Vista de los participantes de Articularte 2015.

Una educación radical para el arte

ArtBo también apuesta por espacios de formación que hagan de la experiencia del arte un asunto pedagógico.

2015/09/16

Por Revista Arcadia

A la fecha, solo en Bogotá, la cantidad de facultades de Arte asciende a la decena y, sin ir muy lejos, en las ciudades intermedias del país, se cuentan otras diez, obviando academias y escuelas sin grado universitario, programas de educación continua o la formación personalizada maestro-alumno o incluso empírica en artes. La oferta es avasalladora. Ante este auge, artistas, curadores, historiadores, críticos, instituciones y demás actores del medio artístico no han sido ajenos y, por el contario, se han asociado de manera constante a todas esas facultades y programas, como una forma más de continuar su labor. Tampoco es un secreto que la misma educación y los procesos de enseñanza y aprendizaje sean el eje central de muchas propuestas artísticas de carácter individual o colectivo. Es el caso, por ejemplo, del artista bogotano Nicolás París, quien en una entrevista a propósito de su última exposición en una galería de Madrid defiende la idea de que “el arte, más que ser un intercambio de servicios y de objetos, es un intercambio de reflexiones. Un sistema de pensamiento en sí. No necesariamente un conocimiento que va a cambiar algo sino un conocimiento que nos va a permitir encontrar nuevas formas de estar juntos o de hacer las cosas”.

Por su parte, Franklin Aguirre, quien montó su propia Academia Abierta para las Artes en el barrio San Felipe y es el tutor de artistas empíricos o en formación del sur de Bogotá, precisamente mediante el programa Artecámara, ha venido utilizando sus conocimientos en arte, museografía, procesos sociales, docencia y diseño gráfico para integrar a sus estudiantes al circuito artístico y a las dinámicas actuales. También está el Colectivo Manila Santana, conformado por María Camila Sanjinés y Manel Quintana, que viene desarrollando actividades creativas en torno a las artes y la educación, o Paulo Licona, que desde su posición como docente de varias universidades creó el Salón Tollota y, la Escuelita del Mal. Luis Camnitzer resume este interés de la siguiente manera: “No me interesa la palabra arte, sino lo que se pueda hacer con la metodología. Y me importa más lograr una reforma educativa radical que incorpore esa metodología artística dentro de los procesos educativos que hacer obras que se expongan en un museo”.


Detalle Articularte 2014. Foto: Archivo ARTBO.

En ese contexto y partiendo de unas primeras experiencias similares a las emprendidas por las áreas pedagógicas de los museos, ArtBo se inventó el programa Articularte, un espacio didáctico e interactivo para que niños, jóvenes y público en general se acerquen al mundo del arte. Una sección que, como muchas otras, se ha visto permeada por nuevas lógicas y propuestas, al punto de evolucionar año a año, crecer en calidad y ser más propositiva en su accionar. Por ello, desde 2011 empezó a invitar a artistas o colectivos, cuyo trabajo artístico esté ligado a la pedagogía, para que sean ellos, junto con algunos mediadores y voluntarios, los encargados de generar una mayor sensibilización del público hacia las prácticas artísticas contemporáneas, así como darles la oportunidad a los asistentes de participar de la feria creando su propio contenido e influyendo en procesos colectivos, ya no desde las prácticas pedagógicas convencionales sino haciendo uso de metodologías propias del arte.

El Colectivo Manila Santana, encargado de esta sección el año pasado, explica en un video cómo los visitantes se vuelven productores de contenido y le dan vida al arte a través de la interacción. Agrega que “las obras no son solo objetos que vienen y se cuelgan en una feria, sino que detrás de eso se está generando pensamiento”.

Este año, los elegidos para diseñar y llevar a cabo esa experiencia para el público son el colectivo Laagencia, fundado en junio de 2010 y actualmente conformado por Diego García, Santiago Pinyol, Mariana Murcia, Mónica Zamudio y Sebastián Cruz, quienes desde un inicio, más que ser un espacio independiente o un colectivo de trabajo, eran un grupo de estudio. Recién salidos de la universidad, les hacía falta la lectura, la reflexión sobre su práctica y el intercambio de información y conocimiento con sus pares. Así que decidieron, en cierta medida, no dejar de ser estudiantes: “Fue un espacio donde podíamos mantener y enriquecer el hábito de la lectura en torno a la Teoría del Arte y la Filosofía, y desde allí hacer preguntas que todos empezábamos a tener una vez nos encontramos fuera de la universidad, o en una situación que implicaba otra temporalidad; cada discusión que se daba por esas preguntas nos llevaba a una siguiente lectura, leímos en torno a la crítica institucional, la distribución de lo sensible, la posproducción, temas sobre el archivo, entre otras cosas”. A raíz de esa experiencia, el año pasado presentaron su propuesta al Ministerio de Cultura para realizar unos de los Salones Regionales de la zona centro, y se lo ganaron. Este consistía en instaurar, de nuevo, pero abierto al público, esas sesiones de estudio. Para ello plantearon todo un programa educativo, informal, similar al de una maestría en Artes, adonde van constantemente invitados y actores del medio artístico a compartir sus experiencias, plantear ejercicios y hacer talleres.


Colectivo Laagencia

Aunque todavía es muy temprano para sacar conclusiones, sí se dan cuenta de que ha sido un espacio ideal para generar pensamiento crítico, alimentar la sensibilidad pedagógica e insistir en la curiosidad y el encuentro como herramientas para articular un discurso propio. Ahora, para la edición número 11 de la feria tienen el reto de trasladar todo lo aprendido y ponerlo al servicio de una sección amigable, en la que el espectador podrá retar su manera de percibir y entender tanto las obras como el mundo. Aplicarán el modelo de invitación a pares a realizar actividades en cinco frentes o estaciones: Autopublicación, Arte sonoro, Arte con el mínimo, Arte y espacio y Ocio. La dificultad que enfrentan es que sus interlocutores ya no serán especialistas en arte sino un público diverso y, generalmente, ajeno a las prácticas contemporáneas. Allí toma relevancia una de sus posturas primigenias: “En este espacio puede pasar de todo pero no de cualquier manera”.

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