Cristina Lleras, curadora del Museo Nacional de Colombia.

“Al Museo de nada le sirve tener unas colecciones fantásticas si nadie lo visita”

La ministra de Cultura puso el dedo en la llaga al pedir que se debatiera la actual narrativa de la historia del país que presenta a los visitantes el Museo Nacional. Arcadia entrevista tanto a la artista Beatriz González, curadora del Museo durante 14 años, como a la actual curadora, Cristina Lleras. Sus visiones opuestas sobre cómo debe contarse esa historia abren la puerta a uno de los debates intelectuales más interesantes del momento.

2011/05/24

Por Humberto Junca

¿Cómo llegó a trabajar en el Museo Nacional?

La primera vez que pisé el Museo Nacional fue en 1996 cuando era estudiante de sicología en Washington, en la Universidad de Georgetown y vine al Museo para ser voluntaria durante dos meses. El archivo fotográfico tiene una colección de las obras del Museo, en ese momento eran fotografías en blanco y negro, y había que ingresarlas en una base de datos y almacenarlas; ese fue mi trabajo. Yo volví al país en el 2000 y empecé a mirar espacios, y coincidió con que la asistente de Beatriz González en ese momento se iba a estudiar su doctorado

¿Cuándo comenzó como curadora del Museo?

En el 2004. Cuando comencé, mi primer objetivo era poder trabajar muy en serio en las exposiciones permanentes y en el crecimiento de las colecciones.

La ministra de cultura dijo hace poco que existen visiones encontradas entre usted y la de la anterior curadora, Beatriz González. ¿En qué se diferencian?

Primero, querría decir que no es mi visión. Soy la curadora de arte e historia de una institución que tiene otras personas y tiene otras instancias, tiene un plan estratégico, un plan de acción y hay varios comités.

¿Qué vacíos encontró?

Si uno tomara un esquema en el que se tiene una preponderancia de los objetos de las colecciones por un lado y por el otro, una preponderancia de los discursos y de las ideas, en las exposiciones permanentes la preponderancia de los objetos es muy fuerte; lo cual no es malo, pero quiere decir que reflejan los mismos vacíos que tienen las colecciones; entonces, ahí tenemos que entrar a mirar cómo se han conformado y cuáles son los temas que representan las colecciones del Museo Nacional: quiénes están representados, qué historia se cuenta, qué historia no se cuenta. Margarita Garrido lo decía hace diez años: el Museo tiene que contar una historia económica, tiene que contar una historia cultural, tiene que contar una historia social y eso no está en las colecciones. El Museo es un museo de la nación colombiana que hoy en día se erige sobre los cimientos de la Constitución del 91. Y el Museo no reflejaba eso que proponía la nueva constitución. Cuando el Museo se crea hace casi 190 años, es un reflejo de cómo se concibe el Estado nación en ese momento. Entonces, nos tenemos que preguntar hoy en día cuál es la nación que queremos, y en esa medida, cuál es el Museo que queremos. El tema sobre lo patrimonial es superinteresante, la forma como yo veo el tema tiene que ver más con el uso que le damos a ese pasado y en este caso a esas colecciones, no tanto con los objetos en sí. No creo que las cosas hablen solas, hay que hacerlas hablar. A mí un zapato no me dice nada. Ese zapato me va a decir algo si yo lo pongo en un contexto, si hablo de la producción textil o de la importación de objetos de lujo en la colonia. Tengo que echar un cuento con ese zapato, hacerlo relevante para los visitantes del siglo XXI. Mi mirada sobre lo patrimonial es que por supuesto hay que respetar y conservar las colecciones, pero si no las comunicamos y no estamos en contacto con ese público, preguntándole “¿qué se llevó usted de esto?”, esas colecciones no tienen valor.

La ministra también dijo que el Museo antes narraba algo y que ya no narra nada. ¿Usted qué piensa al respecto?

Volvamos al guion de hace diez años. Ese guion se elaboró como una narración lineal, cronológica, que partía de los primeros pobladores hace quince mil años y terminaba en 1948 con una sala da arte. Era un cuento. ¿El Museo Nacional puede echar un solo cuento? Yo no creo. Por supuesto que tiene que contar historias, pero creo que esas historias tienen que ser múltiples. Lo que percibo de lo que dice la ministra, lo que entiendo de por qué hace esa observación, es porque cuando usted ve el Museo hoy día, de pronto tiene una sala como Modernidades, que tiene un planteamiento temático, y va a otra sala, una sala de la curaduría anterior, y entonces tiene este planteamiento cronológico; de modo que sí se percibe como una fragmentación, por el mismo proceso de cambio que ha vivido el Museo. Entonces el compromiso con la ministra tanto de la directora del Museo como el mío es acelerar un proceso. Eso se da en una coyuntura interesante: estamos al filo del final del plan estratégico 2001-2010 que es ese plan que nos llevó a hacer todas estas evaluaciones y cambios en las salas permanentes, que produce, a partir de esos cambios, una fragmentación en esas narraciones, por querer nutrir y dinamizar las exposiciones permanentes. Es que llega un momento en el que uno puede seguir reparchando pero todo se vuelve como un collage incomprensible y lo que uno tiene que hacer es volver a construir todo de nuevo. Entonces, nuestro compromiso con la ministra es entregar ese documento, con las políticas, armando una especie de generación de principios: ¿cuál es la mirada, o cuáles son las miradas que se van a incorporar, cuáles son los temas, cuáles son las primeras puntadas? y eso luego obviamente toca desarrollarlo. ¿Cuál es esa mirada del patrimonio, de cultura, de la interdisciplinaridad del Museo?

¿Y cuándo van a entregar eso?

¡Ya!

¿Y quienes lo están redactando?

Yo soy la coordinadora, yo redacté el documento que luego discutimos con la directora, incorporando sus observaciones. Ha tenido cambios, pero en lo fundamental, lo que hice fue condensar información de diagnósticos de historiadores, académicos y sectores no académicos, ya que tenemos información sobre cuál ha sido la experiencia de los públicos en las salas. Entonces, buscamos crear un balance entre lo que piensan distintos sectores.

Simplificando, ¿se debe a la vieja discusión entre la tradición y la ruptura?

El patrimonio tiene sentido en la medida en que a la gente le importe, en la medida en que genere apropiación. Al Museo de nada le sirve tener unas colecciones fantásticas, si nadie lo visita.

¿Eso es lo que estaba pasando?

?No. Yo creo que la puesta en escena anterior, tenía dentro de su plan también la idea de entrelazar el arte y la historia, aunque su narración seguía siendo una historia muy, muy política, de retratos de grandes hombres, que es lo que tenían las colecciones. Entonces, mi pensamiento es que podemos volver a mirar esas colecciones, pero mirándolas también desde las ideas que queremos contar. No es que ahora vayamos a guardar todas las colecciones y a botar textos e imágenes; precisamente la exposición del Bicentenario trató de crear ese diálogo entre las colecciones del Museo y otro tipo de imágenes, y además quiero enfatizar que a pesar de los problemas de espacio que tiene el Museo, las colecciones tienen que seguir creciendo, porque en la medida en que nosotros podamos ampliarlas con la iconografía y los objetos de los personajes, los procesos, los movimientos que están siendo descubiertos, podremos ilustrar a cabalidad su historia.

¿Y cuáles son esos nuevos personajes de la historia, esos otros movimientos históricos?

Son esos otros grupos que se han agrupado bajo la etiqueta de pueblo: soldados, campesinos, héroes sin retrato, negros libres, mulatos y esclavizados, indígenas, juanas o mujeres campesinas también. Nos preguntamos por qué la representación del pueblo ha sido ambivalente, entre la plebe enardecida o el pueblo que encarna la soberanía de la nación.

¿No es posible un Museo donde compartan espacio las viejas y las nuevas narraciones? ¿No existe el peligro de que pasemos a una nueva narración histórica sin aún comprender del todo la anterior?

Pienso que el Museo se vuelve útil para la sociedad en la medida en que no solamente nos muestra lo pasado, sino que también puede proponer herramientas para la reflexión y el debate de ese pasado que no se ha acabado de construir, pues creo que la historia siempre la estamos construyendo desde el presente.

¿Cuál era el propósito, el concepto principal de la exposición del Bicentenario?

A través de ella quisimos dar cuenta de cómo se han configurado las memorias o representaciones sobre la independencia. En esa medida, miramos los procesos de conformación de los héroes, figuras en las cuales hemos depositado los ideales de nación, pero también nos preguntamos por qué las imágenes de las mujeres que participaron políticamente no han circulado masivamente. Era nuestra intención contrastar la exaltación de héroes y heroínas en contraposición a otros grupos sociales y líderes silenciados. En el debate sobre la exposición, Renán Silva fue muy duro con lo que él sentía que la exposición estaba promoviendo que era como “una historia de revancha”, una historia cargada de rabia. Y eso quiere decir que él no comulga con la posición de algunos historiadores que tienen esa mirada. La historia de revancha es como de reivindicación de sectores que han sido marginados por la historia oficial.

¿Qué pasó con la campaña publicitaria de la exposición del Bicentenario, que fue bastante polémica?

Lo que tratamos de hacer fue generar una campaña que atrajera visitantes al Museo. Puede que hayamos fracasado porque tuvo muchísimas respuestas negativas. El Museo trabaja con LOWE desde hace mucho tiempo. Ellos trabajan de manera voluntaria con nosotros hace muchísimos años y cuando les contamos sobre este proyecto, le asignan la cuenta al único argentino que hay en esa agencia publicitaria. Eso se vuelve el mismo tema de la campaña y la idea es que si bien este argentino dice cosas disparatadas sobre la historia de Colombia, usted como colombiano no tiene derecho a no conocer su historia. La idea era que en el transcurso de la exposición este argentino iba aprendiendo. Él era el Che y el Chebicentenario tenía un minisitio en la web donde la gente podía hacer preguntas y ahí tuvimos algunos inconvenientes, por poner a publicistas a contestar preguntas de historia. Eso fue terrible. Solo queríamos que a la gente no le pareciera un ladrillo ir a ver algo del Bicentenario en el Museo Nacional. Lo cuál ocurrió, porque a la exposición vinieron 134.000 personas y cuando hicimos las encuestas muy pocas personas se habían enterado de la exposición por la campaña publicitaria.

En este escándalo le echan la culpa a usted.

Sí hay una responsabilidad, pero yo trabajo con un equipo y mi postura siempre ha sido dentro del equipo interno, hay gente que también hace curaduría. El curador depende de lo que vayamos a trabajar. Por ejemplo, cuando hicimos Nación Rock, ninguno de nosotros era experto en la historia del rock colombiano. Buscamos una persona que pudiera trabajar con una persona del Museo en el desarrollo de esa curaduría. Y eso también hace que los proyectos del Museo sean más interesantes: poder tener distintas miradas y uno como curador poder ir aprendiendo de esas otras miradas y de gente que tiene la experticia en otros temas.

¿Se hace urgentísima la ampliación del Museo?

Sí. Creo que el Museo en el sentido literal, pero también en el sentido metafórico, tiene que seguir ampliándose. Permitir que haya diversas miradas para públicos que tienen expectativas distintas, pero también permitir que los distintos grupos que conforman la nación colombiana puedan estar representados.

¿No ha pensado invitar a Beatriz González como asesora de alguna exhibición?

No. El último proyecto que trabajé con Beatriz fue Marca Registrada, en el 2006. No tengo ningún problema con ella. Pero, como se lo he dicho en público, tenemos miradas distintas sobre lo que debe ser el Museo.

¿Cuáles son esas miradas?

Para mí la comunicación es fundamental. La forma de entender la curaduría de manera ortodoxa es un triángulo armado por la conservación, la investigación y la comunicación. En décadas pasadas, desde que surgen los museos, el énfasis estaba en la conservación. Ahora, podemos poner un poco más de énfasis en la comunicación. El mismo Alessandro Baricco que estuvo en el Festival de Literatura hablaba de eso: ¿cómo hace usted para que hoy en día un hijo de internet se interese por los contenidos que están en el museo? Pues hay que generar formas de comunicación que le sean interesantes.

¿Cómo hacer eso sin caer en la frivolización del uso de la imagen de la sociedad del espectáculo?

Baricco tiene un texto fantástico que se llama Los Bárbaros, que es una mirada, una serie de ensayos cortos sobre los cambios culturales que hemos vivido en los últimos años. En ellos hay una cosa muy bonita sobre Walter Benjamin: Baricco está un día en una librería mirando un índice sobre temas que le interesaban a Walter Benjamin. La historia de la radio, la filosofía…, Mickey Mouse. A Benjamin le interesaba Mickey Mouse. Baricco escribe una frase muy bonita al respecto: “Él fue uno de los primeros en pensar que el ADN de una civilización se construye no solo con las curvas más altas de su pensar; sino también, cuando no especialmente, con sus movimientos en apariencia más insignificantes. Y en un momento apropiado pensó que para comprender el mundo y no para ser un erudito inútil habría sido oportuno comprender… ¿a quien?: a Mickey Mouse”. Pienso que ese tema de la banalización sin duda puede representar un riesgo, pero si una institución seria como el Museo Nacional no asume el riesgo de tomar estos temas en apariencia banales y tratar de mirarlos y de comprenderlos, si no lo hacemos desde acá, entonces ¿dónde? Puede que nos equivoquemos, puede que no lo hagamos de la mejor manera posible. Pero es que son temas muy complejos de desarrollar y de tratar. Tampoco podemos excluir la cultura popular del debate. ¿Qué hay detrás del melodrama de La Pola? ¿Porqué no debatimos sobre eso?

¿Hay algo que haya aprendido con Beatriz González y que siga aplicando?

La investigación como actividad fundamental del Museo. El trabajo interdisciplinario y en equipo. La pasión por la historia, su conexión con el presente y la relevancia de lo político. El espíritu crítico y la irreverencia. Resaltar y enfatizar las conexiones entre el arte y la historia. No temerle al cambio. Ojalá nos siga debatiendo y criticando públicamente, resulta sin duda enriquecedor.

Thomas P. Campbell, Director and CEO of the Met, announced today that one of the most important examples of goldsmith’s...

Posted by The Metropolitan Museum of Art, New York onmiércoles, 2 de diciembre de 2015

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