"Nos quieren silenciar": Isabel Coixet se opone al referendo por la independencia de Cataluña

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Isabel Coixet nació en 1960 en Barcelona. Crédito: Carlos Alvarez/Getty Images.
La conocida directora de cine catalana ha causado polémica y ha sido víctima de ataques por oponerse abiertamente a la propuesta. En una entrevista con BBC Mundo habla acerca de la división que existe en Cataluña y de los riesgos de la situación actual.
Por: Irene Hernández Velasco BBC Mundo06/10/2017 10:56:00

Isabel Coixet (Barcelona 1960) es una reputada directora de cine catalana con numerosos filmes y premios en su haber. Pero, estos días, no son sus películas las que están siendo noticia.

La cineasta, que se ha declarado abiertamente en contra del referéndum de independencia celebrado el pasado domingo en Cataluña, y que junto a casi un millar de artistas e intelectuales que se definen ‘de izquierdas‘ firmó un manifiesto en el que se hacía un llamamiento a la población catalana a no participar en esa consulta, denuncia que está siendo objeto de insultos y hostigamiento por parte de algunos independentistas.

Y advierte: "Me encantaría decir que es imposible que en Cataluña se dé el salto a la violencia física, pero en este momento puede pasar cualquier cosa".

BBC Mundo habló con ella.

Usted se ha declarado en repetidas ocasiones en contra del referéndum de independencia que se celebró el domingo pasado en Cataluña. ¿Por qué?

Porque, como se ha confirmado, ese referéndum se ha hecho de manera tercermundista: sin control, con observadores internacionales no imparciales y claramente pro-referéndum, sin censo, sin las mínimas garantías democráticas… Ha sido todo absurdo.

Usted ha denunciado haber sido agredida verbalmente e insultada por declararse en contra del referéndum…

Sí. En realidad no es nada nuevo. Este tipo de agresiones empezaron hace tiempo, cuando firmé un manifiesto promovido por varios escritores, sociólogos y filósofos en el que solamente se pedía un bilingüismo real en Cataluña. Todos los que firmamos ese manifiesto hemos sido atacados y a todos nos han apartado de la televisión pública catalana. Para los medios catalanes, no existimos. Y todo por decir que para mí el bilingüismo es una riqueza…

Yo he estudiado en un colegio bilingüe catalán/castellano, en mi casa hablaba catalán con mi padre y castellano con mi madre, que es de Salamanca. Es un despropósito que por defender un valor fantástico como es el bilingüismo te dediquen artículos insultándote.

Hace unos días, mientras paseaba a su perro por Barcelona, unos jóvenes la increparon en la calle y la llamaron "fascista" por declararse en contra del referéndum, a pesar de que usted siempre ha manifestado ser de izquierdas. ¿Cómo se sintió?

Al principio ni siquiera fui consciente de que me estaban insultando a mí, no podía creer que esas palabras fueran dirigidas contra mí. Yo nací en tiempos del franquismo, mi padre ha sido un militante antifranquista toda su vida. Yo comencé a ir a mis primeras manifestaciones y protestas con 13 años.

Los primeros insultos contra mí empezaron hace diez años. Los periódicos fundamentalistas catalanes me dirigieron ataques tremendos cuando me declaré a favor del bilingüismo. Pero aunque otras veces antes ya me habían insultado, siempre las habían hecho a mis espaldas. Esta vez, sin embargo lo han hecho de frente, lo que demuestra la escalada de violencia que estamos viviendo.

¿Se encuentra la sociedad catalana dividida?

Sí, profundamente. La escritora Almudena Grandes decía el otro día que hay una doble fractura, por un lado de Cataluña con España y, por otro, dentro de la propia sociedad catalana, y creo que tiene razón. Es una situación muy difícil, espantosa.

Escritores como Juan Marsé o Eduardo Mendoza, que son la esencia de Barcelona, que en sus libros han narrado como nadie los entresijos de esta ciudad, su alma, se ven ahora señalados. Nos quieren silenciar.

Yo soy consciente de que soy una persona privilegiada, me puedo ganar la vida en cualquier sitio del mundo, en Cartagena de Indias, en Arkansas, donde sea. Pero me pregunto qué harán los que no tienen la misma suerte que yo, me preocupan todos esos catalanes que trabajan aquí, que tienen su vida hecha aquí, que tienen aquí sus familias y que están siendo acosados.

Esta es una sociedad que se está suicidando a cámara lenta. Lo denuncio desde hace años, llevo mucho tiempo diciendo que hay que sentarse y hablar, pero nadie me ha hecho caso.

¿Tiene miedo?

No, no tengo miedo. Pero conozco a gente que lo tiene.

La parte de la sociedad catalana que está en contra de la independencia y del referéndum guarda silencio. ¿Por qué?

Porque hay una gran presión social. La realidad es que la gente ha callado durante demasiado tiempo. Ha guardado silencio por no querer significarse delante de los otros, por no quedar mal en la reunión de la asociación de padres del colegio, por no molestar, por no perjudicar a sus hijos, porque no la señalaran, por miedo al aislamiento social, por miedo a perder sus pequeñas prebendas…

Mucha gente ha callado por no ser diferente, porque qué más da. Se ha callado por miedo a cosas pequeñas, y ahora esas cosas se han hecho muy grandes y están pasando factura.

¿Se ha llegado a plantear abandonar Cataluña, trasladarse a vivir a otro lugar?

Sí, claro que me lo planteo. He vivido en medio mundo, mi pareja es de Nueva York. Pero siempre he considerado Barcelona mi hogar, aquí es donde creció mi padre, donde he crecido yo. Cada vez que llego Barcelona y respiro el aire húmedo de esta ciudad me siento en casa.

¿Cree que la escalada de tensión continuará?

Lamentablemente, creo que sí. Como ya le he dicho, ni por parte del Gobierno español ni por parte del Gobierno catalán veo voluntad real de dialogar y de resolver esta situación. Están como gallos, a ver quién la tiene más larga… Así que habrá más llanto y más crujir de dientes.

Es posible que de las agresiones verbales se pase a las agresiones físicas?

No lo sé, de verdad que no lo sé. No me atrevo ni a pensarlo. Estos días estoy releyendo a Stefan Zweig y me estremezco, muchas de las cosas que dice podrían haberse escrito hoy en día.

Me encantaría poder decir que no, que es imposible que se dé el salto a la violencia física, pero en este momento puede pasar cualquier cosa.

¿La situación aún se puede recomponer?

Una amiga mía de la infancia que acaba de morir decía siempre que hay que negociar con la vida y con la muerte hasta el último momento. Así que no hay que rendirse, hay que seguir aspirando a que todo esto se resuelva, es posible lograrlo, aunque ahora mismo parezca imposible. Simplemente con que se bajara un poco el tono y nos sentáramos a hablar ya sería mucho.

El Gobierno catalán asegura que 2,2 millones de ciudadanos, de los más de 7,5 con que cuenta Cataluña, participaron en la consulta y que un 90% votó a favor de la independencia. ¿Qué le parecen esos datos?

Si este referéndum se hubiera celebrado en un país del tercer mundo, toda la comunidad internacional se habría alzado para protestar. ¿Dónde están las personas que no han votado o que han votado "no"? ¿Es posible que no se las tenga en cuenta?

Yo conozco a muchas personas que han ido a votar y que, a pesar de tener que hacerlo rodeadas de banderas de Cataluña y delante de personas claramente a favor de la independencia, han votado en contra. La única publicidad que se ha hecho es la del "sí", se ha gastado una enorme cantidad de dinero público promoviendo el referéndum.

En esas condiciones, ¿dónde está la democracia?, ¿dónde está la libertad? Yo creo que represento a la mayoría de la gente, y nos han colocado entre la espada y la pared.

Pero por otro lado parece innegable que hay un fuerte sentimiento nacionalista en una parte importante de la sociedad catalana, ¿no cree?

Claro que lo hay, ¿cómo no iba a haberlo? El Gobierno catalán lleva a cabo desde hace años una campaña de victimización en la que se acusa sistemáticamente a Madrid de todos los males, en la que se repite constantemente "España nos roba". Y si tu Gobierno dice casi a diario que España te está robando, ¿cómo no te lo vas a creer?

Yo creo que una cosa es el orgullo de pertenecer a un lugar y otra la soberbia. Yo estoy orgullosa de ser de Barcelona, de ser catalana, de ser española, de ser europea. Pero lo que estamos viendo es un problema de soberbia, de superioridad. Además, se está confundiendo a un gobierno con un país. Conozco a bastantes personas que en el referéndum han votado no tanto a favor de la independencia sino en contra de Mariano Rajoy, su voto ha sido un gesto de repulsa a su Gobierno.

Ahora hay que pensar en cómo solucionar este conflicto, aunque para conseguirlo hay que querer resolverlo y yo lo que veo es a las dos partes jugando a ver quién la tiene más larga. Pero si este conflicto no se resuelve, va a estallar.

Gran parte de la comunidad internacional ha condenado enérgicamente es el uso de la violencia empleada por la policía española para tratar de impedir la celebración del referéndum…

También yo la condeno. Ha sido terrible, absolutamente terrible. El gobierno central ha actuado de manera espantosa, pero también lo ha hecho el gobierno catalán. El Gobierno catalán, como ya le he dicho, lleva años asegurando "España nos roba", y España responde enviando a Cataluña a efectivos policiales y agrediendo a la gente.

Yo me dedico al cine y sé muy bien que las imágenes tienen mucho poder, mientras que las palabras se las lleva el viento. Y las imágenes que han dado la vuelta al mundo son las de esas agresiones.

Lo terrible es que no ha habido en ningún momento por parte del Gobierno catalán el deseo real de emprender una negociación, como tampoco la ha habido por parte de Madrid. Yo lo que me pregunto es a quién beneficia toda esta inseguridad que estamos viviendo, toda esta confusión.

El Rey de España, Felipe VI, dirigió el pasado martes un duro discurso a la nación en el que calificó al Gobierno catalán de "deslealtad inadmisible" y de pretender quebrar la unidad del país. ¿Qué le parecieron sus palabras?

Sentí una profunda decepción. Reclamar la legalidad está muy bien, pero no dijo ni una palabra de la necesidad de establecer un diálogo entre las dos partes para acabar con esta situación.

Ese es el problema, el verdadero gran problema: ninguna de las dos partes quiere dialogar, ni Madrid ni Barcelona.

¿Cuál sería entonces la solución?

Habría que crear una comisión de gente que realmente quiera arreglar esto. Una comisión de gente que no quiera colgarse medallas sino acabar con este conflicto espantoso que no es bueno para nadie.

¿Qué ocurrirá si la semana que viene el Gobierno catalán declara de manera unilateral la independencia de Cataluña?

No quiero ni pensarlo. Nadie que viva en Barcelona se atreve a pensarlo.

En la situación actual, ¿de dónde saca fuerzas para seguir adelante?

En 2011 hice un documental sobre el juez Garzón. Me ayuda pensar por todo lo que pasó y cómo ha conseguido superarlo sin rencor y con el corazón limpio. Ninguna de las cosas de las que ha sido acusado Garzón se ha demostrado, y sin embargo le han inhabilitado para seguir ejerciendo como juez.

Yo tengo la suerte de poder hacer cine en cualquier lado.

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