El virus de la tristeza

Cine

El virus de la tristeza
El director Alejandro Alonso nos enfrenta a contemplar, en silencio, el fracaso de uno de los grandes proyectos de la revolución cubana: la creación del “hombre nuevo”.
Por: Laura Martínez Duque03/01/2018 09:05:00

En El Proyecto, la ópera prima de Alejandro Alonso, cubano de 29 años, no hay denuncia ni queja sobre el fracaso de uno de los grandes proyectos de la revolución cubana: la creación del “hombre nuevo”. Él mismo fue parte de aquel experimento que pretendía formar a los jóvenes superiores imaginados por Fidel Castro y Ernesto ‘Che’ Guevara y vivió durante tres años en una de las más grandes ‘escuelas en el campo’, donde los adolescentes debían combinar el trabajo agrícola con el estudio.

Sobre su paso por estas escuelas creadas después de la revolución, Alonso se limita a decir que fue un período más difícil que el servicio militar y que aún convive con el trauma de aquella experiencia. Esta información se conoce a través de entrevistas que ha concedido el director luego de que El Proyecto se estrenara mundialmente el 21 de abril de 2017* en Visions du Réel y ganara el Premio FIPRESCI del DOK Leipzig 2017. Nada de esto permea la obra.

Alejandro Alonso pertenece a una generación de realizadores que parece querer desligarse de una herencia cinematográfica. Alejándose del tono combativo, el discurso panfletario, el adoctrinamiento y el maniqueísmo, en el caso cubano. Es como si aquella verdad cristalizada durante años se hubiera hecho añicos y los más jóvenes se quedaron observando la realidad detrás de las esquirlas -de los cristales-. Las imágenes vistas a través de un cristal, con sus caras opacas y luminosas, son siempre múltiples. Concentran el pasado y el futuro en un presente y, a veces, funcionan como espejos sobre los que el espectador se asoma a sus propias imágenes interiores.

En este tipo de documentales el espectador debe buscar cierta información más allá del texto que proporciona la película y, de querer hacer la tarea, tiene la libertad para formar su opinión sobre los hechos. Para estos realizadores, como en el caso de Alonso, es más deseable reflexionar sobre los dispositivos, las formas de representación y su responsabilidad como enunciador, sin la altivez con la que en otros tiempos los creadores se presentaban como poseedores de una verdad irrefutable.

En El Proyecto, las ruinas de aquellas enormes estructuras creadas para construir un futuro excepcional parecen monumentos de un sueño devastado en cualquier parte del mundo. O esas naranjas que se infectaron del Citrus tristeza virus y arruinaron el negocio agrícola que financiaría la utopía. Como los rostros de las personas que llegaron atraídas por una promesa y hoy parecen fantasmas que siguen a la espera. Son imágenes a las que el realizador otorga nuevos significantes para construir, más que una película sobre un fracaso pasado, un relato sobre la tristeza de estos tiempos en los que el futuro se parece cada vez más a una distopía.

O en las palabras de T.S. Eliot al inicio del largometraje: “Tiempo presente y tiempo pasado se hallan quizás presentes en el tiempo futuro. Y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado. Si todo tiempo es eternamente presente, todo tiempo es irredimible…”

* El Proyecto de Alejandro Alonso se estrenó en Colombia en el marco de la tercera edición del BIFF (Bogotá International Film Festival)

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