, junio de 1980).

Botero quiso contrarrestar la ignorancia predominante en una sociedad conservadora. Recordemos que, entre 1978 y 1982, Colombia vivía el contexto represivo promovido por el Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay Ayala, entonces presidente de la República, que promovía la persecución policial de homosexuales y el cierre de sus espacios de encuentro. Para lograr su objetivo, Botero empezó su libro con un glosario, fundamental para diferenciar términos que entonces parecían uno solo: homoerotismo, homofilia, etcétera. Botero explicó el famoso Informe Kinsey, un estudio sobre la conducta sexual en humanos publicado en Estados Unidos tres décadas atrás; escribió sobre la persecución, los mitos y las causas, y abordó el problema de la ética y la religión frente a la homosexualidad. Ya en aquella época, Botero quiso explicarle al país por qué la homosexualidad no era una enfermedad ya que, desde entonces, había gente invocando los mismos prejuicios que hoy seguimos reproduciendo. Y, como puntada final, en un breve apéndice, Botero esbozó una primera historia del Movimiento de Liberación Homosexual (MLH) en Colombia.

A diferencia de Botero, el activista León Zuleta, fundador del MLH, nunca pudo publicar su versión de la historia LGBTI de Colombia. Zuleta intentó publicar un libro titulado Las memorias de El Otro: diez años del Movimiento de Liberación Homosexual en Colombia, una propuesta editorial que elevó al Instituto Lambda, en enero de 1987, y a Serials Bibliography Dpt. en Nueva York, en julio de 1987. Con ninguna de las dos logró obtener los 1500 dólares que requería para publicar su libro, dedicado a la revista El Otro, una pequeña publicación homófila fundada por él en Medellín a finales los años setenta. Después, en 1989, Zuleta quiso publicar en Lima (Perú) un texto de largo aliento que, por razones que no han llegado hasta nosotros, tampoco sería publicado La historia del Movimiento de Liberación Gay en Colombia, 1975-1987. Lo que sí sabemos es que Zuleta tuvo que huir de Medellín ese mismo año, 1989, por amenazas contra su vida, y sus archivos, que servirían de fuente para la historia, quedaron en poder de algunos de sus amigos.

Fotografías de la carta de identidad postal de León Zuleta.

Sorprende la consciencia que tenían Botero y Zuleta de la necesidad de construir una historia LGBTI, de generar una nueva tradición que le sirviera al activismo para proyectarse hacia el futuro. Ambos tenían la conciencia de conservar los archivos necesarios para generar esta historia invisible. Zuleta incluso planteó a una fundación canadiense, la Sociedad Kimeta, el proyecto de hacer un centro de documentación LGBTI en febrero de 1989, para lo que no conseguiría apoyo. En todo caso, es fácil suponer que las experiencias editoriales relacionadas con la historia LGBTI en Colombia y en general en Latinoamérica, eran pocas y clandestinas precisamente por el prejuicio de las editoriales: casi podemos imaginarnos a los editores estudiando los perjuicios a su imagen y sacando cuentas de los bajos réditos económicos que les traería publicar una historia gay. Zuleta murió asesinado en 1993 y, a pesar de ser el fundador de una inquietud, nunca conseguiría hacer pública la historia del movimiento que ayudó a fundar.

Por su parte, Ebel Botero, un pionero en su campo, no solo sufrió el castigo de una sociedad homófoba y mezquina, sino también el castigo de los mismos gais que tanto buscaba defender. Botero, molesto con las pugnas del activismo y con la homofobia reprimida bajo la piel de los mismos gais, escribió el 22 de abril de 1982 una carta a su amigo Zuleta, inédita hasta la fecha, en tono desesperanzado, en la que afirmaba: “A raíz del desprecio de mi libro por parte de los gais colombianos y extranjeros, me desligué de todo mundo. Rompí cartas (todas), regalé las revistas y rompí las direcciones. Si no me respaldaron en el sacrificio (de mi honra y de mi carrera docente) que hice con el libro, tampoco te respaldarán a ti ahora. No hay con quien contar. Por eso me aislé de todo en mi ‘torre de marfil’ y renuncié al trabajo político que quise empezar con mi libro (…). Sigo con el proyecto de la novela (con el libro anterior sigo encartado, con más de 400 ejemplares que no se han vendido aún al público) (…) Aura (una amiga feminista) despreció mi libro, los devolvió a la Nacional, siendo que estaban solo en consignación”. Y más adelante termina: “En Colombia, hoy por hoy, no hay quien defienda a un homosexual, y cuando uno saca un libro, como el mío, los mismos no lo leen, no lo comentan y le hacen el asco. No hay con quien, León (…) Está bien ser valiente, pero no hacer el ridículo”.

II. Raros en Antioquia

Si en la década de los setenta, Medellín fue la ciudad colombiana en donde surgieron los primeros movimientos homófilos, no debe resultar extraño que sea precisamente esta la ciudad en la que ha existido la mayor preocupación, de los investigadores, de recuperar esta historia. A partir de Botero y Zuleta vino un largo silencio que solo fue resuelto parcialmente con el tránsito al nuevo milenio: un primer y valioso aporte fue el libro Invisibles en Antioquia, 1886-1936: una arqueología de los discursos sobre la homosexualidad (Medellín, La Carreta Editores, 2004), un pequeño libro escrito por el historiador Walter Bustamante, que hoy es prácticamente imposible de conseguir (no aparece siquiera en el catálogo de la Biblioteca Luis Ángel Arango), y luego el libro Homofobia y agresiones verbales: la sanción por transgredir la masculinidad hegemónica, 1936-1980, publicado en 2008, que recoge numerosos titulares de la prensa sensacionalista antioqueña de las décadas de 1960 y 1970, en especial, del periódico Sucesos Sensacionales.

Sin embargo, solo en 2017, exactamente 30 años después de los intentos de Zuleta por publicar su versión de los hechos, vino a ser editado un extraordinario libro, que en principio apareció en 2015, en formato de tesis de doctorado en Historia de la Universidad Nacional, sede Medellín. El libro, escrito por Guillermo Antonio Correa Montoya, se titula Raros: historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1890-1980 (Medellín, Universidad de Antioquia, 2017, 490 páginas).

Correa Montoya se extiende sobre numerosos aspectos de la homosexualidad en Antioquia desde finales del siglo XIX hasta nuestros días: los aspectos legales y clínicos, los intentos psiquiátricos por normalizar la mal llamada “desviación” homosexual, las llamadas “falsas mujeres” (hombres vestidos de mujer, travestis o transexuales utilizados como insumo para las historias de la prensa amarillista) y la forma como, durante todo el siglo XX, los medios de comunicación y los códigos de Policía ayudaron a la construcción de los prejuicios y estereotipos que, con frecuencia, vemos reproducidos hoy en día: “la loca divertida”, “la loca risueña”, “la marica adinerada”, “el casihombre”, etcétera. Felizmente, el libro no sitúa (a diferencia de varios artículos que se han escrito sobre el tema) el Movimiento de Liberación Homosexual de León Zuleta como un punto de partida, sino como un punto de llegada (precisamente la última parte del último capítulo trata sobre Zuleta y el MLH), como el catalizador de una inquietud, de una cantidad de situaciones y problemas que parecían irresolubles, que flotaban en el ambiente desde hacía más de un siglo. Zuleta como tamiz intelectual de una inquietud social.

Así mismo, resulta de gran interés un apartado en el libro dedicado al fotógrafo Benjamín de la Calle, homosexual, retratista de travestis de la calle Carabobo y de parejas homosexuales, esto en la Medellín de la Hegemonía Conservadora. Sin duda, el libro Raros viene a llenar un enorme vacío en la historiografía colombiana sobre asuntos de género y expresiones culturales LGBTI. Sin embargo, quedan pendientes otras historias por contar, que requerirán algunos años más de trabajo colectivo: el nacimiento del activismo bogotano (opacado por el antioqueño), el activismo en regiones cuya historia parece inexistente, una biografía queer de Benjamín de la Calle (ojalá a partir de una revisión de su archivo personal y de fuentes primarias), la historia de los carnavales, los desfiles y los reinados travestis (que tan amplia tradición tienen en Colombia, probablemente desde la década del cincuenta), una visión queer de la historia del arte local (que por lo pronto sufre de exceso de testosterona blanca), la historia de los bares y discotecas para público LGBTI (los primeros espacios que permitieron la agrupación y el surgimiento del activismo), una historia legal y clínica del llamado hermafroditismo, entre numerosos otros asuntos aún pendientes de análisis. Esto, si lo que queremos es construir una nueva historia que permita generar nuevas coordenadas de combate, para proyectar hacia el futuro las luchas por la igualdad. Confiemos en que estas nuevas investigaciones ya vendrán.

*Crítico de arte. Cofundador de la Fundación Arkhé.

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