La juventud según Arthur Rimbaud

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Rimbaud murió en Marsella, el 10 de noviembre de 1891.
El poeta francés nació el 20 de octubre de 1854. Es conocido como el poeta maldito por excelencia, y alcanzó la fama en su adolescencia. Reproducimos su poema ‘Juventud’, que formó parte de su colección ‘Iluminaciones’.
Por: Revistaarcadia.com20/10/2016 15:28:00

I

Domingo

Apartados los trabajos con números, la inevitable bajada desde

el cielo, y la visita de los recuerdos y la sesión de los ritmos

ocupan la morada, la cabeza y el mundo del espíritu.

— Un caballo parte veloz en el hipódromo de las afueras, a

lo largo de los campos de cultivo y de las zonas del bosque,

perforado por la peste carbónica. Una miserable mujer de

drama, en algún lugar del mundo, suspira tras abandonos improbables.

Los forajidos languidecen tras la tempestad, la borrachera

y las heridas. Niños pequeños sofocan maldiciones a

lo largo de los ríos. —

Reanudemos el estudio con el ruido de la obra devoradora

que se reagrupa y vuelve a levantarse en las multitudes.

II

Soneto

Hombre de constitución normal, la carne ¿no era una fruta que

cuelga en el vergel, — ¡oh días niños! el cuerpo un tesoro que

prodigar; — ¡oh amar! el peligro o la fuerza de Psiquis? La

tierra tenía vertientes fértiles en príncipes y artistas, y la des -

cendencia y la raza empujaban a los crímenes y a los lutos: el

mundo fortuna vuestra y peligro vuestro. Pero ahora, colmada

esta labor, tú, tus cálculos, tú, tus impaciencias — ya no son

más que vuestro baile y vuestra voz, no establecidos y nada

forzados, aunque por razón de un doble acontecimiento de invención

y de éxito de una temporada, — en la humanidad fraterna

y discreta por el universo sin imágenes; — la fuerza y el

derecho reflejen el baile y la voz que sólo ahora empiezan a

valorarse.

III

Veinte años

Las voces instructivas exiliadas… La ingenuidad física amargamente

venida abajo… — Adagio. ¡Ah! El egoísmo infinito

de la adolescencia, el optimismo estudioso; ¡que lleno de flores

estaba el mundo aquel verano! Los aires y las formas moribundas…

— ¡Un coro, para calmar la impotencia y la ausencia!

Un coro de cristales, de melodías nocturnas… En efecto,

pronto han de zozobrar los nervios.

IV

Todavía estás en la tentación de Antonio. El jolgorio del interés

abreviado, las manías del orgullo pueril, la postración y el

espanto.

Pero emprenderás este trabajo: todas las posibilidades

armónicas y arquitectónicas se conmoverán en derredor de tu

asiento. Seres perfectos, imprevistos, se ofrecerán para tus experimentos.

A tus alrededores afluirá soñadora la curiosidad

de antiguas muchedumbres y de lujos ociosos. Tu memoria

y tus sentidos no serán sino alimento de tu impulso

creador. En cuanto al mundo, cuando tú salgas, ¿en qué se

habrá convertido? En todo caso, ninguna de las apariencias

actuales.

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